Invasión de Bambis (IV)

La caza es un esparcimiento fundamentalmente dinámico. El morral hay que sudarlo. La cacería se monta sobre madrugones inclementes, ásperas caminatas, comidas frías en una naturaleza inhóspita, lluvias y escarchas despiadadas… Pero hay algo que compensa al cazador de tantas contrariedades. […] Una pieza en perspectiva basta para que toda molestia se disipe y se produzca en el cazador una profunda remoción psíquica. […] la caza, más que una afición, es una pasión. […]. Miguel Delibes, Diario de un cazador.

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Foto: Carlos Ruiz.

Por Gloria Magro. 

El corzo es la única especie silvestre que pasta apacible en los campos de Guadalajara y es visible a simple vista sin que se inmute si nos tiene a una distancia prudencial. Dada su abundancia, en muchas localidades es posible observarlos a diario, siempre en parejas. Dicen los cazadores que tal vez se tenga la percepción de que hay más de los que sería deseable porque realmente vemos siempre los mismos ejemplares en los mismos parajes, acostumbrados a la presencia humana, y que en época de caza se muestran más cautelosos. El pasado jueves día 8 de octubre comenzó la temporada hábil general de caza en Castilla-La Mancha así que en los próximos meses será más difícil tenerlos cerca aunque no sean ellos ahora el objetivo de las escopeta.

Para uno ojo no entrenado, el campo es poco más que cultivos o rastrojos, dependiendo de la época del año. Para los que no conocen el medio todos los paisajes se parecen si es que no son el mismo. Con la caza ocurre algo similar: solo los ojos entrenados ven las posibles piezas a cobrar. Y si no las ven ellos, para eso está el perro, fiel compañero del cazador. El concepto de cazador clásico lo definía bien Miguel Delibes: un hombre y un perro, una escopeta y el campo por horizonte. Adolfo Lozano hace años que dejó de cazar, cuando empezó a ser consciente de que la edad hacía flaquear las condiciones físicas y seguir a las perdices y a los conejos o faisanes por los campos de la provincia se le hacía cada vez más duro, cuando no penoso. “Yo era cazador de perdiz en mano –cuenta-, de los de ir campo a través para cobrar una pieza, en jornadas de más de veinte kilómetros… “.

Cada vez quedan menos cazadores de raza, la edad no perdona y las escopetas acaban por dejarse en casa, inutilizadas. Los cotos pequeños se vacían y poco a poco el concepto tradicional de esta actividad retrocede, sustituido por nuevos usos y ligado a la rentabilidad económica y a la gestión profesionalizada de los ecosistemas y de los cazadores, vistos como clientes. 

Carlos Ruiz además de pertenecer al pequeño coto de su pueblo, Horna, una pequeña pedanía de Sigüenza, los fines de semana acompaña a su amigo Toño que tiene una rehala de treinta y cuatro perros. Veinteañeros ambos, los fines de semana van de cacería en cacería, siguiendo el calendario cinegético de la veda, media veda, caza menor, caza mayor, monterías… Los perros levantan las piezas y resultan fundamentales en una jornada de caza así que ambos se desplazan allá donde se les requiere. La suya es una actividad rentable que les permite costearse una afición que no resulta a día de hoy barata si se practica a cierto nivel. La cuota anual del coto, los puestos en las monterías, el equipamiento necesario, mantenimiento de perros, etc. suman una cantidad anual que hace que este deporte tenga un coste no apto para todos los bolsillos. A esto se le sumaría en el caso de la caza del corzo el precio de los precintos, que pueden llegar a valer miles de euros en función de la pieza y de la ley de la oferta y la demanda. “Un corzo representativo, un medalla de plata, por poner un ejemplo, alcanza fácilmente los mil euros, a los que habría que añadir el trabajo posterior del taxidermista y el asociado al aprovechamiento de su carne”, explica este joven aficionado.

Actualmente existen en toda Castilla-La Mancha 5.871 terrenos cinegéticos y aunque las provincias con mayor reconocimiento en el sector son Toledo y Ciudad Real, no se debe de infravalorar la importancia de la caza en Guadalajara. Cerca del noventa por ciento de la superficie de la provincia es terreno acotado y en la actualidad hay 4.539 cazadores registrados. Como actividad económica, su práctica se beneficia de la proximidad a Madrid, así como de los paisajes incomparables de la Sierra Norte y el Alto Tajo y de una vasta diversidad topográfica percibida por los cazadores como un atractivo más, así como un desafío añadido.

