Aquel abril en Guadalajara. La proclamación de la II República 1931-2021. (I)

Por Pedro Alberto García Bilbao (*).

FOTO 2 REPUBLICA GUADALAJARA 3ba carrera sin pie

Guadalajara, 15/04/1931, Manifestación de apoyo a la República a su paso por la calle Ramón y Cajal Foto Copyright: Foto-Estudio José Reyes

La voluntad del pueblo se manifestó el pasado domingo de una manera aplastante. Flores y Abejas (19/4/1931)

Fue un día profundamente alegre (…), un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños. Antonio Machado

A nuestra querida Emilia Cañadas, niña republicana aquel abril, presidenta hoy del Foro por la Memoria de Guadalajara, cuya sonrisa e ilusión siguen alumbrando el día.

Fue, como todos saben, un día de primavera, el 14 de abril de 1931 hace ahora 90 años. Fue una fecha muy singular en la historia de España. Caía un régimen político agotado, decadente y corrupto, abandonado incluso por aquellos que lo sostenían, y el pueblo llenaba las calles de forma masiva, ordenada y alegre, celebrando con esperanza e ilusión un nuevo día, una promesa hecha realidad y que llegaba con toda naturalidad, como si fuese lo más normal. El mundo entero asistió estupefacto a aquel espectáculo de civismo, ciudadanía y alegría colectiva.

El viejo tocón milenario de España, revivía con brotes jóvenes y hermosos que alumbraban al aire cuando ya no se les esperaba, como el poema de Walt Whitman dedicado a la República de 1874 había recordado en su día. La bandera tricolor de España, la de la nación española sin la intromisión de la dinastía,  ondeaba en todo el país, desde Cataluña a Andalucía, desde Asturias a Canarias, desde el País Vasco a Andalucía. La bandera tricolor era acompañada por las otras banderas españolas, había sido una larga lucha compartida y se vivía un triunfo compartido. España se reconocía en su pluralidad, unida por la ilusión de una República que nacía del corazón del pueblo, limpia, pura, sin mácula alguna.

En Guadalajara no fue distinto. Las elecciones municipales se habían celebrado dos días antes. El Conde de Romanones, el ilustre prócer local cuyo poder e influencia en la provincia era enorme,  había empleado su presencia en los gobiernos de la monarquía para extender su influencia cabildeando, colocando, haciendo favores y comprando el voto en las elecciones si era preciso, había acabado por encontrarse ante un gran problema que no podía remediar. La monarquía de la Restauración  se basaba en el falseamiento de las elecciones, en el turno pactado entre dos grandes partidos, era la corrupción institucionalizada: pese a todo el país, gracias a una cierta estabilidad lograda desde 1876 y las libertades formales reconocidas en una Constitución donde la soberanía era compartida entre el Rey y la nación, se había transformado. Las ciudades prosperaban, la opinión publica nacía, periódicos, telégrafo, agencias de noticias, alfabetización, cierto desarrollo industrial, el cuerpo de la nación crecía y el traje ajustado de la Restauración estaba quedándose pequeño; la España urbana se modernizaba y se agudizaba el contraste con las zonas rurales o más alejadas. Un pueblo entero deseaba crecer, respirar, trabajo digno, participar. El movimiento obrero se desarrollaba y unas incipientes clases medias ilustradas y formadas en valores republicanos disputaban el espacio a los poderes tradicionales. Y en Guadalajara también.

