Palomitas en el cine

Por Sonsoles Fernández Day

La última versión del decreto de la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha que marca las restricciones y medidas a cumplir tras finalizar el estado de alarma el pasado 9 de mayo, permite, entre otras licencias que nos van alegrando la vida diaria, comer y beber en las salas de cine y otros recintos de espectáculos. Comparado con otros asuntos que nos preocupan les parecerá una chorrada banal y frívola, pero no lo crean, no lo es tanto. En un primer momento, el decreto lo prohibía, y desde Multicines Guadalajara avisaban de que no poder vender bebidas ni palomitas podría significar el cierre definitivo, ‘la muerte’. ‘Guadalajara se podría quedar sin cines’, advirtieron. Lo que nos faltaba.

Sigue leyendo

Ambiciones

Por David Sierra

Llevaba las manos gastadas, a modo de garra como el azor que acecha una presa. Callosas y envejecidas ante las durezas a las que había tenido que hacer frente. Y al mismo tiempo, descansadas, por fin. Marcelino ronda ahora un tanto en fuera de juego, aclimatándose a una nueva situación. La de abordar el merecido respiro que ofrece la jubilación, después de un cuarto de siglo atendiendo al municipio que un día le acogió como un vecino más cuando la despoblación hacía estragos, como en casi todos los de la provincia.

Sigue leyendo

El camino más recto

Por Gustavo García

Las infraestructuras en los pequeños pueblos de la provincia son las principales carencias que padecen, pero hay muchas otras de organización que intentan paliar.

En el día a día, no lo apreciamos, si bien, en cuanto dejamos algo más de distancia, nos detenemos a pensar en valores que paulatinamente se han ido perdiendo en nuestras vidas, escondidos en rincones que volvemos a descubrir de repente.

Y es que, los que somos de pueblo, como indicaba hace unos semanas en esta misma casa nuestra compañera, Sonia Jodra, tenemos normalmente algo especial, para bien o para mal. O, dicho de otra forma, solemos ser diferentes, que no raros.

Ahí es donde queríamos llegar. Una reunión este fin de semana pasado, de las que ya proliferan poco en los pueblos –al menos en el nuestro–, para abordar aspectos del pasado, pero, sobre todo, del futuro del mismo y buscando soluciones, en este caso a una problemática local, que pudiera ser cualquiera –no hace falta especificar qué–, hace volvernos a la realidad y recordar que estamos en pleno siglo XXI. Decimos esto porque, en lo que conocemos de los pueblos, lo habitual en este tipo de encuentros era echarse los trastos a la cabeza por los asistentes, debido a sus diferencias por otros asuntos generalmente. Es decir, hablar claro en grupo ante los que no se era capaz de hacerlo con diálogo cara a cara. Y, en demasiadas ocasiones, los contertulios se iban por los cerros de Úbeda a las primeras de cambio. El tema a abordar acababa difuminado.

Nunca hay orden del día, no se acaba con ruegos y preguntas, no se levanta la mano para hablar y pocas veces se vota. Eso no cambia. Así han sido y continúan siendo las juntas de este tipo que no sean plenos municipales o asambleas de rango similar, ya mucho más oficiales. No es que ahora, en esta época digital, todo vaya rodado y este tipo de reuniones se desarrollen como la seda. No, no. Eso, todavía no. Lo que ocurre es que esos vaivenes de las conversaciones se van apartando más a un lado, aunque siempre quedan tics de antaño, principalmente si la edad de los protagonistas así lo ratifica. En este ejemplo que estamos escenificando, real como la vida misma, y si sirve de referencia, que pensamos en este caso que sí, la mezcla de temas volvía a ser evidente, aunque ya en mucha menor proporción que en esas reuniones de hace décadas. Y, algo muy significativo, la gente ya no se prodiga tanto en sus desavenencias particulares. Bien, se hace antes o por otros medios, o bien, el grado de educación ha ido ascendiendo según transcurren las décadas.

Sin embargo, fijándonos ya en el aspecto psicológico y de comportamiento de las personas, satisface observar que las nuevas generaciones son más concretas y no pierden tanto el tiempo en todo ese tipo de disquisiciones, que normalmente no llevan a ninguna parte. Los jóvenes ahora centran más los debates y no se acuerdan de viejas rencillas o de ajustar cuentas pendientes. También es cierto que el roce no es tan estrecho, ni en proximidad temporal ni espacial.

