Ambiciones

Por David Sierra

Llevaba las manos gastadas, a modo de garra como el azor que acecha una presa. Callosas y envejecidas ante las durezas a las que había tenido que hacer frente. Y al mismo tiempo, descansadas, por fin. Marcelino ronda ahora un tanto en fuera de juego, aclimatándose a una nueva situación. La de abordar el merecido respiro que ofrece la jubilación, después de un cuarto de siglo atendiendo al municipio que un día le acogió como un vecino más cuando la despoblación hacía estragos, como en casi todos los de la provincia.

Su llegada a Membrillera fue un tanto casual y en parte pudo producirse por su cercanía, oriundo él de San Andrés, y la escasez de población en edad de desempeñar aquellas tareas que muy pocos querían y quieren realizar. Y, por supuesto, gracias a uno de esos planes de empleo estatales de mediados de los años noventa que permitían a las corporaciones locales contratar trabajadores desempleados para la realización de obras y servicios de interés general y social. Marcelino ocupó la plaza. Su buen hacer y responsabilidad hicieron el resto, pues la necesidad de personal en los pequeños municipios era cada vez más acuciante en la medida en que la población se reducía y las zonas comunes habían dejado de tratarse como una labor en comunidad. El Consistorio decidió hacer el esfuerzo de incorporarlo en plantilla cuando culminó su contrato inicial.

Ayuntamiento de Membrillera.

El tiempo ha hecho que las Comunidades Autónomas adquiriesen la competencia en materia de empleo, haciéndose cargo de sus propias estrategias, a veces en colaboración con las diputaciones provinciales y los propios consistorios. La labor llevada a cabo mediante estos programas siempre cuenta y se ha convertido en una herramienta indispensable para la mejora del bienestar general de los municipios con menos recursos, permitiéndoles disponer de, al menos, una persona para llevar a cabo todas aquellas tareas propias de un trabajador municipal. En estos pueblos, los proyectos presentados para disponer de este personal extraordinario se elaboran conscientemente de manera genérica, pues los trabajos a desempeñar pueden pasar desde el mantenimiento de parques y jardines hasta la limpieza viaria y de instalaciones o el apaño, si el empleado es muy ducho, de cualquier incidencia de carácter menor. Y si se diera el caso de que la persona fuera tan excepcional como Marcelino, las tretas también están inventadas para que el candidato repita año tras año, por el beneficio de todos.

Señalaba la consejera de Economía, Empresas y Empleo de la Junta de Castilla La Mancha, Patricia Franco, en la presentación del último plan que tendrá un presupuesto de 102 millones de euros, que dicha convocatoria es “la más ambiciosa de la historia” dentro de las que, hasta la fecha, se han puesto en marcha en la región.  En 2015, el presidente García Page, tras alcanzar la presidencia del ejecutivo autonómico e impulsar de nuevo estos programas laborales, también apuntaba que era “el más ambicioso en materia de empleo de toda nuestra historia autonómica”. Una ambición que en estos años se ha centrado en invertir más fondos encontrando el apoyo con otras administraciones para el desarrollo de los mismos, así como en ampliar la oferta a los grupos más vulnerables.

Y a pesar de las ingentes cantidades de dinero destinadas, aún continúan siendo insuficientes con escasa inserción laboral más allá de ir saltando de un plan a otro cada seis meses. El caso de Marcelino, hace un cuarto de siglo, fue excepcional. Lo cierto es que los Consistorios con mayor capacidad presupuestaria consiguen, a través de estos contratos, aliviar la carga de sus empleados habituales mientras que los ayuntamientos de menor presupuesto aguardan con los brazos abiertos la presencia de unas manos con las que contar, más allá de las propias de la corporación municipal.

Ofrecer en el marco de la recientemente aprobada Ley de Medidas frente a la Despoblación las condiciones necesarias a los propios consistorios con menos recursos para que estos empleados tuviesen la oportunidad de continuar con la labor que iniciaron a partir de estos planes de empleo más allá de los mismos no sólo contribuiría a reducir el desempleo estructural en el medio rural, sino que ayudaría de manera efectiva a la fijación de población que tanto parece preocupar. La ambición no sería otra que recuperar al alguacil municipal.

1 comentario en “Ambiciones

  1. Y, es más, yo añadiría que así los ayuntamientos no tenían la excusa de tener tantos gastos como para sangrar a la escasa población con que cuentan, y la que no, con tasas impositivas descomunales. Sobre todo, de IBI.
    Algún ejemplo conozco de cerca, del que tiempo habrá para abordar.

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