Mercadeo de oportunidades

Por David Sierra

Si hay algo que nos está dejando esta maldita pandemia son las incongruencias. En todos los niveles, pero sin ninguna duda, en el más evidente es el que afecta a las medidas que las autoridades aprueban para someter a los ciudadanos a las restricciones que pueden frenar la propagación del virus. Vivimos unos tiempos convulsos en los que la sobreinformación a la que estamos expuestos condiciona y pone en tela de juicio constantemente cualquier anuncio o consideración. Sobre todo, aquellas que nos afectan de una u otra manera. Y con mayor razón las que nos hacen sentirnos perjudicados.

Desde que se iniciara el calvario del Covid-19, hemos pasado por innumerables cambios de criterios en los comportamientos que debíamos cumplir o, al menos, tener en cuenta, según se iba ampliando el conocimiento del virus y sus efectos en el ser humano. Confinamientos, mascarillas, lavados frecuentes con geles hidroalcohólicos, mantenimiento de distancia entre nosotros, restricciones sociales o estar en espacios lo más aireados posibles han sido algunas de las imposiciones, que hasta la fecha han demostrado ser efectivas. Otras, por el contrario, a consecuencia de colisionar con algunas de las mencionadas, han generado el desconcierto en buena parte de la población, que las cuestiona sin reparo y con atisbos de perplejidad.

Una de esas pautas es la que tiene que ver con la prohibición de llevar a cabo actividades al aire libre y más concretamente la de los mercadillos, que en ciudades como la de Guadalajara y en muchos municipios de la provincia forman parte de la actividad comercial cotidiana al mismo nivel otro tipo de comercios y negocios. Es entendible y complicado para las administraciones implementar protocolos de actuación que puedan adaptarse a todas las situaciones. Sin embargo, en esta ocasión no tiene ningún sentido censurar la actividad comercial de este colectivo cuando se está llevando a cabo bajo unas medidas de higiene y seguridad extremas y en todo momento bajo la vigilancia de las fuerzas de seguridad locales.

Mercadillo de Guadalajara. / Fuente: Cadena SER.

Tal y como han manifestado los tenderos que habitualmente concurren a estos mercadillos, el agravio comparativo que se hace de sus negocios con respecto de otros de la misma índole que tienen lugar en espacios propios donde les permiten ejercer su actividad con limitación de aforo, es evidente. Mientras cada vez son más los estudios e informes que corroboran que la incidencia del virus es mayor en lugares cerrados y con escasa ventilación, los comerciantes ambulantes denuncian la incomprensión que supone para ellos ver como su actividad se restringe totalmente a pesar de que el riesgo de contagio es menor que en los centros comerciales y supermercados habituales.

De hecho, desde que la pandemia hiciera aparición, el esfuerzo que han llevado a cabo los tenderos de los mercadillos para garantizar el desempeño de su negocio con plenitud de garantías ha sido en muchos casos incluso más riguroso. Aparte de la proliferación de geles hidroalcohólicos en los puestos, el uso de la mascarilla o la limitación de personas que pueden circular por la zona, entre otras, los propios comerciantes están dispuestos a adoptar otras complementarias como la ampliación de espacio entre puesto y puesto, la reducción de los mismos o el control de temperatura entre los trabajadores antes y durante la jornada laboral.

Ante esta situación, la Asociación de Vendedores Ambulantes de Castilla-La Mancha convocó el pasado jueves una manifestación por las calles de Toledo para protestar por la situación. En la misma, que reunió a medio millar de personas, su presidente Diego Jareño solicitaba ante el micrófono de la Cadena SER, que les dejasen trabajar con una regulación de medidas sanitarias como ya tienen otros sectores.

Como suele suceder en estos casos, los más débiles de la cadena suelen pagar el pato. La venta ambulante en la región, según datos de la propia asociación regional que los agrupa, da de comer a unas 2.000 familias que se ven desamparadas durante el periodo de esta restricción que ya se prolonga desde el pasado 16 de septiembre, y que la delegación provincial de Sanidad ha prorrogado otras dos semanas más. El mercadeo en las decisiones arbitrarias que se han impuesto para frenar la pandemia está cebándose no sólo con aquellos que han de buscar a su clientela recorriendo los pueblos y ciudades, sino con los clientes que buscan economizar al máximo sus ingresos cuando el acceso al comercio digital o la tienda física se muestran inalcanzables. Frenar la pandemia del virus no puede servir de excusa para instigar otra pandemia, la de la desigualdad de oportunidades.  

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