Contra el fuego y los recortes

Por Sonsoles Fernández Day

Los bomberos forestales de Castilla-La Mancha, trabajadores de GEACAM, siglas para la empresa de Gestión Ambiental de Castilla-La Mancha, van a hacer tres días de huelga esta semana. El próximo 1 de junio comienza la campaña de extinción de incendios en la región, el periodo del año en el que hay más riesgo de incendios en nuestros montes y bosques, y los bomberos forestales se quejan de que no pueden afrontarlo en la situación en la que están, ‘con la plantilla mermada, quemada e indignada’.

Aunque decir que los bomberos están quemados suena a chiste fácil de presentador de informativos, lo cierto es que están al límite y sus reivindicaciones no van en broma. ‘Stop Recortes’. ‘Por el empleo estable’, ‘Más plantilla, menos mentiras’ y ‘La Consejería y Geacam queman al bombero forestal’ eran algunas de las frases que se podían leer en sus carteles el pasado martes 24 cuando se concentraban en Guadalajara ante la delegación provincial de Presidencia y Administraciones Públicas de la JCCM. Hicieron ruido y llamaron la atención con humo y las motosierras en ristre, porque necesitan que se les escuche. Hace ocho años que no se renuevan el convenio colectivo, no se están haciendo contratos indefinidos, tan solo contratos de cuatro meses para la campaña, y cuentan que incluso se ha llegado a contratar por cuatro días para una sustitución, sin tiempo para formación. Si en 2019 había 155 medios de extinción, el próximo 1 de junio la campaña se iniciará con tan solo 45 medios. Para una región que no es precisamente pequeña.

Mientras tanto, esta misma semana, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha anunciaba en su Twitter que ‘El dispositivo para la campaña de lucha contra los incendios forestales en la provincia de Guadalajara está preparado. 499 efectivos, 62 medios terrestres y 6 aéreos y 7,5 millones de presupuesto’. Y en el frente twitero, los forestales se defendían y contestaban que son mentiras, que no solo no están preparados, sino que están bajo mínimos históricos, y daban los datos de los recortes que han sufrido: 22 días menos en vigilancia, 32 días menos en brigadas terrestres, 2 años sin tasa de reposición, 253 vacantes sin cubrir y 8 años y 5 meses sin convenio.

Los bomberos forestales mantienen que desde la consejería de Desarrollo Sostenible de la Junta mienten cuando dicen que se ha aumentado en 90 millones el presupuesto para la próxima campaña. ‘En realidad, van a destinar cero euros al GEACAM’. Se llaman a sí mismos ‘Temporeros del fuego’ porque cuando acaba el período de extinción, se van al paro.

Está en la memoria de los guadalajareños, y también del resto de España, por lo triste y lo grave que fue, el incendio de Riba de Saelices en 2005. Una barbacoa descuidada de unos excursionistas provocó que durante cuatro días ardieran más de 12.000 hectáreas del noroeste de Guadalajara y, lo que es peor, el desgraciado fallecimiento de once miembros del retén de Cogolludo. Solo se ha declarado culpable a la persona que comenzó la barbacoa, no ha habido responsabilidades políticas ni técnicas. La trágica suerte del retén se debió, según las conclusiones, a un accidente provocado por un ‘fuego eruptivo’ imprevisible que alcanzó velocidades de más de 120 kilómetros por hora atrapando a los bomberos forestales que no pudieron huir.

Llama la atención entre las quejas de los trabajadores de GEACAM que digan que la Junta quiere volver al modelo de trabajo y de gestión que había antes de 2005, cuando fallecieron sus once compañeros agentes forestales. Después de estar trabajando mañana y tarde, deberían estar disponibles y, si les llaman por la noche a cualquier hora, estar en treinta minutos en el retén. Ya saben el dicho de que tiene que pasar algo grave para que las cosas cambien, como que atropellen a alguien para que pongan un semáforo, y, en este caso, de poco ha servido la tan mala experiencia. Las condiciones de trabajo no mejoran a pesar de que se haya demostrado que el resultado no es bueno.

No es una profesión normal. Los bomberos forestales se juegan la vida. Hombres y mujeres que deben tener una parte de locos y otra de héroes para enfrentarse a un monte en llamas, a temperaturas por encima de los 100 grados, y cumplen con el trabajo y el deber de acabar con el fuego, salvar la naturaleza, proteger a las poblaciones próximas y volver a casa sano y salvo. El ‘ejército amarillo’ que ocupa las zonas despobladas con sus retenes, que ha sido muy útil en la pandemia y también cuando nos vimos bloqueados por Filomena, merece mucho más que una placa o una medalla, merece mejorar sus condiciones y que les paguen lo que valen.

Escribieron a Emiliano García-Page pidiéndole que les reconozca como Bomberos Forestales, trabajadores de emergencias. Parece increíble que tengan que pedir algo tan obvio, pero es real. Mucha suerte y muchas gracias, valientes bomberos forestales.

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