ZARA y el paradigma urbano (III)

Por Gloria Magro.

Estos días se escucha en la radio local un anuncio en el que al hilo de lo que sea, Camilo José Cela pronuncia su manida frase acerca de que “Guadalajara es una bonita provincia a la que la gente no le da la gana de ir”. La sentencia, lapidaria, nos ha acompañado durante décadas, pesada como una losa. Y pese a ello, en la actualidad las posibilidades turísticas de los pueblos de la provincia, los paisajes y la gastronomía son ampliamente reconocidas, desmintiendo así al Nobel. Sin embargo, Guadalajara capital sigue siendo una desconocida, una ciudad de paso de la que hasta los mismos locales procuran marcharse en cuanto tienen ocasión. ¿Explicará también esta falta de apego nuestro devenir urbanístico? Una vez que en los próximos días Inditex levante sus cuarteles y con ello el Ferial Plaza pierda parte de su atractivo, veremos si es cierto que todos los males del centro de la ciudad estaban al otro lado de la A-2.

Pocos temas hay que gusten más a los guadalajareños que buscar motivaciones, causas y soluciones a nuestra ciudad. No es que seamos una capital fallida, ni mucho menos. De hecho, hemos atraído a un gran número de nuevos vecinos en lo que va de siglo y demográficamente somos un ejemplo de éxito, con una población creciente y multicultural. Pero también es cierto que como capital causamos poco entusiasmo por nuestra irrelevancia, falta de encanto e incluso carencia de carácter. Nos seguimos ciñendo al los cuatro pilares clásicos: el Palacio del Infantado, el Panteón de la Duquesa, el Convento de La Piedad y la Capilla de Luis de Lucena, ejes de lo que hubiera debido de ser un magnífico núcleo central sobre el que construir una ciudad moderna y sólidamente enraizada en la historia. De hecho, con mucho menos mimbres se ha cimentado una rica vida urbana en otras capitales. Aquí lo llamamos Eje Cultural cuando en realidad tenemos solares donde debía de haber palacetes, horribles edificaciones de nueva planta donde se debía haber tenido sumo cuidado con la estética, y locales vacíos y sin esperanza de recuperar una actividad, cualquier actividad. La ética y la estética, extraña ecuación. Por no tener, no tenemos ni una calle húmeda digna de tal nombre. Y si hablamos de pequeño comercio, de restauración o tiendas donde adquirir y dar a conocer los productos locales -embutidos, miel, derivados de la lavanda, etc.-, el panorama es poco menos que un desierto. Y ahora podemos enzarzarnos en las causas que nos han llevado a esto y en como podemos revertir esta situación. La desaparición de ZARA y sus firmas satélites han devuelto el debate a la calle. ¿Qué hubiera ocurrido estos últimos años de no existir el Centro Comercial Ferial Plaza? Ahora es el momento de ver si ahí estaba la causa de todos los males del centro de la ciudad, aunque tal vez ya sea tarde, una vez el daño está hecho. Lo que si se aprecia a día de hoy es un debate público sobre el devenir de Guadalajara urbanísticamente hablando, así como una gran preocupación por revertir los problemas actuales, pese a la constatación de que muchas de las grandes obras definitorias ya están ejecutadas y en base a presupuestos más que millonarios.

El paradigma (urbano) empezó cuando levantaron un monolito negro en mitad del casco viejo y prohibieron al resto modificar sus fachadas”, opinan desde la cuenta de Twitter @Arcadia _Bar. Desde @gdljr_existe creen que “si el problema fuera el precio de los alquileres de los locales comerciales, sería muy sencillo de atajar. Pero es más complejo y largo en el tiempo. Se han destruido señas de identidad y tejido social durante décadas. No nos han educado para querer a Guadalajara y lo estamos pagando”. Y en Facebook, Enrique Alejandre, estudioso de los movimientos sociales en la provincia, argumenta algo no por sabido menos interesante: “por lo que yo llevo viendo, la identidad de los que viven en Guadalajara es su pueblo. Mucha gente se va al pueblo los fines de semana. No puede crearse tejido social, ni tener identidad si todo el mundo huye a su segunda residencia el viernes”. Este experto denomina esta particularidad nuestra como escapismo: “Hace mucho que observo ese fenómeno -prosigue-, aquí la identidad es el pueblo de cada uno”. Es posible que ese vínculo con el pueblo original no solo no se haya roto sino que haya ido erosionando una forma de hacer ciudad que no hemos conseguido por falta de interés. Fines de semana, festivos, Semana Santa y verano: quien se queda en Guadalajara en esas fechas es porque no tiene más remedio. ¿Será por tanto la ciudad que tenemos el resultado de la desidia de sus habitantes, más ligados a sus localidades de origen que al núcleo urbano en el que viven?

