Obstáculos en el camino

Por Sonsoles Fernández Day

Confinada perimetralmente en Cabanillas del Campo, a veces runner y otras, paseante de mi perro, observo impresionada las consecuencias de las borrascas sucesivas que nos han atizado nada más empezar el nuevo año. Primero la nieve y después el viento han tirado ramas y árboles enteros en calles y parques. Dicen que la Casa de Campo y el parque de El Retiro de Madrid no se podrán abrir hasta dentro de dos meses. Guadalajara ha perdido los pinos centenarios de la plaza de San Esteban y el alcalde, Alberto Rojo, contaba entre los destrozos de Filomena al menos con un centenar de árboles caídos y un millar de dañados. En Cabanillas del Campo no los hemos contado, pero también tenemos lo nuestro. El carril bici se ha transformado en una carrera de obstáculos y algún camino habitual de los locales se encuentra bloqueado. De noche y en ciertos tramos te sientes como en el Bosque Prohibido de Hogwarts, aunque sin criaturas mágicas.

El confinamiento impuesto por Castilla-La Mancha como medida para luchar contra la tercera ola de la Covid-19 tiene esas cosas, como no puedes salir de tu municipio, te fijas en todo. Además de dar rienda suelta a la imaginación.

Desde el 19 de enero, Castilla-La Mancha se encuentra en un nivel 3 reforzado. Van pasando los meses y seguimos ampliando vocabulario y creando expresiones. Esto suena a detergente y debe ser porque se trata de hacer limpieza. El refuerzo consiste en un confinamiento perimetral municipal y el toque de queda a las diez. El Gobierno Autonómico ha expresado el deseo de mantener estas medidas de forma indefinida, revisables cada diez días, porque ‘se ha demostrado que son eficaces y están bajando la incidencia’ aunque recuerdan que ‘no significa que podamos relajarnos’.

Una vez más se equivocan en el planteamiento. Lo que se ha demostrado es que cada vez que nos dicen que se estabilizan los contagios, se relaja el personal. Hace tres olas que la situación va de regular a fatal, pero nunca ha ido bien. Once meses con el agua al cuello y largas temporadas sumergidos. Que se lo pregunten a los sanitarios, todos hartos de bucear.

El Ministerio de Sanidad notificaba este martes 591 muertes por coronavirus, una cifra que recuerda demasiado al mes de marzo del 2020, y la incidencia acumulada en España alcanza ya los 899 casos por cada 100.000 habitantes. La ocupación de las UCIS, quizás el dato que más habría que tener en cuenta, es del 41,2% y subiendo. Castilla-La Mancha entre los peores, con el 52,89% de camas de UCI ocupadas. Es un momento crítico y en mitad de la crisis nos abandona el ministro de Sanidad. Demos la bienvenida a la ministra Carolina Darias, de la que poco se sabe, y al señor Illa, ojalá Sant Jordi le asista, a ver si allí en su tierra se le dan mejor las cosas.

Toda la esperanza estaba puesta en el plan nacional de vacunación. En diciembre, a los dos días de que le pusieran a Araceli en Guadalajara la primera dosis de la vacuna, Pedro Sánchez prometía en una rueda de prensa que ‘muy pronto habrá más españoles vacunados que contagiados de Covid-19. La estrategia de vacunación no solo va a salvar miles y miles de vidas, sino que va a permitir entrar en la tercera etapa de esta emergencia hasta poder recuperar la ansiada normalidad’. Bonitas palabras. Un mes después, Araceli ya tiene puesta la segunda dosis, pero el plan de vacunación se ha multiplicado por diecisiete, porque a falta de órdenes, igual que cada una ha impuesto sus propias medidas restrictivas contra la Covid-19, cada Comunidad Autónoma ha tenido que tomar las riendas de acuerdo a sus posibilidades, material y vacunas. El asunto se complica. Los laboratorios no cumplen los contratos, faltan jeringuillas, algunas Comunidades no pueden administrar la segunda dosis porque no tienen vacunas suficientes, unos cuantos cargos públicos se han pasado de listos y se han colado en el orden de prioridad por lo que han tenido que dimitir, y en Bruselas están que echan humo. Y un mes después de lo prometido, Pedro Sánchez, donde dijo primavera dice verano, y vuelve a asegurar, solo que, con otra fecha más tardía, que ‘el 70% de los españoles estarán vacunados este año’. Me pregunto cuántas olas y promesas más podríamos estar así.

La vacuna tendría que actuar frente al virus como la lluvia y la subida de las temperaturas lo hicieron con la nieve la semana pasada. En el mismo día el paisaje cambió de blanco a pardo sin darnos cuenta. El hielo y las montoneras de nieve, que ya empezaban a desquiciar al pueblo llano, desaparecieron en horas, como si hubiera pasado, pala en ristre, el desfile de las Fuerzas Armadas al completo. Unos días de trabajo intenso y continuo y adiós problema. Por desgracia, las vacunas no caen del cielo, dependen del ser humano para ser administradas. Hay un exceso de intermediarios, y los hilos se mueven por intereses económicos y políticos, y después, sanitarios. Demasiados obstáculos en el camino.

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