Aquel abril en Guadalajara. La proclamación de la II República 1931-2021. (II)

Por Pedro Alberto García Bilbao (*).

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Guadalajara, 15/04/1931, Manifestación de apoyo a la República a su paso por la Carrera de San Francisco. Foto Copyright: Foto-Estudio José Reyes

En Guadalajara el día 14 amaneció con la  noticia del resultado tras acabarse el escrutinio local. La candidatura republicano socialista había más que duplicado en concejales a la conservadora monárquica. Queden los nombres para la historia.

Fueron electos 14 concejales republicanos (6) y socialistas (8): Marcelino Martin, Diego de Bartolomé, Antonio Cañadas, Felipe Gálvez, Federico Ruíz, Rafael Alba, Eladio Mauricio, Facundo Abad, Gervasio Gamo, Crispín Ortega, Ricardo Calvo, Miguel Bargalló, Francisco Canalejas y Saturnino Pedroviejo.

Los concejales electos conservadores y monárquicos fueron 6: Daniel Carretero, Rafael González, Juan Gallo, Eugenio Gil Lamparero, Antonio del Vado y Francisco López Moratilla.

Eran todos hombres. Habría que esperar seis años a que las primeras mujeres fueran electas como regidoras, ya en 1937. Pero en aquellos días de abril, como en los años inmediatos anteriores, las mujeres estaban en todas partes, en primera fila, haciendo que todo aquello fuera posible.

Ante tal resultado, quedaría acreditado el impacto emocional sufrido por el Conde de Romanones, quien al comprobar que en su feudo tradicional quedaba laminado él mismo, la suerte sufrida por los monárquicos en toda España iba a seguir parecida suerte.

La mañana del 14 quedó llena de expectación, reuniones, corrillos y llamadas. En Eibar, el 13 se había proclamado la República y al parecer en muchos otros ayuntamientos. En Guadalajara, como siempre, las miradas se centraron en Madrid. ¿Qué está pasando en Madrid?

A las cuatro de la tarde, Unión Radio informaba oficialmente de que la bandera tricolor de España ondeaba en el Ministerio de la Gobernación en la Puerta del Sol y en el Palacio de Telecomunicaciones en Cibeles y que el gobierno provisional de la República llamaba a la tranquilidad de todos. Ante tales noticias, el comité republicano de Guadalajara, reunido de forma permanente en la Casa del Pueblo, salió a la calle y bajó desde la Plaza de Marlasca (hoy Santo Domingo) por la calle Mayor hasta la Plaza del Ayuntamiento (entonces plaza Mayor). El ambiente era festivo y expectante, bajaron con banderas tricolores y guiones de los sindicatos, con el comité abriendo la marcha. La plaza se llenó rápidamente.

En el ayuntamiento, el alcalde Francisco de Paula Barrera, se comportó de forma correctísima. Los candidatos electos fueron recibidos en el despacho del alcalde al que expusieron educadamente que conocida la proclamación de la República, procedía el izado de la bandera tricolor en el balcón del Ayuntamiento.

El alcalde De Paula Barrera explicó que sin ordenes expresas del gobierno no podía admitir tal acción de buen grado. Los concejales electos le rogaron cediera al acto simbólico del izado de la bandera de la República pues tal había sido la voluntad expresada por el pueblo y el caso es que minutos después, sin mayor problema, en el balcón ondeó al viento la bandera tricolor. Barrera era abogado y periodista y del partido de Maura, quien en 1931 era parte de la alianza republicana. Cuando había sido nombrado por el gobierno como alcalde en 1930, había coincidido con Fluiters en una visión crítica de la dictadura de Primo de Rivera y su grupo Unión Patriótica que le había ayudado a sostener el régimen en los años con la constitución suspendida. Esta visión, conservadora, sin duda, pero moderada y constructiva en esas horas de De Paula Barrera, unida al civismo de los concejales republicano socialistas, facilitaron el momento.

