La revolución social del 15M en Guadalajara, cuando la gente se indignaba en la calle por algo más que unas cañas

Por Sonia Jodra

Concentración en la Plaza Mayor de Guadalajara en 2011 (acampadaguada.blogspot).

El 15 de mayo de 2011 las plazas de España se llenaron de gente indignada. Los estragos de la crisis económica del ladrillo se dejaban notar en los cierres de empresas, despidos, ceses de negocios, EREs y la burbuja inmobiliaria pinchada dejaba a familias ahogadas sin poder pagar al banco lo que su vivienda no valía. En Guadalajara la revolución social también llegó a la Plaza Mayor y durante varios días personas de edades diferentes, pensamientos diversos y situaciones divergentes hablaron, sumaron y comenzaron a construir otro mundo posible. Diez años después resulta inverosímil ver el perfil de los nuevos “indignados”. La pandemia ha generado una fatiga social tan severa que hemos confundido vida con libertad.

Este 15 de mayo de 2021 prácticamente todos los problemas que llevaron a la gente a tomar las plazas entonces persisten. El desempleo juvenil, la falta de oportunidades, la brecha salarial entre hombres y mujeres, los recortes en servicios públicos, la precariedad laboral, el precio de la vivienda… Pero hoy convivimos con una pandemia que ni los “orwellianos” hubieran imaginado entonces. Sí que es cierto que 2011 cerró en la provincia de Guadalajara con una tasa de paro del 21,1 por ciento, mientras que en el primer trimestre de este año se ha registrado un 13 por ciento. Esos ocho puntos de diferencia suponen un avance importante a nivel económico que certifica la salida de la crisis que en aquellos años socavaba la estabilidad económica de muchas y de muchos. Además, el precio del metro cuadrado de vivienda nueva en 2011 se situaba en 1.421 euros, mientras que el último dato de este año lo fija en 1.046 euros. El precio de la vivienda se ha moderado, después de que alcanzara su máximo histórico en 2007, cuando en Guadalajara el precio del metro cuadrado subió hasta 1.586 euros.

Conseguimos salir de la crisis pero con heridas que aún hoy siguen sin cicatrizar. Aquella revolución ciudadana paró desahucios, frenó los abusos de los bancos y forzó decisiones políticas destinadas a proteger los derechos de los consumidores frente a la banca y las grandes compañías. Pero en nuestro país tenemos una tasa de pobreza infantil del 27,4 por ciento, encabezando la lista de la Unión Europea junto a Rumanía, Bulgaria e Italia. Y somos líderes en la UE en desempleo juvenil, con un 39,9 por ciento entre los menores de 25 años.

Quedan muchos problemas sociales por resolver y por eso sorprende que en la última campaña electoral, la del pasado 4M en Madrid, no se haya hablado de ninguno de ellos. La posibilidad de ir a los bares, al teatro o a comer a una terraza han sido las únicas cuestiones determinantes a la hora de decidir el voto. En marzo de 2020 perdimos nuestra vida cotidiana a causa de la pandemia y recuperarla en sus detalles más triviales y frívolos ha sido lo único que ha hecho salir a los madrileños a la calle, a votar.

La pandemia ha venido a cambiarlo todo, esperemos que de forma provisional. Pero sí que es cierto que los movimientos ciudadanos del 15M vinieron a generar una cultura de cambio que aún hoy persiste. Herederos del 15M en Guadalajara fueron los movimientos de apoyo a los 5 del Buero, los cinco profesores y activistas juzgados por manifestarse durante el Pregón de las Fiestas de 2011. La cultura del 15M impregna iniciativas sociales como el Rincón Lento. Y desde aquel 2011 en todos los comicios municipales de la capital han concurrido movimientos ciudadanos auspiciados bajo unas u otras siglas: Más de Un Ciudadano, Aike… Aquella revolución social impulsó buena parte de las protestas contra los severos recortes aplicados en los servicios públicos en los peores años de la crisis, desde 2012. Muchos de aquellos activistas se encerraron en el BBVA del Jardinillo para evitar que desahuciaran a María, la mayoría acudió a abrazar el Palacio del Infantado cuando la privatización amenazaba parte de sus usos. Lucieron camisetas verdes en defensa de la educación pública y reclamaron la apertura del Teatro Moderno.

Asambleas ciudadanas celebradas en la capital (acampadaguada.blogspot).

En 2011 surgió una cultura colaborativa, sostenible, comprometida con una forma diferente de hacer. No logró cambiar el mundo, pero sí comenzar a hacerlo. Diez años después la gente está más indignada por todo lo que la pandemia nos ha arrebatado que por las desigualdades e injusticias sociales que nos siguen acompañando. Pero la transformación social es así. Una fuerza constante que genera cambio a pesar de las dificultades. ¡Feliz 15M!

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