De aquí a nada

Por David Sierra

Con las fronteras autonómicas abiertas de par en par, aunque les pese a algunos la crisis ceutí, y la evolución en la lucha contra la pandemia obteniendo datos esperanzadores que permiten plantearse, ya incluso, quitarse el bozal de cara al verano, nuestros pueblos, esos que de la noche al día se han convertido en refugio de los más hipocondríacos, retornan a la acostumbrada ‘normalidad’ como lugares de acogida del éxodo urbano de fin de semana.

De aquí a nada, los viernes serán de dolores. De caravanas en autovías y de hormiguillas a cuatro ruedas en carreteras secundarias, con adelantamientos impacientes por el simple hecho de llegar cuanto antes al destino, aunque luego la contemplación someta a un estrés parecido.

De aquí a nada, los botellines semivacíos ocuparán de nuevo las barras, entre rondas interminables de penúltima en penúltima porque la última nunca acaba cobrada. Y las mesas a cuatro ya dispuestas con tapete y amarracos, que por fin hay parejas suficientes para algo más que un ‘agarrao’. Entre aperitivos y tintos, las reuniones de amigos recuperan un espacio vital y fundamental para que la vida trascienda más allá del hogar y donde se debaten de manera fehaciente los devenires de la comunidad.

Villa de Hita, elegida como uno de los pueblos más bonitos de España.

De aquí a nada, las calles se teñirán de banderolas y talanqueras. Aunque aún el elevado temor llama a la cautela, las ansias de juerga crecen de manera exponencial a una vacunación que marcha viento en popa como si la hubiese organizado la propia comisión de fiestas. Las más tardías no cierran las puertas y acontecimientos multitudinarios a estas alturas de la faena, como demuestra la propia celebración atlética, desvelan que toros y orquestas tendrán su lugar junto con romerías, procesiones y otras aclamaciones.

De aquí a nada, nuestros pueblos sucumbirán como antaño a la época estival. Y mientras todas las administraciones arreglan cuentas de agosto con vacaciones, en la local el descanso se aplaza ante la llegada de veraneantes ansiosos por resolver asuntos particulares con esta administración en menos que canta un gallo, acostumbrados a un ritmo y unos medios administrativos que en el mundo rural siguen dejando mucho que desear. Controversias que ni la administración digital ha conseguido enderezar.

De aquí a nada, los chalets rebosarán vida y resolverá ese estado aparente de abandono mantenido a lo largo de la época pandémica. Los bandos municipales instando a la limpieza de solares tendrán la misma incidencia, si bien el riesgo de que alguno de estos hogares temporales acabe chamuscado ya no será tan evidente. Lo contenedores se volverán a llenar de maleza, y las basuras colapsarán nuevamente la recogida cuando el servicio que se presta requiera una mayor frecuencia.

De aquí a nada, volverá a ser noticia el asunto del agua. De la que se pierde o malgasta desde unos embalses que a duras penas recuperan su magia hasta la huerta de Europa que en armas se alza. De la que escasea por circunstancias que el cambio climático y la acción humana aclaran, compensada con la ayuda camiones cisternas mientras a escasa distancia las piscinas abiertas acumulan toallas.

De aquí a nada, en muchos pueblos lo habrá todo. Menos las gracias. De nada.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.