Marcelino Martín y otros concejales se dirigieron a la multitud desde el balcón del ayuntamiento. Martín comunicó que la República había sido proclamada y llamó a todos a conducirse con respeto y mesura. Entre las aclamaciones que siguieron, se alzó la voz del concejal Jorge Moya. Recordó a todos el sacrificio de los capitanes Galán y García Hernández y glosó sus figuras, pidiendo en aquellos momentos de triunfo y alegría un minuto de silencio en su memoria. La multitud guardó respetuoso silencio, pasado el minuto sonaron el Himno de Riego y la Marsellesa socialista tocados por la banda de la Casa del Pueblo y cantados con gran emoción por la mayoría de los presentes. Acabado el acto, en el ayuntamiento, se acordó proceder al traspaso de poderes lo antes posible, disponiéndose la formación de la nueva corporación municipal cuatro días después, el día 18 de abril.

El día 15 de abril

El gobierno provisional ya gobernaba. El gobernado civil saliente, Goyanes, recibió su destitución y se nombró como gobernador interino al Presidente de la Audiencia Provincial el magistrado Napoleón Ruíz Falcó, en tanto llegase el nuevo, el periodista sevillano González Taltabull.

Se declaró festiva la jornada y el cierre de fábricas, escuelas y comercios. En la mañana la gente ya llenaba las calles. Los obreros de la fábrica de motores y aviones Hispano-Suiza salieron del barrio de la estación y subieron la calle Mayor hasta la Casa del Pueblo donde ya se concentraban muchas personas. Era una curiosa mezcla. Los obreros, organizados por sus secciones sindicales con sus guiones rojos, vestidos con sus ropas de domingo, mezclados con los empleados de comercio, los obreros urbanos, los funcionarios, los maestros, los profesores del instituto, los burgueses republicanos, abogados, médicos, los estudiantes y por todas partes los jóvenes y las muchachas, las familias con los niños, las pequeñas con lacitos en el pelo, una multitud unida, que era ahora pueblo.

Salió el comité republicano, ahora concejales del ayuntamiento y marcharon juntos abriendo el paso por la Carrera abajo, la calle que marcaba la antigua muralla de la ciudad, lindera con el Parque de la Concordia, y que bajaba hacia la plaza de Bejanque donde estaban los restos del viejo Torreón y la Puerta de la ciudad. Tras los concejales iban los obreros, con sus gorras y sus chaquetas y pañuelos de domingo, marchando por oficios en grupos nutridos, con los tipógrafos socialistas los primeros, orgullosos de su Guadalajara que viera formada la primera agrupación del PSOE en toda España. Pero junto a los obreros, fueran de la UGT o de la CNT, marchaban una multitud muy plural y eso era lo nuevo y hermoso, era un día para todos, pues la República era una promesa incluyente, la de una patria española compartida. Aquellos árboles de la libertad plantados hacía ya dos generaciones habían dado fruto.

Se sumaban a la manifestación grupos venidos en coche de otros pueblos de la provincia, engrosando la multitud y llenando con sus banderas y guiones el aire. De Fontanar vino la agrupación republicana Galán y García Hernández. La marcha era alegre, no era compacta, sino similar a un paseo del pueblo por una ancha avenida un día de primavera. Algunas muchachas, cogidas entre sí del brazo como hacen las adolescentes, portaban sus mejores galas con escarapelas prendidas en el pecho o con gorros frigios. Y banderas muchas banderas. Varias bandas de música (la de la diputación, la de la Casa del Pueblo, la del Ateneo Instructivo del obrero) acompañaban el paso poniendo música al aire de la mañana.

La marcha siguió por Ingeniero Mariño .Mariño había sido un ingeniero de la diputación que junto a mi pariente, Julio Freijanes, director provincial de Sanidad, había diseñado el tendido de agua corriente a toda la ciudad unos años atrás-, y tras dar toda la vuelta volvió a subir por la calle Mayor hasta de nuevo la plaza de Marlasca (San Ginés), donde desde el balcón de la Casa del Pueblo, los concejales Cañadas, Vera, Gálvez y Ramos se dirigieron a la multitud cerrando la marcha. Este sería el mismo itinerario seguido por el camión que paseó a los presos detenidos en Alicante en 1939 y traídos desde el campo de concentración de Albatera, que como si fuera un auto de fe de la Inquisición, los expuso al escarnio público, infamándoles así, antes de pasar por el tribunal militar faccioso que los condenaría a muerte.

