La transmisión descontrolada

Por Sonsoles Fernández Day

Primer día de octubre de 2020, han pasado siete meses desde que empezara a propagarse por España el SARS-CoV-2, ya saben, la pandemia del coronavirus, y volvemos a estar a expensas de las cifras, las restricciones, y los cierres. Si se ponen de acuerdo el Ministerio de Sanidad y las Comunidades Autónomas, se impondrán las medidas para, según dicen, frenar una segunda oleada. Y si no se ponen de acuerdo, probablemente también. El deseo del Ministerio de Sanidad es ‘cerrar’ los municipios más afectados por el coronavirus.

Sanidad advierte que en aquellos territorios que registran una tasa de incidencia por encima de los 250 casos por 100.000 habitantes, hay un alto riesgo de transmisión descontrolada. Una vez más me he quedado pasmada leyendo las noticias. He estado intentando recordar en qué momento de estos siete meses la transmisión del bicho estuvo controlada. No lo he conseguido.

Todo lo que vayan a hacer con nosotros a partir de ahora se mide en cifras. Según la Covid-19 vaya sumando a su favor el número de contagiados cada día, así serán las medidas del Ministerio. Si la cifra de casos supera los 500 por 100.000 habitantes, la situación se convierte en ‘extrema’ según su valoración. En estos municipios es donde Sanidad considera imprescindible ‘adoptar con urgencia medidas de choque’. Vuelvo a quedarme de piedra. Teniendo en cuenta que desde el mes de junio estamos en estado de ‘esperando a ver qué pasa’, que hablen ahora de urgencia, para decirlo claro, encabrona bastante. La ola ya la tenemos encima, si no han construido un refugio para cobijarnos, que vayan repartiendo toallas y ya nos secaremos. Casi que no se hagan ilusiones, seguramente tampoco repartirán toallas, cada uno que saque la suya.

Prefiero contar las cosas con más sentido del humor, les pido disculpas por este tono tan negativo, pero la mínima posibilidad de volver a estar encerrados, aunque sea dentro del perímetro del municipio, me quita el sueño. No estoy siendo alarmista. Miren la foto de portada y ahí tienen a Guadalajara en las Noticias del pasado martes. Una bonita cifra de 646 casos por cada 100.000 habitantes nos coloca entre los de la ‘situación extrema’. Venga, un chiste fácil, a ver si así por lo menos aprenden algunos a situarnos en el mapa.

Si a la transmisión descontrolada y a volver a estar encerrados le siguen los hospitales y las UCIs saturados y colapsados de nuevo, apaga y vámonos. Significaría que no hemos aprendido nada de la experiencia anterior, que la capacidad de previsión no existe en este Gobierno y, en definitiva, que aquí cada uno va a lo suyo. Ahora le están echando la culpa a los botellones de los jóvenes y a bodas, bautizos y comuniones que se están celebrando. Bien no están esas reuniones fiesteras, pero no serán las responsables de todo el descontrol.

El descontrol está perfectamente contabilizado a nivel local, regional, nacional y mundial. Tecleen Coronavirus y tienen los datos al completo. Yo se lo ahorro por aquí. En todos los informativos y en los programas de actualidad nos fríen a cifras y datos. Ya ni prestamos atención, porque cansa y porque a veces no es creíble, seguro que son muchos más. Pero lo cierto es que siguen aumentando.

Lo que no sale tanto en los informativos o en los programas de actualidad son las cifras del paro, que también siguen aumentando, o el número de empresas que han cerrado, y los hoteles, bares y restaurantes que no van a abrir este invierno. No hay muchos reportajes de los comedores sociales, de las colas del hambre, de las familias necesitadas. Hablan de los jóvenes haciendo botellones pero no de los que han visto frustrado su primer trabajo y no saben cuándo van a encontrar otro.  El teletrabajo ha cambiado el panorama de los barrios donde antes había oficinas. Ya no se consume el menú del día, no se compra en las tiendas de alrededor ni hace falta servicio de limpieza. Quien pueda reinventarse, que lo haga. Son otros tiempos.

Circula un vídeo que dice que a los hombres hay que explicarles las cosas, para que entiendan bien, con ejemplos de fútbol. Que no se me enfade el género masculino, lo encuentro tan exagerado como los chistes de rubias. Pero me ha hecho pensar qué ejemplos habría que ponerles a los políticos para que recuerden para qué están ahí. Para qué y para quienes.

Les deseo mucha salud y buen humor. Vayan sacando las toallas y, los más valientes, la tabla de surf.

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