Imaginaciones de una gran nevada

Por David Sierra

Si hay algo que ha puesto de manifiesto todo el tonelaje de nieve que Filomena dejó en la mayor parte de las ciudades, y también por tanto en Guadalajara, es la imagen de que una ciudad peatonalizada no sólo es posible, sino que, llevado eso a cabo de una manera estructurada, es beneficioso no sólo para el medio ambiente y la calidad de vida de los ciudadanos, sino también para la propia economía local.

Desde cualquier balcón o terraza, durante los días en los que la nieve ha impedido el tránsito rodado sin que se convirtiese en una pista de patinaje, han sido muchos los ciudadanos que han aprovechado la ocasión para circular de manera libre por el espacio de la calzada reservado la mayor parte del tiempo para los vehículos. La Calle Virgen del Amparo, la Calle Toledo, o cualquier otra, gozaban de un aspecto inusual en el que los jóvenes y, en especial, los niños se hicieron dueños, por una vez en la vida, de ese inmenso y malgastado espacio público.

La experiencia, al margen de las dificultades de movilidad que ocasiona la nieve, ponía en tela de juicio si el modelo de ciudad que tenemos es el idóneo o si otro más sostenible podría ser posible. Paradójicamente, la pandemia y la necesidad de mantener el distanciamiento entre individuos ha ayudado a plantear este mismo dilema, de forma que la movilidad individual y privada mediante el vehículo sea cada vez más cuestionada en favor de un refuerzo del transporte público y la ampliación de los espacios destinados al peatón y sus alternativas de desplazamiento, ya sea andando o mediante el uso de la bicicleta u otros medios de transporte análogos.

Guadalajara inundada por la nieve. Foto: Tecnivial.

Sobre la mesa, y con algunas experiencias piloto ya puestas en práctica en algunos barrios de Barcelona o Vitoria, se encuentra el modelo de ‘supermanzanas’ para estructurar unas ciudades en las que en la actualidad el espacio que las calles que ocupan los vehículos se encuentran entre el 70 y el 80 por ciento, estando la mayor parte del tiempo aparcados. Así lo revela una información del diario El País donde explican con gran claridad y de manera infográfica en qué consiste el nuevo proyecto.

Ese novedoso modelo, aplicado a nuestra ciudad, pondría fin a muchos de los problemas de tráfico que se generan, por ejemplo, en las entradas de los colegios puesto que los centros escolares quedarían dentro del perímetro peatonalizado, reduciendo así los riesgos de atropellos y garantizando unos accesos seguros y mucho más ordenados. La nevada caída en nuestra ciudad y la imposibilidad de llegar hasta la misma puerta de los centros escolares en automóvil han evidenciado la conveniencia que tendría esta nueva estructuración de llevarse a cabo.

De momento, a la espera de la presentación de un nuevo Plan de Movilidad Urbana Sostenible tal y como anunciara el alcalde de la capital, Alberto Rojo, a finales del pasado mes de octubre, que tendría la intención de retornar el doble sentido al desconocido como Eje Cultural, que no es otra cosa que la antigua carretera de Zaragoza a su paso por la calle Ingeniero Mariño, se han desvelado pocas novedades en la puesta en marcha de actuaciones que vayan a mejorar la movilidad de la ciudad en favor del peatón y en detrimento en el uso del vehículo privado. En la cuneta queda qué hacer con el aparcamiento cuando demasiadas plazas bajo tierra continúan vacías mientras sobre el asfalto recaudan y colapsan a machetazos.

Finalmente, y también en gran parte puesto de manifiesto por la pandemia y la nevada, cambiar la manera en la que los ciudadanos se mueven en una ciudad para garantizar esa sostenibilidad implica además reforzar la proximidad de todo aquello que pueden demandar. Una apuesta por el comercio de barrio y el acercamiento de los servicios públicos básicos a las áreas de residencia son consideraciones a tener en cuenta, más aún cuando en algunas zonas como el casco histórico languidecen por la escasez de población residente mientras en otras más incipientes, las distancias físicas y administrativas son más que evidentes. Y no todo se remedia con asombrosas iluminaciones. Imaginemos, por un instante, que la nieve por la que caminamos es el espacio que el peatón debiera tener otorgado. Imaginemos pues.

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