Patear por el monte

Por Antonio González (*)

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Son muchos los estudios realizados con el fin de demostrar la teoría que dice que, el hecho de realizar actividades al aire libre y en plena naturaleza aporta grandes beneficios, tanto físicos como psicológicos, a las personas que las realizan con cierta asiduidad y continuidad, y lo han conseguido.

A día de hoy está más que demostrado la realidad de esta teoría viendo como mejoran las condiciones físicas de las personas haciéndolas más saludables en este sentido y como se reducen los niveles de estrés, ansiedad, depresión, etc. gracias a la realización de cualquier tipo de actividad en entornos naturales que hacen sentir el gran aporte de la naturaleza en ellas.

Existen multitud de actividades que se pueden realizar en estas condiciones tan saludables y, así disfrutar de los beneficios que nos aporta la naturaleza. Hablando de mi caso particular, yo practico BTT (bicicleta de todo terreno ó mountain bike) y senderismo, a lo que de forma coloquial llamo “patear por el monte”. Ambas actividades me encantan pero, sin duda alguna, es el pateo por el monte con la que mejor me siento y más disfruto. Es por eso que este texto estará más centrado en esta actividad.

A la hora de querer realizar una ruta hay que saber que cualquiera de ellas requiere de un mínimo de seguridad y comodidad para ser disfrutada al máximo. Aparte de la condición física, particular de cada persona, existen otros factores que debemos tener en cuenta tales como:

– Comprobar la previsión meteorológica para la zona y fechas previstas para la realización de la ruta en cuestión.

– Buscar información referente al estado y situación de las pistas, caminos, sendas, etc. por las que transitaremos.

– Observar el perfil de la ruta para conocer las pendientes que nos encontraremos en nuestro caminar y conocer el desnivel tanto positivo -de subida-, como negativo -de bajada-, que acumularemos en nuestras piernas.

Conociendo estos factores ya tenemos una base en la que apoyarnos para poder elegir el equipo más adecuado, tanto de ropa y calzado como de los complementos que necesitaremos para realizarla reduciendo los riesgos en buena parte y poder disfrutar de ella al máximo. Aun habiendo elegido el equipo más apropiado -y esto se podría ampliar a cualquier actividad realizada en la naturaleza- sería aconsejable realizarla en compañía: nadie está libre de encontrarse en una situación comprometida o muy grave como pueda ser una pequeña lesión o un grave accidente que pueda poner en peligro, incluso, nuestra vida. Por las circunstancias o razones particulares de cada persona, no siempre será posible. En este caso, se debería, al menos, informar a alguien próximo -amigos, familiares, etc.- del lugar donde se encuentra ubicada la ruta y de la fecha en la que será realizada.

Una vez en la ruta, siempre que sea posible, se debería mantener un contacto, más ó menos, constante con una ó varias de esas personas a las que hemos informado de nuestras intenciones para poder disponer de cierta tranquilidad. Si nos centramos un poco más en las estaciones del año en las que se pretende realizar las rutas. Como es lógico, no es lo mismo salir en verano que en invierno. Hay que poner especial atención en las temperaturas. En nuestra zona, Guadalajara, pueden ser muy elevadas en verano y muy bajas en invierno. Cuando decidamos salir en verano sería conveniente salir temprano en el día para evitar, en la medida de lo posible, las horas centrales del día, de mayor calor, y asegurarnos de poder mantenernos bien hidratados. Para esto último debemos de cargar con el agua necesaria y a ser posible, conocer si a lo largo de la ruta tendremos donde rellenar nuestras cantimploras -fuentes, tiendas, bares, etc.-, para cargar con menos cantidad de agua a sabiendas de que podremos rellenar. Así, cargaremos menos peso en nuestras mochilas y de esta manera evitaremos que nuestras piernas sufran. Eso también se aplica a la espalda.

