Victimizar a la víctima

Por Gloria Magro.

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“El hombre que me había llevado me arrastró hasta una habitación, sin puerta, me tiró contra el sofá y me violó. Me penetró vaginalmente y también me obligó a hacerle una felación”. (…) En este momento, el fiscal la ha interrumpido: En este momento se ha producido una pausa de diez segundos. El fiscal, sin percatarse de que la joven estaba llorando detrás de la mampara que la separaba de la mirada del de los acusados, ha reiterado: “¿Es que no sé si ha contestado?”. El juez le ha reprochado que estaba intentando que la víctima se serenase. Y, ¿no podía hacer nada contra él?, le ha preguntado el fiscal. “Yo ya estaba suplicando les que me dejaran, me agarró y me volvió a tumbar”… La Vanguardia 06/04/2021

Culpabilizar a la víctima, poner el foco en ella y juzgar su conducta sin tener en cuenta lo que significa para una mujer tener que revivir una y otra vez la violencia sufrida. Esto ha sucedido estos días en un tribunal de justicia, el último de una serie histórica de casos que se repiten periódicamente sin que se haga nada para evitarlo. En la Audiencia de Barcelona juzgan a cuatro jóvenes por violar por turnos a una joven de 18 años a la que asaltaron de madrugada a la salida de un bar. Uno de ellos fue el autor material, otro se fugó, dos más no han podido ser identificados y otros tres acusados al parecer solo miraban. Sin embargo, las preguntas del fiscal del caso se han centrado en la víctima de una manera que recuerda a lo que sucedió en la Audiencia de Burgos en el caso Nevenka, la concejal que denunció por acoso al alcalde de Ponferrada y vivió un auténtico calvario en el estrado pese a ser la víctima. La actuación de la fiscalía resultó tan escandalosa que le costó el puesto al fiscal José Luis García Ancos, entonces decano de los fiscales españoles y fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. Tal fue el cariz de las preguntas que García Ancos dirigió en aquel entonces a Nevenka Fernández, que el presidente del tribunal hubo de advertirle que “es una testigo, no una acusada”.

Han pasado dos décadas de aquello, el juicio se puede ver hoy en Netflix, ejemplo humillante donde los haya de lo que era habitual en muchos juzgados hasta entonces. Muchas mujeres continuan viendo hoy su testimonio cuestionado, y en presencia de sus asaltantes deben dar mil y un detalles de una una situación en extremo traumática. Al parecer es requisito imprescindible de la Justicia someter a semejante trato a las víctimas para determinar la naturaleza exacta del delito tipificado en el Código Penal, pero ¿tiene que ser así? ¿Es realmente necesario que sea así? Con ese grado de violencia verbal, de agresión por parte de la fiscalía, lo que resulta si cabe más penoso. Cualquiera que haya visto las imágenes del juicio esta pasada semana pensará que no, que algo estamos haciendo mal como sociedad si permitimos que una persona pase por un trance semejante para que se le haga justicia. Si se trata de una mujer, podemos estar seguros de que eso es lo que le espera.

Desde la Plataforma Feminista de Guadalajara, recuerdan que España esta adherida al Convenio de Estambul del Consejo de Europa sobre protección y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica. El artículo 15 del Capítulo III sobre Prevención, dice textualmente que “Las Partes impartirán o reforzarán la formación adecuada de los profesionales pertinentes que traten con víctimas o autores de todos los actos de violencia incluidos en el ámbito de aplicación del presente Convenio, en materia de prevención y detección de dicha violencia, igualdad entre mujeres y hombres, necesidades y derechos de las víctimas, así como sobre la manera de prevenir la victimización secundaria.” Asimismo, el artículo 21 recoge que “ Las Partes promoverán la puesta a disposición de un apoyo sensible y consciente a las víctimas en la presentación de sus demandas”. Más específicamente, el Capitulo VI sobre Investigación, procedimientos, derecho procesal y medidas de protección, establece como obligación general que “Las Partes adoptarán las medidas legislativas o de otro tipo necesarias para que la investigación y los procedimientos judiciales relativos a todas las formas de violencia incluidas en el ámbito de aplicación del presente Convenio se lleven a cabo sin demoras injustificadas, sin perjuicio del derecho de la víctima a todas las fases del proceso penal”.