Si bien es cierto que el número de cotos ha ido en retroceso en las últimas décadas, también lo es que los que hay a día de hoy cada vez son más extensos y su gestión está más profesionalizada. Entendida como actividad económica, la caza mueve mucho dinero y supone una fuente de ingresos fundamental para muchas pequeñas localidades, de ahí que la pérdida de un coto suponga un problema y un empobrecimiento, además de tener consecuencias para la vida silvestre como son la sobreabundancia de las especies y su degeneración, aunque en esto haya puntos de vista encontrados. La modernización del sector -resultado de la profesionalización de su gestión- es un hecho fundamental y decisivo que redunda en el mantenimiento de la diversidad de los ecosistemas en un momento en el que los pueblos se vacían como efecto directo de la despoblación y el envejecimiento.

En Sigüenza la incidencia de la pandemia por el Covid ha pospuestos los actos del veinte aniversario de la Asociación del Corzo Español, una entidad sin ánimo de lucro que busca desde sus inicios contribuir al mayor conocimiento de esta especie, mejorar su gestión, su caza y su conservación. La asociación reúne a expertos de diversos ámbitos y es la única de estas características que existe en todo el territorio nacional. De hecho, habría que ir hasta Inglaterra para encontrar algo similar. “No somos una asociación solo de cazadores”, aclara uno de sus vicepresidente, el ingeniero de Montes Gonzalo Varas, quien explica que el origen de esta agrupación multidisciplinar está en la inquietud por la expansión de esta especie en toda la zona centro “que tarde o temprano va a colonizar toda la península”, con la problemática propia que ello conlleva y que ya estamos sufriendo en Guadalajara, como lo es la sobreabundancia de ejemplares y los problemas asociados a ella en términos de enfermedades y daños a cosechas, cuando no incidentes en carreteras.

Al igual que otros muchos cazadores y propietarios de terrenos cinegéticos, en esta asociación también inciden en que es fundamental mantener el equilibrio en la especie abatiendo hembras en un número adecuado. De hecho, en los últimos años La Asociación del Corzo Español ha organizado jornadas de caza y concienciación dirigidas a cotos de la zona de la Ciudad del Doncel, el último el pasado mes de febrero. Como conservacionista, Gonzalo Varas, explica la importancia del corzo en el mantenimiento de los ecosistemas y de las especies protegidas, como es el caso del lobo, el depredador natural del corzo. “Si vemos la serie histórica, la presencia de corzos y lobos se solapa; los lobos vienen detrás”.

El éxito económico de los cotos y su atractivo para los aficionados a este deporte depende del frágil equilibrio entre hembras y machos, que en Guadalajara en los últimos años se percibe difícil de mantener, cuando no se da por perdido a corto plazo. Los cazadores lo achacan a la falta de control que ejerce la administración y a cierta dejadez en las funciones de vigilancia en el cumplimiento de la normativa. Los técnicos a su vez aducen que los datos que determinan los planes de ordenación cinegética quinquenales para cada coto dependen de la información que elabora cada propietario, además de la que proporcionan el Cuerpo de Agentes Medioambientales y otros organismos públicos y que no siempre se corresponde con la realidad, de ahí las discrepancias que se producen en ocasiones. Se admite y se constata que la tendencia de las últimas décadas es de un aumento en la población de corzos en Guadalajara y también que se adecúan desde el organismo responsable las órdenes de veda a las circunstancias y el contexto. El ejemplo sería el del año en curso, cuando se perdió por el Estado de Alarma el mes de abril como periodo hábil para la caza de corzos macho y como consecuencia inmediata se estableció un periodo extraordinario de caza de dos semanas en agosto.

Lo cierto es que los recursos de la administración no son infinitos. En cada uno de los territorios de la región existe un número similar de unidades técnicas dedicadas a temas cinegéticos, aún cuando la importancia y la carga de trabajo tanto administrativo como a pie de campo varía bastante en función de la provincia. De ahí que sea fundamental la recopilación de datos y el trabajo previo que los propietarios cinegéticos -ya sean particulares, empresas o ayuntamientos- realizan sobre el terreno. No obstante, las fuentes consultadas aducen que en la práctica su implicación en esta tarea es desigual aún a sabiendas de que tanto la coordinación como la veracidad de los datos aportados son cruciales para el control de las poblaciones. Y también que el objetivo es común: mantener la tasa de reposición y la calidad de los ejemplares, generar riqueza y aportar ingresos.

Los corzos son a día de hoy tanto un problema como un recurso económico, cinegético e incluso turístico: una oportunidad de desarrollo y de aprovechamiento para los pueblos. El trabajo y la implicación de las asociaciones de cazadores, de los cotos y de la administración, coordinados, marca a día de hoy el camino a seguir, aunque no sea siempre una senda lineal y haya mucho por mejorar. Las distintas propuestas desde los distintos sectores implicados, la próxima semana en El Hexágono de Guadalajara.

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