El libro y sus ferias

Por Ana Belén Guitiérrez (*).

Foto: Tu otro diario.

El libro y sus ferias. Un libro, un tesoro. Una extensión de tu mano que traduce, cuenta,
traspasa, sostiene y abrasa. Te hace viajar a su lado, sostiene un silencio no camuflable entre páginas. Fiel compañero, maestro e inventor de todo lo sagrado. Una vigilia entre capítulos, como memoria contada. Una ciclogénesis cinematográfica, una fábula de tu vida, un desconocido que aguanta. No tiene edad ni traiciones. Él siempre te acompaña. Es necesario compartirlo como líneas incondicionales que no tienen escrúpulos al lector. Araña, entusiasma.

Las vocales escritas que reflejan el alma, también te viaja, te transporta, te sacude. Un peregrinaje por las ganas plausibles de narrar, desfile de cuentos, mensajeros relatos. Amigo que descifra un nuevo código, un poner para siempre en tinta y modo. Libro inmortal de cualquier calendario. Todos los días son suyos cuando descansas en sus brazos. Milagros escritos que caminan por la expedición de la verdad. La lectura de sus hilos entrelazan la capacidad de simular una realidad que es tan necesaria como él. El libro nos dejó sus puertas abiertas para poder alimentar aquello que es un bien inmaterial como sería el conocimiento.

Y cierto es, que cuando hablamos de sabiduría, afirmamos que es algo bien valioso y que nadie nos la puede quitar. No existe una definición unívoca sobre lo que produce abrirlo pero si que podemos centrarnos en la sensación de entrar en una biblioteca o parar a
ver un escaparate donde los títulos nos embriagan de emociones. Es bien sabido, que desde tiempos remotos las ideas se traducen en palabras y estas hacen eco a los que las escuchan, pero son imperecederas si se escriben.


La feria del libro, por tanto, es una fiesta, una exposición de colores, una muestra de autores, un festival de la lengua que como ofrecimiento, te convida a pasear para poder llevarte un libro elegido a tu estantería. Cuentan que la primera Feria del Libro fue aprobada por el rey Alfonso XIII en el año 1926 y que como evento en el que se reunía casi toda la ciudad, no dejó de popularizarse por toda la península. La primera Feria de la capital se organizó como parte de la agenda cultural de la Semana Cervantina en 1933. Aunque se dice que en 1929 el gremio de libreros de Barcelona decidía en ese octubre crear un evento para vender libros. Y seguramente, ya hacía años que tal preciado tesoro habría usado como trueque.


Los libros en algunos lugares y ocasiones, eran considerados prohibidos, profanos, censurados o quemados. Tal alto grado de potencialidad poseían. Por ello, no debemos esperar al 23 abril para rendir veneración al libro y sus creadores, ya que como muchas fechas en el almanaque actual, todos los días son buenos para conmemorar. Es cierto, que tal día es dedicado en el santuario a San Jorge o San Jordi, el protagonista de esa jornada, en cuya leyenda aparece un rosal que recuerda e incita al regalo que ese día la gente entrega junto con un libro. Es bonito que la casualidad hace que en esa data exista la coincidencia mágica; la muerte de escritores como Shakespeare, Cervantes o Garcilaso de la Vega, en 1616.


El pasado mes de abril no pudimos rendir en nuestra ciudad la honra, la cortesía y la
admiración fundada con la gratitud que tal objeto se merece, ya que el refuerzo en fase tres
obligó a que la situación en la ciudad cambiara y se suspendieran los encuentros culturales con aforo de varias personas justo para ese día. Con esa sensación de querer rendir tributo este año, llega La Feria alcarreña en nuestro parque, feria de ese libro que no descansa, resiste y revive. La Feria del Libro de Guadalajara homenajea su presencia en reconocimiento. En el parque de La Concordia todavía existe la memoria. Y entre editoriales y librerías, se honra lo que viene a ser el objeto que cambió a la vida de la humanidad y que por tanto, es mucho más que eso. Una fiesta entre stands por los que pasear entre aventuras y melancolías. Un encuentro con el artilugio que a veces, hoy en día, ya podemos echar de menos.

En la actualidad los efectos que poseen los libros, todavía tienen las mismas propiedades que en el pasado. Es decir, que es bueno percatar que al leer, ocurre lo mismo que desde el origen de los tiempos ocurría; al abrir un libro te trasladas a otra época sin moverte del lugar y todos los estudios están basados en manuscritos históricos que procedían de las ganas de ser perpetuados. Primero fue el lenguaje oral que contaba e informaba de las noticias y más tarde, el lenguaje que ansiaba dejar perpetuados los discursos y que estos dejaran de ser efímeros.


Y es que la evolución de la sociedad la podemos ver plasmada en el avance histórico del libro, de la oralidad, al libro en la imprenta mecánica hasta más tarde en la pantalla digital. Muy rápido es su progreso que deja las tintas y los escribanos por los ebooks y las narraciones grabadas en audiolibros.

La lectura tiene tanto valor que es incalculable y como dijo Gabriel Celaya, “es un arma
cargada de futuro
”. Un arma para esta pandemia en un futuro mutable y caracterizado por la incertidumbre que recorre nuestros tiempos actuales, pero un arma feliz, que al convertirse, en herramienta amistosa, nos ofrece las razones para llenarnos de optimismo y disfrutar de las firmas, las presentaciones y recitales que en el parque se celebran este fin de semana de mayo en las calles por fin. Porque todos los días son magníficos para perdernos entre las páginas de estos libros preciados y fieles.

Ya la Biblioteca Municipal quiso dedicar sus actividades de todo el mes de abril al libro, muestra de lo cual, hace que no nos olvidemos, a pesar de todo, de la cultura. Por si nos quedó algo de mal sabor de boca al no podern reunirnos. Ahora si, nos invitan a hacerlo en un ambiente al aire libre, abierto y con medidas, para que no haya excusas y podamos sentirnos, junto a ediciones y buenos regalos, un buen camino en nuestro cotidiano:
Gracias, amado Libro.

3a7f37c6-c718-49d3-bd8e-d82031575810(*) Ana Belén Gutiérrez  (Guadalajara, 1985), es una alcarreña nómada y viajera. Poeta, periodista y filóloga, es licenciada en Periodismo por al Universidad Complutense de Madrid y en Literatura Comparada por la Universidad de Granada. Ha residido en Brasil y en el Caribe colombiano y actualmente realiza un máster sobre Literatura y Cultura en la Universidad de Santiago de Compostela. Sus estudios hoy se centran en la lírica femenina en tiempos posvanguardistas y ha publicado varios libros sobre poesía y prosa poética. Ana Belén se define como defensora del verso libre. 

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