Sabinas, celtíberos y garduñas: el origen de una micorriza

Por Rodrigo G.ª Vegas (*).

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Cebadas en Villar de Cobeta. www.micoriza.org

Este territorio, tierra de celtíberos, sabinas y folclore, con una identidad difusa que se escapa por el corredor del Henares y su cercanía a Madrid, pero a su vez rica en paisajes, biodiversidad y pueblos, es el terruño que nos vio nace como entidad: Asociación Micorriza.

La crisis que abonó una semilla. A principios de los años 2010, un primigenio grupo de jóvenes íbamos terminando nuestras carreras universitarias, que «tanto trabajo y futuro nos iban a deparar», mientras sorteábamos la acuciante crisis económica fregando platos en el extranjero, emprendiendo proyectos personales o explorando otros rincones del mundo para descubrir experiencias, otros puntos de vista, culturas y paisajes. Estas chicas y chicos teníamos dos cosas en común: la pasión por la naturaleza y la historia y un profundo vínculo con nuestras raíces ubicadas en pueblos de la Guadalajara del Este. Nos unía, a fin de cuentas, un paisaje.

El nombre de Micorriza, término desconocido para algunos, surgió como un símil que hace alusión a la relación que se da entre ciertos hongos y plantas – una relación simbiótica en la que ambos se benefician – y la relación entre el ser humano y la naturaleza, de igual sentido y necesidad. Al amparo de esta filosofía y durante noches de asambleas nocturnas en Skype se tejieron los cimientos de una Micorriza con unos objetivos iniciales amplios: conservar el patrimonio natural, cultural e histórico de nuestros pueblos.

Este “grupo semilla” brotó recuperando variedades hortícolas locales y desarrolló sus primeras hojas con la I Guía de Árboles y Arboledas Singulares de la Comarca de Molina de Aragón y Alto Tajo, que culminó con la celebración de un congreso sobre este patrimonio natural en Molina de Aragón en marzo de 2014. Quiero destacar el apoyo recibido en estos primeros pasos por la Asociación Amigos del Museo de Molina editando la publicación en papel, y a los ponentes y compañeros que hicieron posible aquel inolvidable fin de semana. El grupo fue creciendo y enriqueciéndose de una heterogeneidad pintoresca: biólogos y ambientólogos mezclados con diseñadoras, “ADEs”, historiadores, ingenieros de montes, arqueólogos, fotógrafos y artistas audiovisuales. Gente que va y viene, Micorriza es un grupo abierto a todas las personas, un grupo del que ahora también forman parte agricultores, apicultores y hasta nuestras familias y amigos, que siempre nos han apoyado y han arrimado el hombro cuando ha sido necesario. Sin esta fraternal compañía, no estaríamos aquí.

Biodiversidad como arma de futuro. Algo en lo que ponemos empeño y dedicación es en preservar y recuperar el máximo de biodiversidad natural de los territorios, pues un espacio rico y diverso nos hace más fuertes para afrontar el futuro. Porque conservar la biodiversidad es un cinturón de seguridad para nosotros como especie, y un deber como sociedad evitar que desaparezca, pues ¿es justo que en 50 años hagamos desaparecer una sola especie que lleva miles o millones de años existiendo?, ¿podemos permitir que el beneficio de unos pocos sea la ruina de todas? Nosotras lo tenemos claro, no.

Aunque a día de hoy pueda parecer difícil, como seres humanos no somos tan malos. A parte de cambiar el clima, desecar humedales y exterminar especies por un consumo desmedido generador de desigualdades o por la diversión de repartir plomo, como parte del ecosistema hemos generado durante miles de años estrechas relaciones beneficiosas con otras especies: las zonas agrícolas (antes de la intensificación agrícola) son el hábitat de avutardas, aguiluchos, calandrias, ortegas y sisones, y todo esto lo tenemos muy cerca, por ejemplo, en Cabanillas del Campo o en La Yunta.

La ganadería tradicional, tan de aquí -no hay que olvidar que la Mesta se fraguó en Gualda hace más de 700 años – ha dibujado las dehesas donde sobreviven espectaculares encinas y robles, teniendo uno de los más bellos ejemplos en Olmeda de Cobeta. De los pastos aprovechamos las setas de cardo o los champiñones y a su vez, los más duros y ásperos son el lugar donde habita la invisible y escasa alondra ricotí. Esta misma actividad humana nos ha legado los comunales, cañadas y veredas, espacios de dominio público inalienables, imprescriptibles e inembargables.

