Sobre la participación directa

Cartel publicitario de la plataforma #MarchamaloDecide. // Foto: Ayto. de Marchamalo.

Por Juan Palomeque Torres.

Desde el pasado 5 de noviembre y hasta el día 15 de este mes los vecinos de Marchamalo están llamados a tomar parte activa en la elaboración de los próximos presupuestos participativos marchamaleros del año 2021. Esta herramienta de participación directa que desde hace dos años viene realizando el Ayuntamiento de Marchamalo es una iniciativa que debería llevar a la reflexión conjunta de ciudadanos e instituciones de la provincia de Guadalajara. Los presupuestos participativos son un instrumento de empoderamiento local ciudadano que cuentan con una historia corta a pesar de haber conocido un desarrollo exponencial en las dos primeras décadas de nuestro siglo. Tanto el progreso tecnológico que ha venido a derivar en una nueva era de gestión y administración del poder público a través del espacio virtual como las exigencias de una autodeterminación real por parte de una sociedad cada vez más madura son las líneas de fuerza que posibilitan que iniciativas como la de Marchamalo tengan cada vez más peso en los gobiernos municipales de nuestro país.

Con unos orígenes que lo relacionan con el Foro Social Mundial (FSM), los presupuestos participativos nacieron a finales de los años 80 en la cuna del movimiento antiglobalización que es la ciudad brasileña de Porto Alegre. Es importante aclarar previamente que para entender acertadamente el ADN de este tipo de proyectos hay que acotar bien el sentido de época que imperó entre finales de los años 80 y la primera década de nuestro siglo actual. A pesar de que los presupuestos participativos surgen en Porto Alegre en 1989 (en plena desintegración del viejo orden de la Guerra Fría) y la primera edición del FSM no tuvo lugar hasta el año 2001, los presupuestos participativos tuvieron la lucidez de anticipar en un momento de cambio de época histórica las futuras preocupaciones que afectarán en 2001 a movimientos sociales e intelectuales del Foro inmersos ya entonces definitivamente en el nuevo orden global en que vivimos actualmente. En resumidas cuentas, lejos de tediosas argumentaciones que vengan a validar la correlación histórica existente entre las prácticas y acontecimientos señalados, lo que quiero plantear en realidad es que los presupuestos participativos deben de ser entendidos como un instrumento más de la caja de herramientas altermundista con la que los ciudadanos del siglo XXI podemos desarrollar mecanismos efectivos de contrapoder frente al orden social dominante de nuestro tiempo. Es a partir de ese punto de vista desde el que se podrá formular la idea de que los presupuestos participativos y el altermundismo por extensión son prácticas contemporáneas de resistencia a las reglas del juego que la ideología neoliberal establece.

Respecto a la percha de actualidad que hace pertinente este debate que planteo, hay que decir que la iniciativa que presenta el Ayuntamiento de Marchamalo no parece presentar objeción por ninguna parte. Se dispone de un sitio web donde los vecinos presentan sus demandas, se explican procedimientos y fechas y el resto de la solidez del proyecto se sustenta en la debida publicidad de la iniciativa y en los resultados reales que ya han aportado los presupuestos participativos de Marchamalo de los últimos dos años.

Por último, cabe volver a insistir desde una perspectiva más amplia que involucra al conjunto de la ciudadanía alcarreña en lo necesario que es apoyar este tipo de iniciativas que ayudan a crear una sociedad civil más fuerte y un espacio público virtuoso. La madurez política de nuestra ciudadanía está en juego en escenarios como este, y para ello es necesario reclamar a nuestros gobernantes que pongan en práctica instrumentos como este que pretenden conseguir una participación directa efectiva y real de la ciudadanía. Los presupuestos participativos proponen a nivel municipal espacios de gestión directa de los propios recursos que la ciudadanía genera, y, visto así, tiene todo el sentido del mundo demandar herramientas como esta que reivindican que los ciudadanos tengamos acceso a un mayor control de los recursos que como sociedad generamos. En este sentido, iniciativas como la que motiva la reflexión que preside este artículo avanzan hacia la canalización directa de las inquietudes ciudadanas que nos conciernen en tanto asuntos públicos. Los presupuestos participativos son un instrumento de participación directa que permite desarrollar una gestión madura de la convivencia comunitaria a nivel local, y es desde este punto de vista desde el que se hace necesario avanzar en la consolidación de procedimientos de participación directa que no confíen toda la gestión de la res publica a fórmulas de gobierno exclusivamente representativas que delegan en los gobernantes la toma de las decisiones que nos afectan al conjunto.

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