Las Navidades de Schrödinger

Por Patricia Biosca 

En el periodo de entreguerras, Erwin Schrödinger empezó a cartearse con Albert Einstein hablando de trabajo (así funcionaba el mundo hasta los emails y los teléfonos móviles). Como se pueden imaginar, Schrödinger y Einstein no escribían precisamente acerca del tiempo o de sus ligues, sino de su verdadera pasión: la física. Ambos debatían sobre cómo encajar la “magia” del mundo subatómico, en el que los átomos pueden existir en diferentes estados, con el mundo que vemos, en el que un gas es gas y no líquido a la vez (en teoría). El caso es que existían (y existen) problemas para encontrar ejemplos que pudiesen demostrar (o, al menos, hacer intentar comprender) que la mecánica cuántica rige el mundo, incluso aunque no podamos verlo. Y así es como surgió el famoso gato de Schrödinger, vivo y muerto a la vez en una caja con veneno y del que determinamos su suerte solo con abrirla. 

El experimento mental ideado por Schrödinger es el siguiente: en una caja metemos un gato y junto a él un veneno que se liberará en función de si se descompone un átomo radiactivo. Es decir: si el sistema detecta la radiación emitida por el átomo radiactivo al desintegrarse, el veneno se liberará y matará al gato. Pero si el átomo radiactivo se mantiene estable, el gato vivirá feliz dentro de la caja (todo lo feliz que se puede vivir al lado de un tóxico mortal, claro está). El problema llega porque según demuestra la mecánica cuántica, ese átomo radiactivo tiene la capacidad de existir al mismo tiempo descompuesto y estable, y solo se manifestará uno de esos dos estados cuando lo miremos con nuestros propios ojos. Es por ello que se dice que el gato de Schrödinger es capaz de estar vivo y muerto a la vez, pues mientras no abramos la caja, el felino estará, en teoría, en esos dos estados superpuestos. 

Si no lo han entendido, no se preocupen. Una, que no es física pero sí muy osada y más chula que un ocho, les va a poner algunos otros ejemplos de superposición cuántica. El primero: cabalgatas de Reyes Magos estáticas. Sus Majestades de Oriente ya han confirmado que el coronavirus no les prohibirá su periplo por las casas para dejar regalos de forma altruista. Es por ello que se han inventado la fórmula de “cabalgatas estáticas” para que los niños, que son los más ilusionados con estos simpáticos allanamientos de morada (bajo la figura inviolable de los reyes, claro está), disfruten de estos señores barbudos de cerca. El fenómeno de que estuvieran en varios sitios a la vez entre hace 2.000 años y la época precovid cada 5 de enero antes se explicaba porque siempre estaban en movimiento: las cabalgatas eran una especie de “respiro dinámico” dentro de su frenético camino a lomos de los primos de Sombragrís, una familia (a la que también pertenecen Rudolf y sus compis de trineo) de la que todo el mundo sabe que pueden utilizar la velocidad de la luz -es decir, 299.792,458 kilómetros por segundo- para ir de un sitio a otro. Ahora, el SARS-CoV-2 ha provocado que los magos tengan que dejar a un lado el tiempo y el espacio de la teoría de la relatividad de Einstein, para utilizar las bondades de la física cuántica, otro de sus superpoderes. Es así cómo pueden estar (y no estar) a la vez sentados en diferentes tronos, entrelazando sus diferentes partículas sobre los altares preparados por los distintos Ayuntamientos que han decidido celebrar el esperado encuentro, como una suerte de agujero de gusano casi tan largo como las colas por obtener entradas al espectáculo navideño del Ayuntamiento de Guadalajara.

Un último ejemplo: algo parecido pasó con la iluminación al principio de los festejos. La concejala de festejos y teniente alcalde Sara Simón (y de quien sospecho, tiene el mismo superpoder cuántico que los Reyes Magos, pues está en todas las fotos y actos del Ayuntamiento) afirmó que las luces estarían repartiendo espíritu navideño “por toda la ciudad”, pero muchos, al abrir las puertas de sus casas como la caja del gato de Schrödinger pudieron comprobar que su interacción con la realidad probablemente había provocado que no hubiera bombillas en su calle. Seguramente fue la aleatoriedad de los átomos la que provocó que justo en esos lugares no hubiera llegado el alumbrado navideño. Porque podríamos achacarlo a la simple aleatoriedad pero, ¿no empieza todo por el átomo, incluso la gente que pensó dichas ideas? Pues eso, mecánica cuántica una vez más. 

Si no han entendido nada, no se preocupen. Richard Feynman, otro de los grandes de la física teórica del siglo XX, decía en una de sus citas más célebres: “Si usted piensa que entiende la mecánica cuántica… entonces usted no entiende la mecánica cuántica”. Si él no tenía ni idea, imagínense yo. Disfruten de lo que queda de estas Navidades cuánticas: Navidades sí, pero no. 

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