Al calor del amor en un bar

Por Sonsoles Fernández Day

En España somos de bares. Acudimos solos, acompañados y en pandilla. Bien a por un simple café que nos despierte, bien a por café, tostada y una buena charla que nos ponga al día. En los bares quedamos a tomar el aperitivo buscando unas risas, a hacer negocios, a contar secretos, a desahogarnos, a vernos y a reencontrarnos. A disfrutar y a llorar, a recordar y a hacer planes. A leer el periódico, a echar la tarde y a compartir los nervios de un partido de fútbol. A los bares vamos a ligar, a una primera cita y a celebrar un aniversario. A emborracharnos y a pasar la resaca. Los bares forman parte de la cultura española. Para quedar decimos: ‘A ver cuándo nos tomamos algo’. Y eso significa que nos veremos en un bar. Son nuestro lugar de reunión, nuestro centro social.

Me resisto a hablar en pasado, porque estamos hechos de horas de bar y, aunque todos sabemos cómo nos ha cambiado la vida y las costumbres en el año que llevamos de pandemia, cada vez que se puede, cuando el gobierno, los datos y el tiempo lo permiten, hemos vuelto a los bares, más bien a las terrazas, adaptándonos al porcentaje establecido, al frío, a la distancia y al horario. Algunos, no todos. El miedo al bicho es libre y también el nivel de responsabilidad varía. Otros han preferido renunciar y quedarse en casa.

Sin embargo, de poco ha servido el apoyo del incondicional cliente después de tantos meses de cierres y restricciones. El sector de la hostelería está muy malherido. Pasada la Navidad, cuando los contagios aumentaban sin control, 10 de las 17 Comunidades Autónomas obligaron a cerrar bares y restaurantes. Esto ha hecho de enero y febrero unos meses muy duros para ellos. José Luis Yzuel, presidente de Hostelería de España afirma que ‘El sector está en la ruina’. Otro golpe fuerte es el adelanto de la hora de cierre por el toque de queda que ha acabado con el servicio de cenas. Es complicado convencer a un español de que cene a las siete de la tarde.

En 2020 se perdieron 400.000 empleos en hostelería, 267.000 de la rama de la restauración. Se calcula que uno de cada cinco negocios hosteleros, alrededor de unos 60.000 han echado el cierre definitivamente, y a lo largo del 2021 se esperan los cierres de entre 25.000 y 50.000 negocios más. ‘Necesitamos ayudas directas que nos permitan seguir vivos, endeudarse no es la solución‘, asegura José Luis Yzuel.

La semana pasada se concentraban en Guadalajara frente a la puerta de la subdelegación del Gobierno, más de medio millar de empresarios y trabajadores de la hostelería y turismo para hacerse oír, como ‘sector fundamental de la economía española’. Reclaman la apertura total de los establecimientos, la exención total de los impuestos durante los periodos de cierre obligados, ayudas a fondo perdido y la reducción por ley del importe de los alquileres. ‘El virus no es la hostelería’, ‘solo queremos trabajar’, ‘nos estáis ahogando, nos estáis arruinando’, eran algunas de sus consignas.

Difícil situación. Complicada, porque el debate está entre la economía y la salud. Efectivamente, el virus no es la hostelería, aunque sí se pueden interpretar como lugares de más riesgo. Nos quitamos la mascarilla para beber y comer, y hablamos, nos reímos y nos acercamos. Después de un rato y tal vez un vino o una caña, es fácil volver al ‘modo bar precovid‘, y ese es un parque de atracciones para el virus.

Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, igual que otras veces amenazaba con que no le temblaría la mano para ordenar restricciones, y así ha sido, esta semana nos anuncia una posible rebaja de las medidas, ‘porque la ciudadanía se está portando muy bien’. Aunque también pide ‘cautela y cumplimiento de las leyes’. García-Page vino a decir que si nos portamos bien se podrá abrir más la hostelería y los comercios, desaparecerá el toque de queda y hasta ‘algún día’ nos quitaremos la mascarilla. Señor García-Page, la ciudadanía tiene mucha responsabilidad, pero las vacunas, los expertos asesores y los que nos gobiernan, pintan bastante más. O al menos deberían hacerlo, que para eso les pagamos.

La canción de Gabinete Caligari ‘Al calor del amor en un bar’ es de 1986. Una de las que cantábamos a voces en El Puerto, vaso de tubo en mano. Una época en que ni había ni necesitábamos móviles para localizarnos, te encontrabas en los bares de siempre. Como los aperitivos en el bar El Ocejón, imprescindibles para ver y ser visto. Con los años, los bares y los gustos son otros, pero lo que no cambia es ese dulce y grato placer de que te conozcan y saluden al entrar en un bar. Llegar y sentirte, casi, como en casa.

Por los bares y la vida de antes, la de hace tan solo un año, la vida de los abrazos reales y los bares hasta la bandera. La del calor del amor en un bar.

Salud y larga vida a los bares.

 https://youtu.be/fjO5mxIV_TE

 

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