El tapabocas

Por Sonsoles Fernández Day

De los creadores de ‘No es necesario que la población use mascarillas’, febrero 2020, ‘Hemos vencido al virus y controlado la pandemia’, junio 2020 y ‘El 70% de la población estará vacunada en verano’, diciembre 2020, llega la Ley de la nueva normalidad, abril 2021, un año de pandemia después, metidos en una grave crisis económica y al borde de una cuarta ola. El Congreso de los Diputados ha aprobado, con 199 votos a favor, 91 en contra y 57 abstenciones, el llamado ‘Proyecto de Ley de medidas urgentes de prevención, contención y coordinación para hacer frente a la crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19’. Se podían haber ahorrado lo de ‘urgentes’. Catorce meses de ensayo y error debería servir para un poquito más de humildad y realismo.

La nueva normalidad, que ya no es tan nueva ni nunca tuvo nada de normal, además de otras medidas, mantiene la obligación de usar la mascarilla para las personas mayores de 6 años en todos los espacios públicos, ya sean abiertos o cerrados, aunque exista distancia de seguridad. Y así, hasta que finalice la pandemia, dice el texto. No queda nada… Las excepciones no han cambiado, no se exige la mascarilla a enfermos con dificultad respiratoria o en situación de discapacidad o dependencia. Tampoco será exigible en el caso de realizar ejercicio individual al aire libre ni en situaciones incompatibles con su uso.

El hecho de que la mascarilla sea ahora obligatoria en playas, parques y piscinas ha supuesto otro golpe para el sector turístico, que, habiendo dado por perdida la Semana Santa, había puesto sus esperanzas en la temporada de verano. En algunas playas donde no llegan en estos momentos muchos turistas, los hoteleros encuentran un sinsentido, salvo que se demuestre que hay contagios, esta medida. Otros defienden que manteniendo distancias o las parcelitas que se hicieron el año pasado, son medidas suficientes. Tomar el sol con el tapabocas puesto no es una atracción que se venda muy bien.

Para no llevar en la cara la marca de la nueva normalidad, se me ocurre que o te quedas en remojo en el agua o en el chiringuito con la caña en la mano. Me pregunto si llevando tu nevera y sujetando la lata tumbado en la toalla también vale o te multan. En fin, como dice la canción, aquí no hay playa y tampoco podemos ir. Aunque sí tenemos piscinas, montes, rutas o ríos, muchos espacios públicos al aire libre donde será obligatorio llevar la mascarilla.

Creando un poco más de confusión, María Jesús Montero, ministra portavoz, decía en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del martes que el decreto ley se redactó en junio del año pasado para ‘dar cobertura judicial a la desescalada’, y reconocía que puede haber un ‘desfase entre la norma y la realidad’. Igualmente anunciaba que en el Consejo Interterritorial de Salud se repasarían los preceptos por si fuera necesario ‘matizar alguno de ellos’. Pasa marrón a Carolina Darias.

La ministra de Sanidad no modificó ni una coma de la Ley en la reunión de ayer miércoles, pero sí ha acordado con las Comunidades Autónomas que decidirán si se actualiza alguna norma en el siguiente Consejo Interterritorial. La revisión queda aplazada y no concede ni una pizca de tregua para Semana Santa. Ya veremos si cambia algo la próxima semana.

Mientras, Fernando Simón, tan naíf como siempre, considera que la pandemia está en una ‘situación de inflexión’ que, ‘si se mantiene unas semanas más’ con el ritmo de vacunación actual, serviría para amortiguar la cuarta ola que sería simplemente ‘una olita u ondita’. Entre divagaciones y predicciones proseguía la última rueda de prensa del experto epidemiólogo que ahora llama ‘onda epidémica’ a las olas de coronavirus y ‘medidas de protección personal’ a las mascarillas.

El ritmo de vacunación actual, señor Simón, es lentísimo. El número de personas ya inmunizadas con las dos dosis son 2,6 millones y la deseada inmunidad de rebaño del 70 por ciento de la población se alcanzaría con 33 millones de personas vacunadas. En Castilla-La Mancha, una de las regiones que va más retrasada, aún no han terminado con los mayores de 80 años. Sin embargo, Emiliano García-Page dice que está ‘contento’ con el ritmo que llevamos y que podríamos alcanzar el 70% de la población inmunizada antes de que acabe el verano. Ojalá sea así.

Mientras llegan y no las vacunas, la responsabilidad de la cuarta ola queda en el ciudadano y la mascarilla. Repetía Fernando Simón, como para convencer a la audiencia: ‘con el nivel de vacunación que vamos a tener y la responsabilidad individual de cada uno podríamos llegar a tener una onda epidémica mucho más leve que las anteriores’.

Pues a este nivel de vacunación habrá que seguir cumpliendo con la nueva, triste y molesta normalidad y ponerse el tapabocas. Para que la olita salpique lo menos posible. Y para no pagar 100 euros de multa, también.

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