Tomarse la vida a retos

Por Sonsoles Fernández Day

El pasado 26 de septiembre un grupo de ‘locos’ deportistas subieron la Peña Hueva ni más ni menos que 44 veces seguidas, tardando 20 horas, 52 minutos y 51 segundos. El objetivo de este reto era completar un Everesting Challenge, es decir, hacer los 8.848 metros de altura del Everest, pero repitiendo, hasta conseguirlo, los 185 metros que tiene este cerro tan familiar y tan reconocible en el paisaje de la ciudad de Guadalajara. No se trataba de una locura sin más, el fin de esta hazaña era dar visibilidad y ayudar a los niños con parálisis cerebral.  A mí me llamó la atención, despertó mi curiosidad, y espero que también la de ustedes a partir de estas líneas.

Esta aventura comenzó cuando Hugo Lafuente, entrenador personal y atleta de Guadalajara, conoció el caso de Alba Molina, una niña con parálisis cerebral. A partir de ese momento se propuso dar a conocer esta enfermedad y las barreras con las que se encuentran cada día. Los padres de Alba, como los de otros niños en la misma situación, se quejan de que, por ejemplo, no hay parques adaptados para ellos. Así que, desde la asociación Incompletos, se propusieron demostrar que todas las personas pueden disfrutar de la montaña tanto como ellos lo hacen, y consiguieron que Alba y tres niños más lograran su particular y valiosa ‘subida al Everest’.

Empezaron a las 00.00 horas del sábado y acabaron antes de las 22.00 horas, que era lo que tenían pensado. A cualquiera le entra frío de pensarlo, no digamos sueño. La distancia la llevaron a cabo por relevos Hugo Lafuente, Eduardo Cañete, Juan Dual, Miguel Ángel Fernández y Sergio Aparicio. Los cuatro niños con parálisis cerebral pudieron acompañarles en alguna subida y cuando Alba Molina llegó a la cima, les regaló una sonrisa muy especial, ‘inexplicable’, según Hugo, ‘fue algo brutal y que nos cargó las pilas para terminar incluso antes del tiempo previsto’.

En este mismo blog el mes pasado, Nacho Redondo, uno de los miembros de Incompletos, nos contaba cómo nació la asociación ‘para servir de llamada a todo el mundo que se plantee hacer cualquier cosa, sin pensar en ninguna limitación física’. Si se entretienen en leer el artículo o en la propia página suya Incompletos.com descubrirán que lo que ellos llaman ‘cualquier cosa’ es la bobería de juntarse para hacer un triple Ironman, o correr 103 kilómetros por el Sahara durante tres días, y después subir el Toubkal, 4.126 metros, por si se les había hecho corto el desierto. Por algo les llamé ‘locos’ al principio de la historia. Pero con mucho cariño, son admirables.

 A Nacho Redondo le falta un trozo de pulmón. Le acompañaba en el reto de África, Rafa Jaime, ultraman y ironman, pero completamente ciego. Y Juan Dual, que también participó en el reto de la Peña Hueva, no tiene estómago, colon, recto ni vesícula biliar, por prevención de cáncer. Por eso se llaman Incompletos, pero su lema es hacer posible lo imposible y su objetivo, visibilizar a personas con discapacidades a través de retos deportivos.

Son unos locos soñadores, pero, para mí, son un buen ejemplo. Bien es cierto que no es necesario subir volcanes, o hacerse un Ultraman, que, por si no lo sabían, consiste en nadar 10 kilómetros, recorrer 421 kilómetros en bici y de postre, correr dos maratones seguidos, es decir, 84 kilómetros. No es necesario, el reto puede ser mucho más sencillo y si teclean ‘reto deportivo’ en Google, se encontrarán con páginas que se lo organizan y le apoyan para conseguirlo. Debe estar de moda. Pero eso no le resta importancia ni valor, un reto deportivo con objetivos solidarios debería ser referente de la juventud, y no participar en ‘La isla de las tentaciones’.

Hugo Lafuente es corredor de ultra distancia, eso no es un atleta cualquiera. Está especialmente orgulloso de haber participado en el Ultraman de México, y seguramente es para estarlo. Desde 2016 sus retos se han convertido en la lucha por el bien de otros. Junto con Maigualida Ojeda, sí, también hay mujeres valientes y ultra corredoras, y Samuel Rodríguez, su cámara, se plantearon un proyecto al que llamaron Médulas de arena. Recorrieron 120 kilómetros a través del Sáhara y culminaron la expedición ascendiendo a la cumbre más alta del norte de África, el Jbel Toubkal. Correr por las dunas a 50º y después subir una montaña a -25º de un día para otro. Y este esfuerzo era para conseguir donantes de médula para ayudar a enfermos de cáncer.  Después de dar las gracias en su blog a los colaboradores, su firma es de lo más sencilla: ‘Dos atletas castellano-manchegos aunando fuerzas en la lucha contra el cáncer.’ Insisto en que me parecen admirables.

Más tarde surgió Incompletos, para seguir demostrando todo lo que son capaces de hacer para ellos y para los demás. Y continuarán haciéndolo porque dicen que tienen ‘otros dos o tres proyectos en mente’.

Ellos han elegido esa forma de vivir, sin límites, sin excusas, pensando en el siguiente desafío, al que seguro vencen porque están física y mentalmente preparados.

Personalmente, lo encuentro una forma de vida apasionante, creo que se me nota. Tranquila familia, ya soy mayor para ponerme a cruzar el desierto. Gracias Hugo y compañía por regalarnos estos momentos de aire puro. En este año de asfixia plural, que lo está siendo para todos, los contagiados y los que damos negativo, es muy necesario y beneficioso. Espero que a los lectores les haya llegado la bocanada de oxígeno limpio.

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