Pero aquel día, el mañana no estaba escrito y tras recogerse a comer y descansar, en la tarde la ciudadanía tuvo una nueva cita en la Plaza de la Concordia. La banda de música de la diputación ofreció un concierto con música española popular, la Marsellesa socialista y el Himno de Riego, rescatado como Himno Nacional, algo que tal vez alguno de los presentes recordara, era guiño histórico de justicia a los liberales José Marlasca y Julián Antonio Moreno, asesinados en Guadalajara por los realistas en 1823, pues en los años del trienio liberal, la canción de marcha de la columna del general Riego había sido ya himno nacional.

Pasaron los días.

El nuevo ayuntamiento se formó el día 18. El alcalde saliente cedió la vara de mando. Se sometió a votación el puesto de alcalde presidente de la Corporación Municipal de Guadalajara, siendo elegido el catedrático de Física y Química del instituto, Marcelino Martín.

En sus palabras al recibir la vara de alcalde, Martín, muy consciente de que Guadalajara había sido ciudad comunera en 1520, dirá: Los Comuneros de Castilla fueron los primeros en luchar contra el poder absolutista de los reyes (…) hoy habéis derribado [la monarquía] con vuestros votos. […] Soy alcalde del Pueblo, los otros lo eran del Rey.

Y así sería. Marcelino Martín, haciendo coherencia con su afirmación de que se debía por encima a la Justicia y a la voluntad del pueblo, llevó su compromiso hasta el final de sus días. La tarea ante él y su generación era inmensa, se entregaron en cuerpo y alma a la tarea de consolidar la República, cuyo éxito sería el de lograr que el libre juego y ejercicio de la democracia marcasen el devenir de la Nación. Romanones en los años siguientes respondió participando con las nuevas reglas constitucionales y dando batalla política, pero ese ejercicio era parte del juego democrático y a la postre contribuía a normalizar las cosas. Y surgieron otras voces, que dejaron atrás a Romanones al que tildaban de liberal, que lo que temían no era el fracaso, sino la consolidación de la joven república, pero la intensidad de la emoción y sentir democrático que el pueblo español mostró aquellos días de abril, la sinceridad y hermandad mostrada en las calles de Guadalajara por su ciudadanía fueron tales que no sería nada fácil la tarea de acabar con aquella esperanza. Aquellos días de abril quedarían para siempre en la memoria colectiva como ejemplo de lo que los españoles llevaban en el corazón.

Y así sería. Marcelino Martín, haciendo coherencia con su afirmación de que se debía por encima a la Justicia y a la voluntad del pueblo, llevó su compromiso hasta el final de sus días.

Antonio Machado, quien estuvo entre quienes alzaron la bandera en el ayuntamiento de Segovia aquel día 14 de abril de 1931, lo resumió así: Fue un día profundamente alegre —muchos que ya éramos viejos no recordábamos otro más alegre—, un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños.

Y así fueron aquellos días de abril en Guadalajara en 1931, en el que un pueblo, al decir del semanario Flores y Abejas (19/4/1931) se había comportado con sensatez, cordura y patriotismo, como lo había hecho en toda España. El futuro aparecía lleno de esperanza. ¿Qué podría salir mal?

s200_pedro_alberto.garc_a_bilbao(*) Pedro Alberto García Bilbao es doctor en Ciencias Políticas y Sociología, profesor titular (URJC) y presidente del Foro por la Memoria de Guadalajara. Ha publicado entre otras obras, «La represión franquista en Guadalajara (1939-1952) (Silente Académica 2010) y «Los campos de Guadalajara. La vitoria dell´antifascismo internazionale (2008, Edizioni SEB27).

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