Echaniz, el madrileño

Echániz

Por Álvaro Nuño.

Parecen unánimes las críticas a la actuación de todos los intervinientes en la sesión del Congreso de los Diputados del pasado miércoles. Fue una apología de insultos y exabruptos sin otro fin que tirarse los escaños a la cabeza los unos a los otros. La verdad es que podríamos habérnosla ahorrado porque lo único que consiguió es materializar una vez más la peor de las políticas, la más rastrera y ruidosa, la que no lleva a ningún sitio bueno. Otro espectáculo bochornoso en la sede de la soberanía popular por parte de unos representantes que parecen olvidarse de sus representados, algo más grave que nunca en estos dificilísimos tiempos que corren.

Y, en medio de ese circo, pudimos ver a uno de los tres diputados por Guadalajara, concretamente al del Partido Popular, José Ignacio Echániz, que tuvo sus tres minutos de gloria con las cámaras en directo interpelando al Ministro de Sanidad en persona desde os bancos de la derecha pegado ya a la extrema derecha (al menos, físicamente hablando).

Nuestro diputado preguntó a Salvador Illa que le escuchaba en la bancada azul unos metros más abajo y de espaldas a Echániz- si recibió las alertas del Departamento de Seguridad Nacional durante los meses de enero, febrero y marzo alertando del riesgo de pandemia. La pregunta, como ocurre en muchas ocasiones, fue puramente retórica porque por escrito, que es como se presentan, nunca se puede tirar a matar, pero con el micrófono y las cámaras delante ya es otra cosa, y a eso fue el diputado popular. Illa contestó que el Gobierno había actuado siempre en base a las recomendaciones de los organismos internacionales y a los criterios de la ciencia, sin salirse tampoco de su propio guion y del argumentario previsto, pero esta respuesta no le fue suficiente al diputado alcarreño que contratacó en pie con la mascarilla con un cortante “Odian Madrid y odian España”. Echániz tenía claro que fuera cual fuera la pregunta y la respuesta, la artillería pesada ese día debía dispararse contra la decisión gubernamental de decretar el estado de alarma en la comunidad vecina. “Han intervenido Madrid y le han aplicado un 155 sanitario”, añadió, acusando a Illa de querer “volver a Cataluña como el ariete de la madrileñofobia destruyendo el motor económico de nuestro país”, como una “marioneta del Presidente de Gobierno en Cataluña”.

Para Echániz -médico de formación y político profesional en las últimas tres décadas-, Sánchez tenía ya un plan preparado desde el mes de agosto para la intervención de Madrid, “una región que lleva más de tres semanas dando unas cifras excelentes en términos de contagios y que ha hecho su trabajo a pesar del Gobierno de España”. “Quisieron atentar contra los derechos y las libertades fundamentales de los madrileños y Madrid recurrió y Madrid ganó. Y por eso, la soberbia de este Gobierno y su ego herido hizo que impusieran su estado de alarma a traición”. “¿A usted señor ministro le importan los madrileños?” le espetó el “alcarreño”. “¿Le importaban los madrileños cuando les alertaban desde Seguridad Nacional de la situación de la pandemia y ustedes no hicieron caso y no salvaban vidas? ¿Les importaban los madrileños cuando ocultaban las cifras reales de fallecidos y de contagiados? ¿Les importaban más los madrileños que los navarros cuando tenían las mayores cifras de todo el país o los ciudadanos de Navarra no se van de puente? -ahí está uno de los más sagrados derechos conculcados, irse de puente a la Sierra o venir a Guadalajara-, cuando a los socialistas de paso de tener un gobierno pactado con Bildu en esa comunidad -otro de los condimentos clásicos que el PP mete en todas las salsas, el de los “filoetarras”-. ¿Les importaban los madrileños cuando utilizaban cifras y datos anticuados cambiando los criterios de mil a 500, después a 200 y ahora a cien? ¿Está usted prevaricando, señor ministro? y Echániz se contesta a sí mismo “¡Qué vergüenza señor Illa! Le advierto que este virus no podrá con Madrid y ustedes muchísimo menos”. “¡Le exigimos su dimisión inmediata!”, finaliza el diputado por Guadalajara entre los aplausos de los propios, como es habitual.

La verdad es que la verborrea de Echániz consiguió molestar al ministro tranquilo, ese que aparentemente no se ha alterado en toda la pandemia a pesar de la desesperante situación en todo el país y de la innegable responsabilidad que pesa sobre sus hombros. Ni muertos, ni ingresados, ni contagiados. Ha tenido que llegar José Ignacio Echániz para desesperar al ministro de Sanidad, quien le recordó de paso que él mismo había tenido responsabilidades sanitarias en dos comunidades autónomas, la madrileña primero y la castellanomanchega después, dejando un bonito recuerdo entre los profesionales de la sanidad de ambas. “Me permito sugerirle un poquito de más humildad. Y si usted siente estima por España, no provoque divisiones entre los que también somos españoles siendo catalanes ni azuce  fantasmas. Céntrese en combatir al virus y ponga su vehemencia y su ímpetu en combatir al virus y no en sembrar cizaña”, finalizó un visiblemente enfadado ministro de nuevo entre el aplauso de los suyos, en este caso la bancada socialista y una media sonrisa de un ya relajado Echániz sentado en su sillón, como diciendo: ya he cumplido con mi trabajo de hoy, que era poner nervioso a éste.

Echániz demostró ser un animal político, un auténtico “dóberman”, dando leña hasta en el carné de identidad a los de la bancada de enfrente como ya hiciera en esos mismos bancos su amigo y hoy senador por Almería y alcarreño de nacimiento Rafael Hernando. Al contrario que este, el azote del Gobierno volvió a Guadalajara tras nada menos que 23 años de ausencia de la mano de Pablo Casado, a quien tuvo el acierto de apoyar en las Primarias del PP, y éste le recompensó con un escaño fácil y cómodo, que le pilla cerca de su casa de Madrid. Y después de venir en la campaña de las Generales de 2019 y de algún fugaz encuentro con la prensa, no ha vuelto por aquí. Y como dice el refrán, “la vaca no es de donde nace sino de donde pace”.

La verdad es que desde este lado del Corredor del Henares, nos gustaría ver al señor diputado defendiendo con tanta vehemencia e ímpetu -cualidades que señaló de su intervención el propio ministro- a los guadalajareños como defendió el miércoles a sus convecinos de Madrid, de los que tuvo el detalle de hablar en tercera persona, como si él no lo fuera. Podría preguntar al Ministro de Fomento, por ejemplo por el proyecto de la N-320 a la altura de la capital, o por el estado de las obras del Parador de Molina. Podría pedirle también que vuelvan las frecuencias y las paradas de los trenes regionales a su paso por la provincia o que mejore el maltrecho servicio de Cercanías. Hay tantas cosas que el Estado  tiene pendientes con Guadalajara y que servirían como munición a un diputado con la experiencia de Echániz en la oposición. Pero a este parece que solo le preocupa Madrid y los madrileños. Incluso podría haber criticado los también malos datos en Castilla-La Mancha, pero aquí su presidente no es de su partido y por tanto no se comparte bandera. Echániz vive y representa a la España llena frente a la vaciada, a pesar de que esta fue la que le eligió.

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