El precio de morirse hoy

Por Gloria Magro.

Servicios-funerarios-2.0

Junto con el sanitario, en marzo del pasado año hubo otro sector que vivió una situación de sobresaturación para la que no estaba preparado y que tuvo que afrontar con todas las armas a su alcance los efectos de la pandemia. Los servicios funerarios fueron y aún continúan siendo parte fundamental de la crisis sanitaria y colaboradores imprescindibles para su resolución. Durante este último año las empresas funerarias han respondido de forma eficiente al desafío de una demanda que en algunos momentos alcanzó picos nunca vistos.

El sector de los servicios funerarios facturó en España 1.530 millones de euros durante el último año del que se tienen datos, 2018. Como industria es responsable de un 0,13% del PIB, que se eleva al 0,34% al incluir la actividad de las compañías de seguros que comercializan el ramo de decesos. Más de cuatrocientas mil familias requirieron los servicios de las más de dos mil quinientas instalaciones funerarias que hay en todo el país, según datos de la asociación nacional que las agrupa, Panasef. Con la pandemia, el sector ha multiplicado su actividad hasta cifras aún sin cuantificar y sin embargo es posible que cuando se echen las cuentas estas no sean tan jugosas como desde fuera pudiera parecer. Las funerarias han trabajado a destajo este último año priorizando la eficiencia y rapidez, unos estándares nuevos marcados por la circunstancia de estar en la primera línea frente al Covid.

La muerte a día de hoy es un negocio, una industria en sí misma. La única empresa donde nunca falta clientela y cuyos servicios todos tarde o temprano necesitaremos.

Un día recibes una llamada y una voz impersonal te comunica que la persona que más quieres en el mundo acaba de fallecer. En ese mismo momento tienes que aparcar la conmoción que te produce la noticia y empezar a tomar decisiones intentando que las emociones no te paralicen. En nuestro caso era sábado, al filo de la madrugada, cuando llamaron desde el hospital. Después del shock inicial y sabiendo que nos iba a ser imposible conciliar el sueño, optamos por realizar los trámites de inmediato. Mi madre quería velatorio e inhumación en su localidad natal. Así, pasada la medianoche de una fría noche de febrero fuimos al Tanatorio que, junto con la comisaría y Urgencias, es el único servicio que presta servicio las 24 horas del día a pesar del Covid o de una hecatombe mundial del tipo que sea.

Después de rellenar el papeleo del seguro, nos condujeron a una habitación llena de féretros donde había que elegir uno, el que fuera. Con o sin crucifijo, de esta madera o de aquella: liso o con molduras, acabado brillante o mate. Allí expuestos y en mitad de la noche, toda la situación se antojaba irreal y un tanto macabra. Mamá acababa de fallecer y mi padre y yo teníamos que elegir unos servicios fúnebres valorados en miles y miles de euros sin preguntar realmente el precio de nada. ¿Alguien imagina gastar cuatro o cinco mil euros en algo en cuestión de minutos sin hacer preguntas y sin comparar precios, productos o servicios? Miramos con lupa el precio de los tomates en las tiendas y sin embargo, ante la muerte se hace una compra a ciegas.

No hay negocio como el de los servicios fúnebres. El sector tiene sus propios códigos, sus propias reglas. Y al parecer escatimar en el momento del fallecimiento de un familiar cercano no es una de ellas.

Hace muchos años murió asesinado un niño en San Fernando de Henares. Fue un caso muy célebre, nunca encontraron a los culpables pero la imagen de la madre ante el mausoleo donde lo sepultaron es difícil de olvidar. Tiempo antes había fallecido el padre del niño en un accidente y con el dinero del seguro, una cantidad ingente, la familia aunque paupérrima, había considerado que era indigno emplear esa cantidad en otra cosa que no fuera un gran panteón para el difunto. Y allí se les veía tras la tragedia del niño, con sus pobres atavíos y su tristeza ante un mausoleo más propio de la nobleza del s.XIX que de unos pobres vendedores ambulantes del Corredor del Henares.

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