Esa falta de apego se traduciría en desidia histórica y poco o nulo control ciudadano sobre lo que los distintos gobiernos municipales han hecho y deshecho desde el Consistorio. Después de que se hayan invertido más de veinte millones de euros desde 2016 de fondos europeos en actualizar y modernizar la ciudad, el resultado es más que dudoso. Y sin embargo, al frente hubo un equipo municipal que encadenó tres legislaturas consecutivas con el beneplácito absoluto de la ciudadanía. ¿Y qué ha resultado de todo ello? Un centro histórico desaparecido, sin actividad cultural, económica o social dignas de tal nombre y una ciudad desmembrada en dos, a la medida de dos tipos de ciudadanos que parecen tener necesidades distintas y formas diferentes de resolverlas. De un lado la Guadalajara de toda la vida, anclada en su perímetro central y en sus tradiciones y de otra, la que ha hecho de los nuevos desarrollos por encima del barranco del Alamín su centro de actuación. Dos realidades paralelas y que raramente interactúan. La víctima propiciatoria de esta situación es la propia ciudad y sobre todo su centro histórico, cada vez más depauperado, por mas que las luces navideñas nos devuelvan estos días una imagen irreal de esplendor perdido.

Al hilo de este tema, la conversación en Twitter gira en torno al precio de los alquileres en la calle Mayor, elemento disuasorio para muchos, pero que no explica por si mismo su abandono y deterioro. Y como ejemplos reales, un amplio local en la plaza de Santo Domingo que saldría por 4.500 euros al mes y otro, al inicio de la calle Mayor alta, por 2.200 euros. Hay quien argumenta que en el Ferial Plaza no piden menos por un local y quien responde que no son ubicaciones comparables, con el añadido de que allá en el Centro Comercial las tiendas no hacen ciudad. No es fácil saber si el pequeño empresario que quiere abrir un negocio valora el hecho de dotar de identidad a la ciudad, de contribuir de algún modo al futuro común. Lo más probable es que primen las cuentas, las rentabilidades, etc. sobre cierto patriotismo local, algo fácil de entender y compartir. Dicho de otro modo, si al grupo gallego no le importa retirar sus enseñas de las principales calles de España porqué un autónomo local debería de tener en cuenta algo más que no sea su propio beneficio cuando busca una ubicación. Otro ejemplo: la principal edificación junto al Ayuntamiento pertenece a un grupo inversor cuya sede está en Barcelona. Estos propietarios anónimos no se avienen a negociar el precio del alquiler del local que hasta la pandemia era el más emblemático de la Plaza Mayor de Guadalajara, Y también el de más éxito, un negocio pujante que lleva más de nueve meses cerrado.

Con la marcha de los Juzgados del centro a su nueva ubicación en la calle del Geo, toda la zona sufrirá en los próximos meses una merma considerable de actividad. Y ya se están viendo los primeros movimientos: algunos establecimientos próximos ya han anunciado su traslado en busca de una localización más rentable. Farmacias y estancos pueden reubicarse siguiendo ciertas condiciones así que son los primeros en huir en cuanto las condiciones cambian (a peor). En otros casos, son los cambios económicos y las nuevas tendencias sociales los que transforman la fisonomía de las ciudades. Un ejemplo ilustrativo sería la evolución de Arquitecnia Suite, la empresa de César Arizmendi y su mujer, Magui García, aparejada a la de la propia Guadalajara en estas últimas dos décadas.

Partiendo de un negocio familiar inicial -la ya desaparecida Cocinas Forlady, un comercio clásico desde los años 1980-, este empresario dejó Guadalajara para montar su propio estudio de decoración e interiorismo en Cádiz a principio de los años 2000. Unos años después y ya con una amplia experiencia en el desarrollo de proyectos de diseño de alto standing enfocado a interiores residenciales para clientes privados, arquitectos y promotores, César y Magui retornaron a Guadalajara atraídos por las nuevas perspectivas económicas y el crecimiento de la ciudad. Aquí abrieron su estudio al público en la calle Toledo para en 2012 dar el salto internacional con el desarrollo de proyectos de arquitectura de interiores e interiorismo para residencias privadas de lujo en Londres. A caballo entre Guadalajara y la capital británica, estos empresarios trasladaron después su oficina al edificio de Caja de Guadalajara, al otro lado de la A-2, a la vez que abrían su propia tienda online de decoración con base en Guadalajara. En la actualidad, su último proyecto les ha llevado hasta Madrid, donde tienen su propio showroom en la calle Castelló, en el céntrico barrio de Salamanca, BLR-ARIZMENDIGARCIA.

Negocios que evolucionan, que se trasladan, que cambian de formato y de localización y con ellos las ciudades. Causa o consecuencia. La cuenta de Twiter @gdljr_existe ha hecho estos días una encuesta acerca de los hábitos de consumo de los guadalajareños, con la premisa de que “un elemento indispensable para entender la manera de consumir en el centro de la ciudad es como se relacionan sus ciudadanos”. El punto de partida era que en Guadalajara “somos huidizos, a veces acomplejados, con pereza por encontrarnos. Por eso se coge tanto el coche para todo y se consume fuera: para no encontrarse”. El 52 por ciento de quienes contestaron estaba de acuerdo con esta afirmación.

Este fin de semana nieva, no tenemos por tanto escapatoria. Estos meses pasados tampoco la hemos tenido, debido a las restricciones de la pandemia y la situación de confinamiento perimetral es de suponer que se alargará al menos unos meses más. Con el consumo a un golpe de click, ¿nos servirá este tiempo de recogimiento para repensar la ciudad? ¿Para reconsiderar nuestros hábitos? ¿Para volver a hacer ciudad entre todos? Saquemos una bola de cristal y agitémosla, veamos si hay una respuesta entre los copos de nieve. O miremos esos mismos copos caer desde nuestras ventanas. Ahí fuera está Guadalajara, querámosla un poco más.

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