Guadalajara 360

Por David Sierra

Es obvio que la llegada del nuevo campus universitario dentro de Guadalajara implicará cambios importantes en toda la ciudad y, muy especialmente, en el casco histórico que albergará una instalación de esta magnitud con todo lo que eso conlleva en cuanto a trasiego y movilidad en una zona que a lo largo de las últimas décadas ha experimentado un continuo decaimiento de la actividad, fruto de la inoperancia de las diversas corporaciones municipales que han gobernado la capital para establecer un plan de presente y futuro que permitiese aprovechar todas las fortalezas que ofrece el núcleo más antiguo de esta urbe.

La segunda teniente de alcalde y concejala delegada de Casco Histórico de Guadalajara, Sara Simón, se mostraba confiada en que este mismo verano pudiese presentar un nuevo plan para la zona centro con el propósito de convertirlo en “una isla medioambiental a ejemplo de Madrid Central”. En el marco de reducir las emisiones de CO2 que las principales ciudades deben llevar a cabo para cumplir con el objetivo marcado por la Unión Europea de alcanzar el 55% de disminución de estos gases en 2030 y a lo que en buena parte estarán sujetos los fondos europeos para la recuperación económica, el proyecto que pretende impulsar la concejala se ha convertido en una imperiosa necesidad para no quedarse atrás en el reparto.

Calle Mayor de Guadalajara. Foto: Ayuntamiento de Guadalajara.

La urgencia de trazar líneas de actuación que afecten al centro de la ciudad salta ahora a la palestra mientras en el cajón de las oficinas municipales ha quedado relegado al ostracismo el último plan dinamizador de este entorno, fechado en 2016, en el que cinco técnicos municipales ya habían enumerado de manera acertada y sobre el papel los principales problemas que aquejan al casco histórico y su consecuente devaluación. Entre ellos, la degradación de los edificios más antiguos y el creciente abandono del centro de la ciudad a consecuencia de planificaciones anteriores con resultados catastróficos en este sentido; y la ausencia de medidas de protección efectiva de todo ese patrimonio edificado que ha llevado a que los propietarios de estos inmuebles optasen por abandonarlos hasta la ruina antes que rehabilitarlos y mantenerlos, evitándose así el coste económico que eso conlleva. El fruto de estas incidencias ha sido elocuente: envejecimiento poblacional, pérdida de actividad comercial, el traslado de las administraciones públicas a edificios de la periferia, la degradación visual que afecta también al propio patrimonio monumental, la escasez de servicios públicos y la degradación medioambiental ante el distanciamiento, cada vez mayor, de los nuevos desarrollos con el centro que implica un uso habitual del vehículo y la necesidad de ocupar un mayor espacio para aparcamientos. El texto también incide en la ausencia de alternativas que puedan albergar aquellos inmuebles de importancia indicando que “no existe un estudio pormenorizado de cada uno de ellos que defina exactamente los elementos de valor a proteger. En muchos de ellos el valor es puramente urbano y de comparsa en el ámbito donde se ubican”.

A partir de aquí, la estrategia contiene una serie de medidas para dar solución a las deficiencias detectadas. Sin embargo, muy poquitas se han llevado a la práctica de manera efectiva, más que para obtener la fotografía de rigor, por lo que hasta la fecha los resultados han sido más bien desalentadores. Una aplicación más exhaustiva de los postulados recogidos y planteados en este documento no requeriría llevar a cabo muchas más estrategias adicionales. Sin embargo, la disyuntiva en la situación actual en la que se encuentra el centro urbano de la ciudad radica en apostar por una línea modernizadora que implique una renovación integral de esta parte de la ciudad manteniendo únicamente aquellos edificios de gran valor patrimonial integrados en nuevas pautas edificadoras que de cara al futuro puedan mantener una integridad e identidad del todo el espacio como valor en su conjunto; o bien mantener, con las dificultades económicas que ello implica, todo lo que aún queda en pie. Y aunque quedarse en medio de ambas no debería ser una opción, las declaraciones formuladas por Simón presumen que es lo más probable que suceda.

Generar una “Guadalajara Central” implica tomar medidas de un inmenso calado como incrementar las zonas de peatonalización, potenciar el transporte público y fomentar otros medios de movilidad sostenibles con el medio ambiente como la propia bicicleta, adecuar el mobiliario urbano a los nuevos enfoques y apostar por una reducción profunda del espacio destinado a los vehículos tanto en movimiento como estacionados. Supone modificar los hábitos de los guadalajareños en múltiples aspectos que puede alcanzar incluso al modo de consumir. Requiere una interiorización conceptual difícil de asumir, más aún si los que tienen que encabezarla titubean. Y anuncios tan contradictorios como las bonificaciones en los aparcamientos o el desdoblamiento del conocido como Eje Cultural no ayudan a ello y acercan más la propuesta a una ‘Guadalajara 360’.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .