Argumentos equivocados

Por Gustavo García

Extrañas teorías las que una parte de nuestra sociedad actual procesa con los asuntos que más nos preocupan, o bien, que están archidemostrados que sucedieron y que fue así, tal y como se ha venido contando siempre e, incluso, tratándose de evidencias científicas, que, por tanto, no dan lugar para el debate. Sin embargo, en la historia del mundo no han faltado esas corrientes que han seguido teorías diferentes a las mayoritarias.

Lo que hasta hace poco tiempo era conocido como escepticismo, ahora se llama negacionismo. Se han propuesto diversas motivaciones y causas para el mismo, incluyendo creencias religiosas y egoísmo, o un mecanismo psicológico de defensa contra ideas perturbadoras. El antropólogo Didier Fassin distingue entre negación, definida como «la observación empírica de que la realidad y la verdad son negados», y negacionismo, que él define como «una posición ideológica, a través de la cual el sujeto reacciona sistemáticamente contra la realidad y la verdad».

Negacionistas en Santo Domingo el pasado sábado.
Foto: Nueva Alcarria

Y, lo último que aparece en la punta del huracán es, cómo no, el coronavirus. Viene estando muy de moda en los tiempos recientes negar que el hombre subiese a la luna, que la tierra sea redonda, sino plana, la existencia del propio holocausto, que las vacunas no son útiles, etc., etc. Respetando todas las opiniones, no parece que estas teorías puedan demostrar empíricamente lo contrario. Otra cosa es que sepamos todo cuanto ocurrió en torno a hechos tan significativos como esa llegada del hombre a nuestro satélite; ni lo sabremos nunca posiblemente. Igual los equivocados somos los demás, en todo caso. Eso que vaya por delante.

Pero, siguiendo la lógica, la coherencia y dejando a un lado corrientes de moda pasajeras, más propias de otras épocas, tenemos que creer que –volviendo a la actualidad– la pandemia que nos asola, al menos, en cuanto a sus orígenes, las medidas que se adoptan para paliarla y los estudios que la Covid-19 viene provocando desde hace ya más de un año, son los que nos llevarán a vencerla.

No sólo unos cuantos personajes famosos niegan estas evidencias, hay sectores y personas, individualmente y agrupadas en colectivos, que no creen en lo que las autoridades sanitarias y gubernamentales exponen cada día en los medios de comunicación social. Guadalajara no es una excepción a este tipo de corrientes. Así quisieron dejarlo claro un grupo de seguidores del negacionismo el pasado sábado, día 24, con una concentración de unas 40 personas por el centro de la capital alcarreña. Sin mascarilla y dudando entre guardar o no distancia de seguridad entre ellos, ante las advertencias de las autoridades administrativas, que autorizaron dicha convocatoria con esas condiciones, los presentes intentaron mostrar su rechazo a todo lo que se nos está contando de manera oficial sobre la enfermedad que asola al mundo por contagio. Eso sí, el incumplimiento de alguna de esas normas les puede costar sanciones al menos. Sobre su propia salud, ellos mismos deciden; si bien, el problema es para quien esté cerca y no comparta esas ideas, pero sí que le afecte el contacto con los mismos.

Cuando nos han educado en la certeza de hechos demostrados y la razón se nos ha impuesto, en general, a la fe, es complicado pensar cómo, de repente, surgen teorías de este tipo entre la población. Cabe pensar, en una manera más en su estilo de ‘realidad escondida’, que se nos quiera embaucar para distraernos de otros asuntos de interés, para que algunos países busquen un rearme en su economía –incluso, de grupos o personas en concreto que se beneficien de ello–. No sé. La verdad es que me cuesta mucho ponerme en su lugar. No acabo de entenderlo.

Con los lemas que corearon estos incrédulos el sábado en la Plaza de Santo Domingo de Guadalajara y las pancartas exhibidas, tampoco se acaba de aclarar el panorama. Millones de niños mueren sin acceso a las vacunas y a ti te la ponen gratis; El virus no mata, mata el miedo; Las ayudas que te llegan están en las arcas de las televisiones; Protege a tu hijo; No es una vacuna, es un experimento; etc. Lo cierto es que, uno al menos, no comprende la relación de unas cosas con otras. Y, que el virus no es mortal parece, a primera vista, está fuera de pocas dudas. Sí de algunas, como vemos.

No es la intención cargar también con la culpa de esto a nuestra clase política. Aunque, puestos a buscar explicaciones de por qué hay resquicios en la ciudadanía que se empeña en negar la evidencia, el lamentable comportamiento de muchos de los dirigentes que nos gobiernan puede que ofrezca luego consecuencias de este tipo. Hablamos de promesas, reiteradamente incumplidas, datos manipulados y falsos (también, o quizás más, con la pandemia), medidas cambiantes, incongruencias frecuentes en la toma de decisiones, intereses personales y económicos por encima del bienestar general, mentiras abiertas y descaradas, y un largo etcétera. Puede ser que haya gente tan cansada de todo esto que sea totalmente escéptica a lo que escuchan, leen o ven en los medios.

Otra explicación es que el espíritu reivindicativo de la sociedad de nuestros tiempos nos lleve a mezclar temas y protestar contra el funcionamiento del sistema, en general, agravado también ahora con el recorte en nuestros derechos y libertades con el estado de alarma casi permanente en el que vivimos. Si es así, hay que pensar que los argumentos con los que tales acciones se desarrollan son erróneos y equivocados.

No se puede obviar que hay motivos suficientes para quejarse de muchas cosas. Ahora bien, si esto es negar la realidad para evadir una verdad incómoda –tal como indican algunos autores al respecto–, podemos llegar a vislumbrar ligeramente las mentes de estas personas. No obstante, el negacionismo porque sí parece incomprensible para la mayor parte de la población. Sólo, si acaso, atendiendo a dichas explicaciones de los antropólogos y expertos. Yo, al menos, dejo constancia de que hago el esfuerzo por entender eso de negar la evidencia, pero no lo consigo. Lo siento.

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