También se debe aplicar una protección solar, sobre todo, si la ruta discurre por zonas abiertas ó poco sombrías. En el caso de las realizadas en la estación invernal, debemos de estar preparados para caminar por nieve (posible uso de raquetas) en el caso de que haya habido nevadas los días anteriores o incluso el mismo día de la nevada. Y también debemos de estar preparados para encontrarnos con posibles placas de hielo (posible uso de crampones). Y más aún si la ruta discurre por ciertas altitudes. Para la vestimenta existe una regla que se conoce como la “regla de las tres capas”:

– La primera capa es la capa más cercana a la piel y la que trata de mantener nuestros cuerpos secos, el sudor con materiales sintéticos y de rápido secado.

– La segunda capa nos debe de aportar calor y absorver el sudor evacuado por la primera capa,, para ello se utilizan prendas como puedan ser los forros polares.

– La tercera se encarga de protegernos de las inclemencias del tiempo evitando que nos entre el agua, la nieve o el viento y evitar que nos enfriemos. Serán chaquetas impermeables, cortavientos, etc.

Las personas que se estén iniciando en esto de “patear el monte” deberían de comenzar con rutas sencillas, más bien cortas y de poco desnivel para de esta manera ir poco a poco de esta manera, ir poco a poco adquiriendo una forma física que permita ir aumentando las distancias a recorrer y los desniveles a superar.

Centrando la atención en la provincia de Guadalajara, para que los habitantes de la misma no tengan que verse en la obligación de realizar desplazamientos demasiado largos, existen terrenos ideales para estos comienzos, como pueden ser las zonas de la Alcarria y de la Campiña, que son terrenos donde hay muchos kilómetros de caminos que pueden ser recorridos cómodamente con desnivel no muy elevado. Más adelante en el tiempo, cuando la condición física de cada persona lo vaya permitiendo, se pueden trasladar las rutas a las zonas de la Sierra o del Alto Tajo, donde los desniveles van aumentando -tanto los positivos como los negativos- por la orografía del terreno, con sus montañas y barrancos de gran belleza.

Cada persona es un mundo y, como tal, cada persona disfruta de la ruta “a su manera” y todas respetables siempre que se realicen respetando el entorno (flora, fauna, etc.) y personas que nos rodean. Hay quien lo toma como un reto particular, otros como una competición: estupendo. Como he dicho, cada cual disfruta “a su manera”. En mi caso, yo salgo a patear por el monte sin prisas por terminar, caminando de una forma tranquila, disfrutando “a mi manera” de cada paso que doy, completamente, convencido de que el mayor disfrute se encuentra en el camino y no en la meta. Trato de sentir lo que piso ya sea tierra, piedras, barro, agua, nieve, etc. Me gusta ver la amplia gama de colores que nos ofrece y regala la naturaleza y su entorno para llenar nuestras retinas. Me gusta encontrarme observando detalles que, normalmente, en nuestro día a día se hacen casi imperceptibles por el ritmo de vida que llevamos, aun estando ahí presentes para el disfrute de todo el mundo. Me gusta fotografiarlos con mi cámara, guardar unos recuerdos de estos pasos dados y disfrutados y compartirlos con personas importantes en mi vida.

Me gusta escuchar los sonidos generados en la naturaleza; verme envuelto de múltiples notas de audio producidas por los distintos habitantes del lugar, por el viento colándose entre las hojas y las ramas de las plantas ahí germinadas o a través de pasos entre las rocas ahí plantadas… por unas aguas avanzando con calma o rápidamente por su lecho tal vez cayendo precipitadamente en un salto para salvar diferentes alturas, También disfruto del silencio en una parada realizada cuando los animales se han callado, el viento se ha parado y me encuentro alejado de cualquier torrente de agua.

IMG_1318(*) Antonio González, (Madrid, 1977) ha vivido en Alcalá de Henares y Calatayud. Especializado en Electrónica Industrial, es un experto artesano y de sus trabajos con la madera dan buena cuenta sus redes sociales. En la actualidad reside en Guadalajara, donde su amor por la naturaleza le ha hecho explorar una provincia que hasta entonces y a pesar de su cercanía, le resultaba bastante desconocida. Paso a paso, va recorriendo sus caminos y le encantaría -como bien dice- conocerla caminando tranquilamente para disfrutar y observar tantos y tantos detalles de estas tierras que en ocasiones son infravalorados. 

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