Con resiliencia

Por Sonsoles Fernández Day

El pasado 12 de octubre, un año más, se celebraba el Día de la Fiesta Nacional en Madrid. Como este 2020 no se parece mucho al resto, además de la tensión entre los asistentes, el acto quedó reducido a un pequeño desfile militar en la Plaza de la Armería del Palacio Real. Allí se rindió especial tributo a todos los que han luchado contra la pandemia. Han luchado, y siguen haciéndolo. El momento más emotivo volvía a ser cuando la Patrulla Águila hizo su tradicional pasada durante el homenaje a los caídos. Pero este año, tan raro y diferente, uno de los aviones, en un extremo, dejaba una estela blanca en lugar de roja, y nuestra bandera se vio también distinta.

Como ya es habitual en esta era de los memes y las redes sociales, el cachondeíto en Twitter y Whatsapp fue inmediato. Circulaban todo tipo de bromas, unas simpáticas e ingeniosas, y otras más dañinas y faltas de respeto, aprovechando el fallo para hacer campaña política destructiva.

Por mi parte lo tengo muy claro, lo he dicho otras veces y no me importa repetirlo, estoy orgullosa de ser española y me encanta ver a la Patrulla Águila, y si hay un error y sale blanco el humo, se perdona y hasta el año que viene. Y más orgullosa todavía me sentí cuando vi que ellos mismos compartían, horas más tarde y a pesar del chaparrón de bromas, un tweet que, con la foto de los pilotos sujetando la bandera de España, decía: ‘Orgullosos, ilusionados y felices de volver a los cielos de Madrid el día de nuestra Fiesta Nacional. Juntos lo hemos logrado ¡Viva España!’ A eso le llamo yo contestar con elegancia y poderío y creo que también, con resiliencia.

He escrito ‘creo’ porque resiliencia no es una palabra habitual en mi vocabulario, afortunadamente. Aunque en tiempos de la Covid-19 esté muy de moda, utilizarla en la calle resulta un poco pedante. Dicen los psicólogos que resiliencia es la capacidad para salir fortalecido en condiciones adversas o traumáticas, supone una respuesta eficaz contra una crisis. Etimológicamente viene del latín resilio, que significa ‘volver atrás, volver de un salto’. Una persona resiliente es capaz de, ante una amenaza, transformar la adversidad en impulso para dar un salto y recolocarse. Pero sin la amenaza no saltaría con tanta fuerza, así que es necesario lidiar con el dolor emocional para transformarlo en algo nuevo. Por eso está tan de moda en estos tiempos de pandemia. Con resiliencia seremos capaces de aguantar la mascarilla, la distancia, los confinamientos, el miedo al contagio y todo lo que todavía nos pueda traer este año tan complicado. Al menos eso es lo que dicen los psicólogos.

Con resiliencia también se actúa como grupo, como sociedad. ‘Una sociedad es resiliente cuando se mantiene unida, cooperando todos para el bien común, cuando se respeta mutuamente y se cohesiona y solidariza. Además, también cuando hay confianza en el liderazgo político.’ Esto también lo dicen los psicólogos, pero en este momento es pura fantasía, ficción absoluta. Si inmediatamente después de leer la descripción de una sociedad resiliente nos ponen imágenes del Congreso de los Diputados, de ayer mismo, nos echamos a llorar. La energía para el salto la sacaríamos sin duda, pero para salir corriendo en cualquier dirección. El problema es que según donde vayas o de donde salgas puedes encontrarte un control y te vuelves a casa a trabajar tu resiliencia con 300 euros menos. ¿Se dan cuenta de la ironía? Mientras los líderes se pelean, el ciudadano paga. En todos los sentidos.

Los datos del Ministerio de Sanidad ayer miércoles 14 de octubre, eran de 11.970 nuevos positivos y 209 fallecidos por Covid en España. Cataluña cierra bares y restaurantes durante los próximos 15 días, pero deja abiertos centros comerciales y gimnasios. Asturias, que durante muchas semanas fue ejemplo de control de coronavirus, empieza a poner medidas y Adrián Barbón, presidente del Principado, sugiere a los ciudadanos el autoconfinamiento. Navarra presenta las peores cifras, 774 casos por 100.000 habitantes seguida de Melilla, con 515 casos, pero Madrid, que ha bajado a 463 casos se encuentra en estado de alarma. Cada día el aluvión de datos y cifras y sus consecuencias.

La provincia de Guadalajara registraba ayer 74 nuevos casos y tres fallecidos. Se mantendrán algunas medidas, pero se abren los parques y las piscinas municipales. Mientras tanto, en Azuqueca, Mondéjar, Sigüenza y Alovera se prorrogan las medidas especiales.

Podría seguir escribiendo datos hasta el aburrimiento, aunque probablemente ya les haya aburrido hace seis líneas. Mi intención era volver a la idea de la sociedad resiliente, aquella que se mantiene unida, por el bien común. Saquen sus conclusiones.

El sábado pasado, un habitante de Pelegrina, un pequeño pueblo que se encuentra en el Parque Natural del Barranco del río Dulce, hermoso siempre pero más aún en otoño, enviaba a los medios una foto de la entrada del pueblo colapsada por coches aparcados, ocupando la carretera porque no hay parking ni arcén. ‘Nos gusta que vengan’ decían los vecinos, ‘pero les pedimos responsabilidad’. Me han contado que este lunes, como era festivo, la subida a la Peña Hueva ‘parecía una romería’. Yo subí el martes, que no había nadie, y me encontré en la cima, en el photo spot favorito de todos, una mascarilla higiénica tirada en el suelo. NI responsabilidad ni civismo, así nos va.

A nadie han de extrañarle las cifras y los datos. Mientras unos se pelean, los otros se desmadran, y el bicho a lo suyo.

Y ahora que más o menos hemos entendido la resiliencia como una capacidad humana, viene el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y presenta por videoconferencia desde la Moncloa el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía española’. Si quieren entender la resiliencia económica de Sánchez, en su página está el resumen, y, si les emociona, el vídeo completo. Too much for me.

Ya no les aburro más por hoy. Ya saben, por el bien de todos, mascarilla, higiene y distancia. A ver si damos el salto. Con resiliencia.

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