Funerarias S.A.

Por Gloria Magro.

Servicios-funerarios-2.0

Hace unos días falleció Guillermo Juberías, decano de los pediatras de Guadalajara, justo un día antes de cumplir 88 años. No solo su amplia familia le echará de menos, también nosotros, sus vecinos, vamos a sentir la ausencia de una persona tan afable y socialmente comprometida. La despedida del señor Juberías –Willy para sus allegados-, el pasado Viernes Santo, tuvo lugar en el nuevo Tanatorio de Guadalajara, un recinto de proporciones faraónicas que abrió sus puertas sigilosamente a principios de marzo. Se trata de una construcción sobria y lujosa que se alza imponente sobre dos amplias parcelas del Polígono del Henares. El recinto está adaptado a los nuevos tiempos, pensado a futuro, y ofrece múltiples servicios que amplían el catálogo funerario de Guadalajara y lo llevan a otro nivel.

En el nuevo Tanatorio llama la atención no solo la enorme escalinata de acceso, tan majestuosa, los amplios ventanales que inundan de luz las zonas comunes, sino también las pequeñas dimensiones del oratorio en contraste con la amplitud general de todo el conjunto y sobre todo con la capilla más que generosa con que cuenta el Tanatorio adyacente al Hospital Universitario de Guadalajara, proyectado hace dos décadas. Será que las familias ya no solicitan oficios de cuerpo presente -el nuevo recinto no parece contemplar la ubicación de un féretro ante el altar, por ejemplo- o que la previsión sea de un cambio en las costumbres funerarias hacia ceremonias más laicas. Pocos guadalajareños conocen aún las nuevas instalaciones de la empresa Mémora y sin embargo, tarde o temprano la mayoría de nosotros pasaremos por alguna de sus seis salas, es de desear que como acompañantes, aunque por lógica también acabaremos siendo clientes: mera cuestión de tiempo.

Los servicios funerarios trabajan las 24 horas del día, 365 días al año. Siempre están preparados cuando se les necesita y basta una llamada para que se pongan en marcha de forma inmediata. Cualquiera que haya requerido de sus servicios reconoce la tranquilidad que supone para las familias dejar en sus manos gestiones que resultan penosas y difíciles de afrontar debido al dolor y a la confusión de esos primeros momentos tras la pérdida de un ser querido. Y también que es un servicio costoso cuya minuta se paga una vez en la vida y por la que se prefiere a ser posible pasar de puntillas, sin hacer demasiadas preguntas, aunque esto es algo que a raíz del contexto actual está cambiando.

Durante este último año, los servicios funerarios han sido además un servicio esencial sin cuya colaboración no se hubiera podido gestionar la crisis sanitaria derivada de la pandemia. Junto con los sanitarios, han afrontado en primera línea los efectos del Covid. Como reconocimiento a su labor, el próximo día 2 de mayo la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (PANASEF) recibirá la Medalla de Plata del Gobierno de Madrid. Y pese a todo, una vez se tengan las cuentas de resultados correspondientes a 2020 y 2021, lo más probable es que toda esta sobreactividad ligada al aumento extraordinario de fallecimientos no haya resultado rentable. Es más, según explican sus profesionales, la modificación de los funerales por las restricciones impuestas por el Covid ha supuesto que en muchos casos se deba devolver dinero por servicios contratados pero que no han podido prestarse. Lo sorpresivo de los fallecimientos y del proceso legal ha obligado a que muchas exequias se llevasen a cabo en la estricta intimidad y sin todos los ritos asociados.

Las últimas cifras hechas públicas por PANASEF, que agrupa al 70 por ciento de las empresas funerarias de España, corresponden al ejercicio 2018, cuando se facturaron en torno a 1.530 millones de euros, 25 millones de euros más que el año anterior. Estos datos suponen que la muerte como actividad económica genera en nuestro país casi un 0,13% del PIB, que se eleva al 0,34% al incluir la actividad de las compañías de seguros que comercializan el ramo de decesos. Tras la actividad frenética de este último año es de esperar que la curva de mortandad en España se aplane durante mucho tiempo, no en vano se han ido de forma repentina y en un periodo muy concentrado los clientes potenciales que por el lógico discurrir de la vida y por edad, tenían que haber recurrido a sus servicios de forma escalonada en los próximos años.

Dar sepultura a los muertos es un acto cultural que forma parte de nuestro ADN, el hecho diferencial que nos distingue de los animales y nos identifica como seres humanos. Las ceremonias asociadas a la muerte han evolucionado históricamente ligadas a creencias religiosas y a costumbres arraigadas y compartidas que nos cohesionan como grupo. Cada sociedad dicta como quiere despedir a sus miembros y establece unos procedimientos a los que confiere un envoltorio legal y social. Después, en situaciones extraordinarias como la actual las circunstancias obligan a cambiar de forma súbita todo lo establecido normalizando esta alteración e imponiendo nuevas costumbres que tal vez hayan llegado para quedarse.