Y no hay lugar que no haya sido tocado por nuestra actividad, siendo nuestro paisaje actual el resultado de las generaciones pasadas, entonces ¿qué paisaje queremos dejar a las siguientes? Si jugamos bien nuestro papel de especie arquitecta en la naturaleza, como los castores o las hormigas, podremos ser beneficiosos y beneficiados a la vez por nuestras acciones.

Sin embargo, el proceso crónico de despoblación en la provincia hace a las zonas con más deshabitadas muy vulnerables a la aparición, como los escarabajos coprófagos en las boñigas, de grandes proyectos de generación energética o de industria cárnica recibidos como salvadores de la patria rural. Necesitamos energía, minería y otras materias primas, por supuesto que sí, pero se pueden y se deben generar de otras formas más justas y racionales.

Es por esto que trabajamos también por y para las personas, para recuperar los pueblos y sus recursos endógenos sin necesidad de hipotecar su paisaje. Porque lo que llaman rural y se intentan apoderar con oscuras intenciones, va más allá del tándem agricultura-ganadería-caza. La producción hortícola local, la infraestructura turística ligada a la naturaleza a la historia y la etnografía; el conocimiento ecológico tradicional o los servicios ecosistémicos generados alrededor de cada pueblo como la absorción de CO2 y generación de aire limpio, la producción de biodiversidad, la protección frente a la erosión o las zonas de recarga de acuíferos, de esparcimiento y de ocio; todo esto también es “rural” y que no se nos olvide: riqueza emergente en pueblos que se dicen condenados a desaparecer.

Del dicho al hecho. Micorriza cuenta actualmente con cerca de 80 socias que apoyan los fines de la asociación y un equipo técnico y personas colaboradoras (abogados, botánicos, artistas y otras entidades) encargadas de trabajar para alcanzarlos. El activismo y movilización pública, tan necesarios y desempeñados con duro trabajo por otras entidades compañeras, quedan subordinados en Micorriza a la puesta en marcha de proyectos e iniciativas encaminadas a la ejecución de acciones que permitan alcanzar los fines de la asociación. Esta apuesta tiene pros y contras en cuanto a la estrategia de trabajo y a las condiciones laborales de un equipo técnico que no puede separar lo emocional de lo laboral y lo voluntario de lo obligado. Pero lo que no hay duda es que velamos para alcanzar los fines con los que germinamos en 2013.

Seguimos trabajando para conservar la biodiversidad, también la humana, para facilitar el acceso al medio ambiente por parte de toda la sociedad; trabajamos para que la gente conozca, valore y se empodere en la conservación del paisaje, para que las zonas rurales exploten sus recursos de la manera más sostenible. Trabajamos para preservar el conocimiento de nuestras abuelas y para recuperar el patrimonio etnográfico –nos gustan los chozones y las parideras, y los llevamos dentro– trabajamos en todo el territorio, pero en nuestra esencia sentimos nuestros paisajes, la provincia, nuestro pueblo, el Alto Tajo, el Ducado, Molina de Aragón, la Sierra; y superando fronteras vivimos los ríos, las sabinas, los castros celtíberos y las garduñas. Podremos fracasar, perder algunas plantaciones o caer en incoherencias, pero es la excepción, nunca hay mala fe y aprendemos a base de tropezar.

Ante las adversidades actuales y enfrentando el presente de la mano del pasado para mejorar el futuro, con los guantes puestos, ¡manos a la azada!

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(*) Rodrigo G.ª Vegas (Guadalajara, 1987), creió en Marchamalo pero sus raíces salen de Ribarredonda. Es licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad de Alcalá de Henares y máster en Hidrología y Gestión de recursos Hídricos. Miembro de la Asociación Micorriza desde 2013 y técnico de proyectos desde 2015. Enamorado del Alto Tajo y la provincia de Guadalajara, con especial interés por la ornitología, la etnografía y la historia, ha desarrollado distintos proyectos de restauración ambiental, divulgación y educación ambiental, recuperación de patrimonio material, acciones de formación y guía intérprete en el Parque Natural Alto Tajo.

www.micoriza.org @AsociaciónMicorriza @A_Micorriza

Este escrito refleja la visión personal del autor, no teniendo por qué coincidir con la opinión consensuada de la entidad a la que representa.

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