Romanones, en cierto modo un liberal que había sabido vivir a caballo del viejo régimen y sus trucos caciquiles para lograr votos en las elecciones, en la diputación o en los ayuntamientos, cada día tenía más dificultades para lograr apoyo a sus candidatos.  Los republicanos de Guadalajara le disputaban los votos en las elecciones desde hacía ya años y había tenido que emplearse a fondo contra ellos, pero le resultaba cada día más difícil; en paralelo a la cuestión política, en el mundo social, el movimiento obrero se extendía al campesinado y las secciones sindicales se multiplicaban, tanto las de UGT como las de CNT. Cuando Alfonso XIII y Primo de Rivera suspendieron la Constitución, lo que lograron fue desprestigiar todo el régimen y se enajenaron a muchos sectores sociales que pudieron haber seguido apoyando la monarquía si el Rey hubiera tenido la generosidad y las luces para seguir otro camino. No lo hizo, y a sus inmoralidades sumó errores que le llevaron al total descrédito. Agotada la llamada “dictablanda”, el Rey nombró al general Berenguer presidente del gobierno y su pretensión era hacer lo que fuese preciso para intentar que todo siguiera igual que antes de la suspensión de la constitución de 1876. Ortega y Gasset llamó a aquel intento tan imposible como fallido, “El error Berenguer” en un artículo de prensa que reflejó a la perfección el sentir dominante en la nación. Ante la imposibilidad de seguir por esa senda, Berenguer dimite y el Rey nombra un nuevo presidente del consejo de ministros, el Almirante Aznar con el cometido de ganar tiempo hasta que se pudieran convocar nuevas elecciones generales. De Aznar se dijo que geográficamente procedía de Cartagena y políticamente de la Luna, y desconectado como estaba de lo que se sentía en la calle, decidió convocar unas elecciones municipales en la convicción de que el viejo aparato caciquil del régimen aseguraría el triunfo a los candidatos monárquicos. Vana ilusión.

Romanones y sus candidatos en Guadalajara, no lo tenían fácil, a ese descrédito de una Monarquía que dejó a España sin Constitución, suspendida ilegalmente, se sumaba el malestar social en la ciudad. La fábrica de motores y aviones, la Hispano Suiza, la joya de Guadalajara que Romanones había logrado atraer en su día a la capital alcarreña, arrastraba una larga crisis y el empleo estaba amenazado. Pero sobre todo se enfrentaban a una coalición de los socialistas con los republicanos, trabajo organizado y sociedad civil democrática, siguiendo el modelo coetáneo de la Tercera República Francesa y el ejemplo de éxito de anteriores elecciones a Cortes, una unidad que sería determinante.

En Guadalajara, el catedrático de Física y Química del Instituto, D. Marcelino Martin, era la cabeza visible de la muy activa agrupación socialista, cuya Casa del Pueblo era centro de una activa vida cultural, deportiva y sindical. Por parte republicana el abogado Serrano Batanero, de Cifuentes, conocedor a la perfección de las necesidades de la provincia, alguien que conocía a las personas pueblo a pueblo, había logrado unir a todas las tendencias republicanas que eran en realidad la expresión de un sentimiento ilustrado, fraterno y patriótico entre una parte cada día más importante de las clases medias, empleados, funcionarios, maestros, profesiones liberales.  No había en realidad enfrentamientos en la ciudad, los conservadores y monárquicos, con el peso de los sectores católicos, lo que estaban era desconcertados tras los virajes del Rey y el desfondamiento del régimen constitucional de 1876. Había inseguridad e incertidumbre en aquella Guadalajara, pero no miedo y lo que se abrió paso al final fue la esperanza.

Y la esperanza llenó de votos las urnas aquel día 12 de abril.

Con los recuentos y resultados primeros se vio un resultado inesperado. En ciudades importantes, en comarcas decisivas, en múltiples lugares considerados feudos tradicionales de la derecha monárquica, las candidaturas republicano-socialistas ganaban.

El gobierno quedó estupefacto con las noticias que llegaban al despacho del ministerio de la Gobernación en la puerta del Sol. Barcelona, perdida, Sevilla, Bilbao y Madrid, por todas partes. Habían planteado las elecciones para ganar tiempo y se encontraban con una derrota catastrófica. La coalición ganadora, la alianza republicano-socialista, tenía un comité permanente, habían planteado las elecciones como  un plebiscito y acudieron a las elecciones con un discurso claro y explícito. Y habían ganado. Tan claro fue el resultado, que el Rey y su gobierno entendieron perfectamente el mensaje. Solo cabían mantenerse por la fuerza, pero el Rey no encontró los apoyos para seguir ese camino y comprendió que no tenía mas remedio que marcharse.