Es evidente que el texto del Convenio de Estambul no lo tenía en mente el fiscal del caso que se juzga en Barcelona cuando interrogaba a la víctima. Según el diario La Vanguardia, la joven ha declarado en la primera sesión del juicio y a preguntas del fiscal ha ido relatando de forma sucesiva todo lo que le hicieron aquella noche. El fiscal, sin embargo, sin ninguna empatía por el mal trago por el que estaba atravesando ha obligado a rememorar una y otra vez las escenas de la violación ahondando en su sufrimiento. Durante el interrogatorio la ha interrumpido continuamente cuando abordaba la parte más dura del relato forzándola a retroceder y volver a explicar los detalles de la agresión cuando ya los había contado. El proceso judicial lleva abierto desde 2019, según relataba esta semana el periódico catalán, y la víctima, de apenas 20 años, está siendo obligada a relatar una y otra vez lo sucedido aquella noche. ¿De verdad es esto Justicia? Hay que tener muy poca sensibilidad para creerlo así.

Perdón, ¿con el primer individuo intentó escapar o salir de la habitación?”, ha precisado el fiscal “No podía hacer nada contra él. Utilizó la violencia y la fuerza para inmovilizarme”. Cuando recordaba que la habían obligado a “hacer una felación con violencia. El fiscal ha pedido concreción: ¿Cuando dice con violencia a qué se refiere?”. “Empleando mucha fuerza”, ha contestado la joven. Pero el momento más incómodo ha sido cuando el fiscal ha vuelto a insistir. ¿Recuerda su cara? ¿Se acuerda de él?

La fiscal delegada de Violencia sobre la Mujer, Pilar Martín Nájera, ha manifestado que el interrogatorio incisivo del fiscal se hizo “sin ningún tipo de sensibilidad ni empatía”, algo que “no se debe producir nunca”. Precisando que se están barajando penas muy altas, de entre 36 años y seis meses a 40 años y medio, lo que explicaría que el fiscal tratara de”afianzar el relato de los hechos” de la víctima, pero lo hizo de una forma inadecuada. Asimismo, esta responsable señaló que a la víctima hay que explicarle que, si se insiste en las preguntas, es porque se está pidiendo una pena muy alta, y así hubiera recibido el interrogatorio de otra manera, “Efectivamente, falta educación en artes psicológicas”, reconoció. Tal vez también habría que explicárselo al resto de la sociedad española que se cuestiona estos días una vez más la idoneidad de todo el procedimiento. Solo hace falta un poco de empatía para darse cuenta de lo aberrante de la situación, de la doble victimización y para eso no hace falta ser juez, fiscal o abogado, solo ciudadano.

En 2016 se hizo famosa la denuncia de la Asociación Clara Campoamor a la titular del Juzgado de Violencia de Género de Vitoria, Carmen Molina Mansilla, ante el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La juez había preguntado a una denunciante de maltrato y abusos sexuales si cerró bien las piernas durante una violación para oponer resistencia y el interrogatorio saltó a los medios de comunicación. La asociación pedía que fuera suspendida o removida de su cargo con carácter inmediato. El CGPJ archivó el caso un año después aunque con posterioridad a esta juez se le abrió un expediente disciplinario. En la actualidad ejerce en Guadalajara.

Desde la Plataforma Feminista de Guadalajara no quieren hacer una valoración jurídica del caso que se está juzgando en Barcelona y explican que no se trata de cuestionar el procedimiento judicial sino que en el fondo en este tipo de situaciones lo que subyace es una falta de formación en cuestiones de género. Más concretamente, una carencia de formación en violencia de género y asistencia a las víctimas: nadie sabe en un juzgado como abordar el interrogatorio a una mujer en estos casos tan específicos porque a día de hoy no se distingue este delito de otros. Esto afecta en opinión de esta Plataforma, tanto a abogados como a fiscales y jueces, lo que explicaría situaciones tan vergonzantes en los juzgados que cuando saltan a los medios de comunicación producen una gran conmoción social sin que después haya medidas correctoras.

Las víctimas no recuerdan los hechos de forma cronológica, están en shock -explican desde la Plataforma Feminista de Guadalajara-, pero más dolorosa e indignante resulta la ignorancia de hacer esas preguntas con total falta de empatía. Ignorancia de lo que supone para una mujer revivir lo ocurrido de manera abrumadora y pasar por el proceso de la vergüenza, el temor, la culpa impuesta y la certeza de que están siendo ellas las juzgadas”. Visto desde fuera del ámbito jurídico estos interrogatorios y estos procesos van en contra de la sensibilidad más elemental. Debería de haber otra manera de que las mujeres den testimonio de su relato y la Justicia pueda ejercerse sin que sean victimizadas por segunda vez. ¿Estamos trabajando en ello? No nos consta, señoría.

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