Un jardín encantador

Por Gloria Magro.

En lo alto de la antigua carretera de Zaragoza, unas alcorques vacíos y unas desvencijadas verjas de hierro ancladas a un antiguo murete de ladrillos resguardan de las miradas lo que en su día fue un encantador jardín público cuya presencia parece haber desaparecido de la memoria colectiva de la ciudad. El pequeño y decadente recinto es el Parque del Depósito de las Aguas, oficialmente hoy Parque de las Cuatro Estaciones y si prospera un proyecto que lleva ya algunos años rondando por los despachos, el futuro Parque de AVICU, lo que podría llegar a ser un aula de naturaleza de carácter didáctico y conservacionista al servicio de la ciudad. Su nombre rendiría homenaje a los trabajadores de la antigua empresa colindante, hoy desaparecida.

Cerrado durante la pandemia, el jardín, de 2.276 metros cuadrados, frecuentado en los últimos tiempos por estudiantes del cercano Instituto y paseantes de perros, conserva a día de hoy algo de su esplendor pasado, vestigios de lo que fue y aún podría llegar a ser. Como emplazamiento original de la estatua del Neptuno que hoy está en El Jardinillo, basta con asomarse por entre la reja hoy cerrada para observar el trazado de los paseos, la presencia de árboles centenarios originales de gran valor, el emplazamiento de lo que fue la fuente y también la antigua casa del guarda, cuya arquitectura recuerda mucho a las construcciones del Poblado de Villaflores. Recuperar este antiguo jardín de finales del s.XIX y devolverlo a la ciudad dentro de un proyecto que aúne paisajismo, recuperación medioambiental y un marcado carácter didáctico es el objetivo del experto en ecología urbana y durante décadas referente de la asociación ecologista DALMA, Juan José Calvo y del biólogo Javier Rejos que desde 2018 vienen luchando por que su propuesta salga adelante.

Durante sus muchos años en AVICU, el despacho de Juan José Calvo daba a este jardín singular pero lo que le condujo hasta él, muchos años después, desaparecida ya la emblemática empresa alcarreña y derruidos sus edificios, fue la observación nocturna de autillos. Al parque llega cada mes de abril una de estas pequeñas rapaces que tiene sus cuarteles de verano al otro lado del desafortunado muro de hormigón levantado hace unos años. El parque también sirve de dormidero de aves de paso en su migración anual. Junto con lo que fueron las casas del guarda y los edificios del antiguo depósito de las aguas, hoy ajenos al tráfico y al devenir de la ciudad al otro lado de la vegetación perimetral cubierta de hiedra y viña del Tíbet, todo el recinto acusa el paso del tiempo y de intervenciones poco afortunadas en su más de un siglo de historia. De su mantenimiento se encargan los operarios de la contrata municipal.

Basta con sentarse allí una nublada mañana de primavera, en silencio, a la espera de un rayo de sol, para vislumbrar las posibilidades de un espacio de estas características dentro de casco urbano de Guadalajara y de cuya existencia hay imágenes que datan de 1902 (Libro de postales de Regino Pradillo). Y también para tomar conciencia de los desafíos que presenta desde el punto de vista conservacionista un lugar considerado en la actualidad como un parque público más sin ninguna otra consideración adicional. Y sin embargo, es un recinto de valor histórico cuya construcción y devenir a través de los últimos tres siglos se halla profusamente documentado en el Archivo Municipal de Guadalajara, obra aledaña a la del depósito de agua, fruto de la sensibilidad de la época al estilo de otros proyectos similares. A otra escala pero con una concepción parecida estaría el depósito más famoso del mundo el de Croton, en Nueva York, reformado a finales del s.XIX para albergar la actual Biblioteca Pública de la Quinta Avenida y que también consta de un parque adjunto, el celebérrimo Bryant Park.

“Se trataría de compatibilizar un recinto histórico, cuya construcción está documentada desde 1881, con un proyecto medioambiental y pedagógico al servicio de la ciudad y de sus vecinos”, explica Juan José Calvo mientras desgrana las especies arbóreas centenarias que alberga el jardín, un festival para los sentidos después del agua caída estos días de atrás. El inventario es apabullante pese a lo recoleto del lugar: cedros el Atlas, castaños, pinos nigra… ejemplares añosos que sirven de recurso natural para numerosas especies de aves, como el pico pica, el papa moscas, los estorninos negros, los mirlos, el cerrojillo gris e incluso algún azor ocasional identificado a través de los restos de sus presas. Los dos naturalistas involucrados en la recuperación del recinto llevan desde 2018 inventariado pormenorizadamente toda la biodiversidad existente y su evolución. Dos quirópteros (murciélagos) habitan los restos de un árbol talado y sugieren que la vida se abre paso más allá de los trabajos de mantenimiento que en la actualidad se realizan bajo la premisa de la perfección visual -poda, siega, control de plagas, etc-, al igual que se hace en el resto de parques de Guadalajara, pese a los intentos de Juan José Calvo y de Javier Rejos para que aquí se tengan en cuenta consideraciones medioambientales. Ambos deploran la falta de sensibilidad que demuestran los responsables de parques y jardines legislatura tras legislatura.