En las últimas décadas y con la proliferación de los servicios de pompas fúnebres y de tanatorios públicos, todo el ritual ligado a la muerte y que tradicionalmente se vivía en la intimidad salió de los domicilios particulares y se profesionalizó, aunque la costumbre del acompañamiento social a los familiares -velatorio, oficios religiosos, entierro- continúa muy arraigada. La imposibilidad de una despedida al uso durante la pandemia por restricciones de aforo o prohibiciones directas en los momentos más álgidos de confinamiento ha tenido un efecto devastador. Tener que aplazar las ceremonias o prescindir de ellas ha supuesto en muchos casos una alteración de las costumbres y unos cambios que están modificando nuestra percepción de la muerte: ese fin de camino al que todos llegaremos pero que hasta ahora preferíamos no afrontar o planificar por anticipado. Tenerlo presente a diario durante tantos meses ha hecho que repensemos y nos acerquemos a un momento vital ineludible.

Hasta hace unos años era algo habitual que llamara a la puerta “el (señor) de los muertos“, como se llamaba al cobrador del seguro de decesos que muchas familias contrataban y pagaban en efectivo mes a mes en pequeñas cuotas a lo largo de toda la vida. En tiempos de incertidumbre económica y de carencias, la posibilidad de no poder hacer frente al enorme desembolso inmediato que suponía un fallecimiento era una realidad muy presente. Con frecuencia se contrataba un seguro en el momento del nacimiento de los hijos y muchas familias arrastran ese tipo de pólizas de por vida. Ahora esto ya no tiene sentido, con la anticipación que se desee se puede suscribir un seguro con una entidad bancaria o compañía de seguros que se haga cargo de todo llegado el momento. Se trata de un trámite aséptico, una firma a pie de página en un documento que en muchos casos se prefiere ni leer. Se establece una cantidad a cubrir, se hace el pago total y el día que haya que hacer efectiva la póliza la empresa asignada se hace cargo de las gestiones de forma cómoda y aséptica, facilitando el proceso a la familia.

Las empresas funerarias insisten en que se acuda a ellos en primer lugar, a los verdaderos profesionales del sector, quienes ofrecen las mejores condiciones económicas al prescindir de intermediarios. Y también unas clausulas ajustadas a las necesidades del cliente con la ayuda de asesores especializados. Teniendo en cuenta las tarifas que se manejan y de las que se tiene un total desconocimiento previo, ésta sería una opción muy conveniente. De nada sirve incluir y pagar por anticipado una clausula de repatriación de cadáver a una persona que nunca ha salido de su pueblo, por poner un ejemplo. Y sin embargo, algo así resultaría imprescindible tener cubierto si el interesado desea que sus familiares allá en Bolivia o Ecuador le den sepultura en su tierra natal sin incurrir en unos gastos desorbitados.

Pero lo más novedoso sin duda son los funerales a la carta que permiten que se pueda elegir en vida como queremos que sea todo el proceso de una forma totalmente personalizada. Se trata de un “innovador servicio que permite planificar el funeral en vida y decidir cómo quieres que sea la despedida. Además, es la tranquilidad de dejarlo todo solucionado, tanto para ti como para tu familia ya que la liberas de la toma de decisiones en un momento tan delicado como es la pérdida de un ser querido“, según se puede leer en la web de Mémora, Electium que comercializa este producto en Guadalajara. A partir de cierta edad, la persona interesada puede contratar el producto y dejar así todo preparado para que su adiós sea el de su completa elección, sin que los familiares tengan que ocuparse de nada. De este modo quedarían resueltos todos los trámites con una variedad de opciones amplias y a gusto del cliente. La empresa cuenta con personal especializado y con experiencia en un asunto tan íntimo como es la propia muerte. El servicio funciona con total discreción, mediante cita previa y todo queda decidido y consignado en la seguridad de que no se habrá de pagar nada más en el momento del fallecimiento y por mucho que éste tarde en suceder. Y también que todo se hará según lo solicitado por el interesado. Al parecer, son muchos los guadalajareños que ya han planificado así su final.

Mientras tanto, el nuevo Tanatorio de Guadalajara recibe cada día a familias que lloran una pérdida. Algunas eligen dar cristiana sepultura, otras hacen realidad el deseo del difunto de convertir su cuerpo en cenizas, la opción que según la patronal del sector será mayoritaria para 2025. Deciden el tipo de sepelio, de rituales, de ceremonia… Sea como fuere, se trata de tomar decisiones inmediatas en unos momentos de dolor incapacitante, afrontar un gasto imprevisto y cuantioso entre mil y un trámites inmediatos e inaplazables. Afortunadamente hay opciones que facilitan un momento que nadie cree que vaya a llegar nunca. Pongámoslo fácil, ahora se puede y tal vez estemos más preparados que nunca para afrontarlo.

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