De un finde de cañas y negacionistas

Imágenes de la manifestación de negacionistas en Madrid // Foto: EP

Por Patricia Biosca

Sábado. Ocho de la tarde. Centro de Guadalajara. Dos amigas y yo decidimos retar al recién llegado (y frío) otoño en la terraza de un bar. Bajo el lema “no nos queda mucho tiempo de esto, así que vamos a aprovecharlo hasta el último día” -el de “no nos mires, únete” tiene más ritmo, pero ahora es políticamente incorrecto- nos sentamos envueltas en modo crisálida en el mismo establecimiento donde tan solo unos días antes nos habíamos echado un par de cañas en piratas y camiseta. Nos llama la atención la de gente que circula por la calle, sobre todo personas mayores engalanadas para tomar un refrigerio fuera de casa una tarde desapacible en la que además arrecia una “ligera” pandemia mundial. También los nombres que están de moda este 2020 para bebés, pero ese es otro tema que puede que trate en próximas entregas. Aunque nada de esto sería la parte más extraña de una tarde en Fase 2 cualquiera…

Un par de tercios, dos generosas tapas y diez o veinte estremecimientos de frío después -dependiendo de si llevas cazadora o abrigo-, se acerca una de esas señoras de las que hablaba antes. Pelo blanco recogido en una coleta, su figura alargada vestida esta vez de forma sencilla se nos aproxima enfilada desde la puerta. Entre sus manos, un folio escrito del puño y letra de alguien en el que se pueden adivinar algunas letras escritas en azul y negro. Se aproxima algo más y con mi miopía (y las lentillas intercambiadas de ojo por error) puedo ver en el centro del papel, recuadrado en una especie de bocadillo chillón con picos, un “IMPORTANTE” entre mayúsculas. Sueltas se aprecian un par de “VERDAD”, algún “ENFERMEDAD” y otra “MENTIRA”. También pone algo sobre un doctor que nos quiere abrir los ojos y que está dentro del local explicando a todo aquel que se acerque que nos están timando como a chinos (chiste fácil, perdón). 

“Es un momento. Si queréis saber qué está ocurriendo realmente con todo esto, dentro hay un médico de verdad que os dirá qué pasa”, nos dice mirándonos a los ojos con la mascarilla por debajo de la nariz. En su discurso parece que le cuesta decir “coronavirus”, “Covid” o alguna de sus variantes, pero todas sabemos de qué está hablando. Miro a mis amigas para ver su reacción y escudarme en su estratagema, que es la de la indiferencia total. Pero hay algo en la señora que hace que siga escuchando, que la mire de reojo, que tenga ganas de entablar una conversación con ella. No sé si es ese cartel naif que porta; quizá es lo que ha dicho sobre “el médico de verdad”, y la posibilidad de encontrarlo con un endoscopio rosa de juguete y una bata de algunas tallas menos de lo correspondiente; ¿puede ser que sea pariente de Miguel Bosé y al final se cante “Amante bandido”?

Mientras me pasan estos pensamientos por la cabeza, la cara de nuestra interlocutora se torna en desesperación al ver que no le hacemos ni caso. Así que recurre a una nueva treta: levantar la voz. “¡Mirad, yo también me pongo la mascarilla!”, nos reclama como si de repente hubiese perdido sesenta años de golpe y se transformara en una infante demandante de atención. Sigue empeñada en que entremos a ver al “médico de verdad” que en teoría está sentado en una de las mesas dando su discurso. Días después sigo dudando de la titulación del supuesto sanitario, ya que -de momento- en mi círculo social los negacionistas solo sirven para hacer chistes (y cuidadito con hacerlos delante de algún conocido que trabaje en el hospital). Pero navegando por internet me encuentro que fue necesario un comunicado del Colegio de Médicos de Guadalajara en el que este organismo se desvincula de la opinión de “algunos profesionales médicos que cuestionan la existencia del Covid-19 y se oponen a las medidas adoptadas por las autoridades sanitarias como el uso de mascarillas, la cuarentena y la distancia física”. Es decir, que de verdad hay sanitarios que después de todo lo acontecido aún niegan la mayor y achacan la problemática a una conspiración en torno al 5G, un virus escapista chino creado en un laboratorio o la intención de “Vil Gates” de ponernos a su merced para que vayamos los domingos a limpiarle el piso por propia voluntad. ¿Habría allí dentro alguno? Lo que pasó a continuación me hizo dudar mucho más que los datos de contagios de la Comunidad de Madrid. 

“Las manifestaciones de estos médicos negacionistas pueden suponer un grave peligro para la salud pública, pudiendo violar las normas deontológicas de la profesión médica y por tanto ser susceptibles de la apertura del correspondiente expediente disciplinario”, se lee en uno de los puntos del comunicado del CGCOM. Yo no sé cómo acabó aquella charla y no he visto noticias sobre ella en ningún sitio. Ni siquiera he encontrado algún tipo de convocatoria previa, por lo que he llegado incluso a plantearme que solo pasó en mi cabeza, ávida de alguna aventura social de fin de semana. Aquella señora, ya totalmente fuera de sí al ver que sus peticiones no eran demandadas, nos lanzó una frase que venía a ser mitad exoneración, mitad maldición gitana: “Sobre mis hombros no me echarán más muertos porque sé la verdad”. Ojalá su verdad se quede con ella y no le cueste la vida a nadie. 

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