El gran temor era el vacío de poder, pero no lo hubo, pues con un gran sentido de la responsabilidad y un sentido de estado a la altura del momento, el comité republicano se erigió en gobierno provisional, y Maura, Azaña y Alcalá Zamora marcharon a pie entre la multitud hasta la Puerta del Sol y al llegar ante la guardia del Ministerio de la Gobernación, allí, con toda naturalidad y con firmeza, pidieron se abriera paso al gobierno provisional de la República, las puertas se abrieron y ya el en el despacho del ministro, donde los telegramas que anunciaban que multitud de ayuntamientos electos izaban la bandera tricolor de la España que asumía su destino en sus propias manos, anunciaron que España tenía gobierno y que la República garantizaría la libertad de todos. Salieron al balcón e izaron la bandera ante una multitud entusiasmada, donde solo había sorpresa, alegría y un sentimiento de fraternidad que llevaba a abrazarse entre lágrimas y canciones.

El día 14 de abril en Guadalajara.

En Guadalajara el día 14 amaneció con la  noticia del resultado tras acabarse el escrutinio local. La candidatura republicano socialista había más que duplicado en concejales a la conservadora monárquica. Queden los nombres para la historia.

Fueron electos 14 concejales republicanos (6) y socialistas (8): Marcelino Martin, Diego de Bartolomé, Antonio Cañadas, Felipe Gálvez, Federico Ruíz, Rafael Alba, Eladio Mauricio, Facundo Abad, Gervasio Gamo, Crispín Ortega, Ricardo Calvo, Miguel Bargalló, Francisco Canalejas y Saturnino Pedroviejo.

Los concejales electos conservadores y monárquicos fueron 6: Daniel Carretero, Rafael González, Juan Gallo, Eugenio Gil Lamparero, Antonio del Vado y Francisco López Moratilla.

Eran todos hombres. Habría que esperar seis años a que las primeras mujeres fueran electas como regidoras, ya en 1937. Pero en aquellos días de abril, como en los años inmediatos anteriores, las mujeres estaban en todas partes, en primera fila, haciendo que todo aquello fuera posible.

Ante tal resultado, quedaría acreditado el impacto emocional sufrido por el Conde de Romanones, quien al comprobar que en su feudo tradicional quedaba laminado él mismo, comprendió que la suerte sufrida por los monárquicos en toda España iba a seguir el mismo destino.

La mañana del 14 quedó llena de expectación, reuniones, corrillos y llamadas. En Eibar, reunidos los concejales electos en pleno municipal el día 13 habían proclamado la República, siendo los primeros en alzar la Tricolor y comunicarlo a España entera.  De muchos otros ayuntamientos llegaba la misma nueva. En Guadalajara, como siempre, las miradas se centraron en Madrid. ¿Qué está pasando en Madrid?

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(*) Pedro Alberto García Bilbao es doctor en Ciencias Políticas y Sociología, profesor titular (URJC) y presidente del Foro por la Memoria de Guadalajara. Ha publicado entre otras obras, “La represión franquista en Guadalajara (1939-1952) (Silente Académica 2010) y “Los campos de Guadalajara. La vitoria dell´antifascismo internazionale (2008, Edizioni SEB27).

Un pensamiento en “Aquel abril en Guadalajara. La proclamación de la II República 1931-2021. (I)

  1. Junto al cementerio fue asesinado a causa de una sentencia sumarísima militar, sin siquiera derecho a ejercer recurso, el Alcalde de Pastrana, Emiliano Orasio Yuntas, “un peligroso revolucionario”, peón, socialista, 29 años y padre de dos niñas. Por entonces el apellido Irízar ya se hacía nombre en el ámbito judicial de la provincia.

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