Ahora se podría revertir esta situación. Las dimensiones reducidas de este espacio lo hacen más adecuado que La Concordia, y en opinión de ambos conservacionistas perfecto para acercar la naturaleza a los vecinos de la ciudad. Maltratado durante años, víctima de intervenciones poco afortunadas y nada acordes con su trazado original, sería necesario hacer un replanteamiento de las labores de mantenimiento que permitiesen un incremento de la biodiversidad, evitando por tanto las siegas indiscriminadas, el uso de fitosanitarios, de podas sin un criterio claro… Y también elaborar un plan integral de recuperación del entorno para intentar devolverlo a su apariencia original decimonónica, cuando mezclaba elementos propios de un jardín inglés (los parterres, hoy desaparecidos), con una ordenación de tipo francés basada en los paseos y viales que aún se pueden observar.

La Carta de Florencia recoge para la UNESCO la salvaguarda de los considerados jardines históricos –explica la ingeniero agrónomo y paisajista Aída Salas-. En Castilla La Mancha, únicamente tenemos un jardín catalogado como histórico, desde el año 2019, en Talavera de la Reina (Toledo), los Jardines del Prado. En Guadalajara capital hay 19 monumentos declarados BIC (Bien de Interés Cultural), varios de ellos poseen en la actualidad jardines aledaños, siendo los más reconocibles el Jardín del Palacio del Infantado y el de la Iglesia de la Piedad en el complejo del Palacio de los Mendoza. Ambos merecen un mejor mantenimiento, unos cuidados más profesionales y una mayor divulgación”. Para la responsable de la empresa Verde y Paisaje, en el caso del parque del depósito, “sabemos que no estamos ante un jardín catalogable como histórico, pero sin duda, es un jardín de interés, la baja afluencia de público le otorga un toque de jardín secreto muy sugestivo y este mismo hecho le convierte en lugar elegido para muchas aves para anidar y pernoctar, de lo que se encarga de observar Juanjo”.

No hay insectos en el Parque del Depósito de las Aguas, tampoco mariposas; de hecho, apenas los hay en las zonas verdes de la ciudad pese a que su presencia es fundamental para atraer a las aves. Si prospera algún día el proyecto que Juan José Calvo y Javier Rejo llevaron hace tiempo ante el pleno del Ayuntamiento, y que han presentado reiteradamente ante los sucesivos responsables municipales en estos últimos años, este lugar podría recuperar esa biodiversidad perdida. “Nuestras premisas son las de conocer y divulgar“, recalca Calvo, mientras un operario siega el césped y se pierden ante nuestros ojos las semillas que tanto valor tienen. “De este parque debería de salir un proyecto para los vecinos de Guadalajara; aunar su mantenimiento con la recuperación de su uso medioambiental, formativo y de divulgación. En esos edificios abandonados podría instalarse un aula de naturaleza, una biblioteca. La familia de Floreal Pastor –presidente honorífico de DALMA, recientemente fallecido., donaría su biblioteca y muchos de nosotros también lo haríamos“. Y ante nuestros ojos aparece de repente la visión idealizada de lo que podría llegar a ser: imaginarios cipreses de bienvenida que sustituyesen extramuros los alcorques hoy vacíos, el perímetro recuperado una vez desapareciera el hormigón actual que tanto daña en este entorno la vista, las edificaciones incorporadas como lo estaban en el s.XIX… Vuela la imaginación y vuela el tiempo mientras las nubes amenazan lluvia sobre nuestras cabezas mientras el operario deja el cortacésped y se sienta a hacer su pausa de media mañana.

La propuesta de un uso público de carácter educativo para el pequeño parque del depósito que devuelva a la ciudad un jardín encantador y olvidado está ahí, esperando que la administración local recoja el guante. El componente de investigación y de difusión de la naturaleza propuesto es un valor añadido que hace a este proyecto de recuperación del patrimonio de Guadalajara aún más atractivo. Mientras, al otro lado de la valla en el solar de lo que hasta hace unos años eran las instalaciones de AVICU, pronto habrá un nuevo desarrollo urbanístico con viviendas de diversa tipología y zonas ajardinadas. Casi cinco hectáreas que se urbanizarán en un futuro próximo y que con un poco de sensibilidad podrían incorporar estas antiguas instalaciones y su parque.

Los paisajistas están acostumbrados a abarcar con la mirada el pasado, presente y futuro de estos entornos olvidados. Aída Salas recoge el latir del pequeño jardín: “Los jardines son los palimpsestos de la historia, en palabras de Carmen Añón, Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales 2017. El parque que vemos ahí no es el original, pero el original está ahí: se siente, se intuye…como los grabados de los papiros”.

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