Pagar en la A2

Por Gustavo García

Pues, no parece una broma, no. Esta semana volvía a saltar la noticia de que el Gobierno español presentará a Bruselas la idea de cobrar por circular en las autovías y autopistas del país, es decir, convertirlas todas en carreteras de peaje. Se trata de la segunda ocasión en que el asunto sale a la palestra y eso hace encender las alarmas. Lejos de un posible globo sonda que a veces lanzan los dirigentes a la población para ver cómo se acogen algunas de sus ideas más impopulares y actuar en consecuencia, como si de una encuesta se tratase, o bien, para ir preparando al personal de lo que se avecina, parece que esto cuaja y avanza. En su momento también ya se lanzó esta intención a la opinión pública y ahora, diferentes medios y redes, se han hecho eco de la noticia.

Al parecer, se incluye dentro del llamado ‘Plan de recuperación, transformación y resiliencia’, que hemos ido escuchando al presidente y que no sonaba como más allá de unas palabras que en ocasiones se sacan los políticos de la manga para ser originales y marcar tendencia, al estilo de hoy en día. Sin embargo, todo apunta a que es parte de un plan que el Ejecutivo nacional enviará a Bruselas a fin de justificar la  inversión de los 140.000 millones de euros del Fondo de Recuperación que la UE enviará a España hasta el año 2026 por los efectos causados en la economía nacional de la crisis de la pandemia. Y, es que el documento es tangible, no una ilusión de la prensa. De hecho, en su página 127 dice que “es preciso desarrollar un sistema de pago, por uso de la red de vías de alta capacidad, que permita cubrir los costes de mantenimiento e integrar las externalidades negativas del transporte por carretera, como sucede en el resto de infraestructuras”.

Eso sí. Todavía está en pañales y los retoques podrían ser variados, incluso, si la presión contra la medida que ya se ha iniciado, aumenta, hasta con suerte podría desactivarse. Sin embargo, de momento, el plan está en marcha; el documento existe y, no será tan fácil hacer desistir a nuestros actuales dirigentes de su golosa y original idea. Claro, no conocemos de qué manera se controlarán los desplazamientos, si el coste es por kilómetro recorrido –como todo indica–, si las vías quedarán libres para los que van a trabajar y según qué trabajos…

Nada bien pintan medidas de este tipo para Guadalajara. Una provincia, que, por sus características orográficas y de estructura poblacional, es preciso atravesar en gran parte de su extensión –de Este a Oeste y al contrario– a través de la A2, nuestro verdadero y tradicional pulmón comunicativo por carretera. Los movimientos entre la siempre vecina Comunidad de Madrid –ahí al lado, con todo lo que supone–, el paso hasta Soria, Zaragoza o Barcelona, la comunicación con el Señorío de Molina y la ventaja vital de esta importante vía de comunicación para acceder en condiciones a una pléyade de pueblos de Guadalajara, la hacen decisiva para el desarrollo industrial, turístico y rural de la provincia.

Además, en la parte negativa se vienen apuntando ya los problemas que puede causar esta terrible medida para las carreteras secundarias y las implicaciones que ello conlleva. Entre ellos, uno sobresale de los demás: la siniestralidad. Y es que, todos sabemos que cuando nos aprietan el bolsillo –y, más ahora, con la que está cayendo– buscamos alternativas. En este caso, de rutas para no pagar hasta los 0,05 euros por kilómetro que se estima costaría esta ‘genial’ idea. En la positiva, al contrario, sería que muchas poblaciones podrían tener algo más de vida, como ocurriera antes de la proliferación de las variantes que les alejaron del paso de vehículos y de sus ocupantes por tantos y tantos pueblos. Lo que se produjo por pura evolución y desarrollo, ahora resulta que volvería atrás en ese progreso. Increíble, pero cierto.

Lo que está claro es que la falta de ingresos, entre otras cosas, por haber liberalizado varias autopistas de peaje de nuestro país, sobre todo, en el levante, hace que los actuales rectores de las directrices nacionales piensen en fórmulas para ir rellenando las paupérrimas arcas estatales. Y, quién lo paga de nuevo. Pues, la clase media. Sea ésta u otra medida, la crisis sanitaria puede hacer aún más ricos a los ricos y más pobres a los que menos tienen, como siempre. Las redes sociales ya arden y se han aprestado a recoger firmas para intentar llegar a las 15.000, en la página más conocida en este ámbito dentro de internet –change.org–, y decirle al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana que “no imponga el cobro por el uso de todas las autovías y autopistas del España”. A última hora de ayer se acercaba a las 5.400. Cierto es que habrá que darle vueltas a la búsqueda de ingresos –al margen de la subida de impuestos, que ya hay que ir dando por hecha en buena lógica– y que todos tendremos que apretarnos el cinturón. Sí, pero, por favor. Dejémonos ya de ir siempre a por los mismos. Y más todavía. ¿Por qué se liberalizan unas vías que tienen alternativas más plausibles que otras y después se piensa cobrar en las que no las tienen o son mucho más peligrosas? Al margen del evidente tinte cara a la galería para sus correligionarios de los autores políticos, la decisión no hay por dónde cogerla. Otra puya más para el desarrollo rural, tan en boca de todos ellos en periodo electoral. Y, así nos luce el pelo.

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