El futuro de muchos ‘barrios anexionados’ pasa por que se involucren sus jóvenes generaciones en los asuntos locales.

Con todo ello, es muy satisfactorio encontrarse con un aspecto concreto a abordar, que tiene diferentes aristas por distintas partes, y que se puede pensar que es imposible de consensuar, cuando, de repente, uno se encuentra que las partes dialogan, entienden la postura del contario y, como consecuencia, al final se firma un acuerdo, impensable para casi todos minutos antes. Sorpresa, alegría y una reflexión posterior que hace pensar que vamos por buen camino y que las nuevas generaciones han ido ganando en respeto las posturas de los otros, en diálogo, tolerancia y en cesión de concesiones si son necesarias para el bien de la comunidad. Otra cuestión es que luego esos acuerdos se cumplan como se pactan en grupo y se concreten porque si no, volvemos a los problemas de partida. Sin embargo, al menos las formas van cambiando. De eso no cabe duda. Y aquí es lo que estamos analizando. Es el punto clave. Por encima de un resultado final rápido y satisfactorio para todos, que si no llega, tiene que continuar madurándose con ese picar piedra constante. Ahí ya, de las partes depende (intereses, negociación).

Nuevas maneras

Realmente, parecerá un tanto cursi, pero en nuestro caso el poder ver esos comportamientos tan democráticos y elegantes por parte de casi todos, es emocionante. Sobre todo, recordando tantos y tantos debates carentes de fondo y de forma a lo largo de los años en estos pueblos del mundo. Nuestra provincia es muy proclive a contar con esta idiosincrasia. Generalmente, por el pequeño tamaño de sus poblaciones, que lleva acarreados todos esos aspectos negativos comentados. Curtidos ya con infinidad de batallas perdidas en ese aspecto, creemos que es importante destacar ahora esas nuevas formas de intentar llegar a acuerdos, partiendo de puntos de vista lejanos. Y, cuando se logra –después de los repetidos fracasos o de soluciones agridulces, aunque hubiesen sido positivas, por las malas formas esgrimidas de parte de los presentes– hace pensar que podemos hallarnos ante una nueva manera de enfocar las diferentes problemáticas que surjan en el tiempo. Una filosofía de la vida que pasa siempre, por encima de todo lo demás, por la palabra –aunque siga habiendo alguna más alta que otra de vez en cuando.

La verdad es que conmueve al darse cuenta de que los pequeños pueblos de nuestra provincia quieren seguir luchando por subsistir a su manera –tiempo habrá en otros post de explicar quiénes y cómo también se afanan en poner piedras en el camino– y que asoma con timidez una generación que intenta estar en la brecha. El sentir ese aliento de paisanos más jóvenes que tienen un interés común, es, como venimos repitiendo, muy alentador. Y, ese interés no es otro que la mejora de las condiciones de infraestructuras varias, de servicios, de comunicaciones…En definitiva, el lograr el bienestar de la comunidad y no el individual, como era tónica habitual en esos pueblos de Dios. Los cambios administrativos que proliferaron entre los años 60 y 70 del siglo XX llevaron a que muchos pequeños pueblos se hayan convertido en poco más que un juguete de los ayuntamientos que los absorbieron por mor del ahorro de gastos cuando la emigración a las ciudades fue una sangría para estas poblaciones. Es cierto que hay excepciones y las reconocemos, pero no lo es menos –incluso, entendible a veces– que, bastante tienen ya los gestores de estos municipios principales con gestionar los problemas de sus vecinos, como para hacer frente a los de sus pedanías, que son, en muchos casos, no mucho más pequeños que ellos mismos, pero con dificultades similares o mayores. Y el resultado ha venido siendo en todos estos años más bien negativo para el desarrollo de estos, llamados posteriormente, ‘barrios anexionados’.

Que en este momento aparezca una ligera esperanza en la lejanía que encienda la llama de la lucha y el fuerte deseo por encontrar su propio rumbo, dentro de las circunstancias administrativas existentes, enorgullece, sólo por ese hecho de intentarlo, a los que hemos peleando contra molinos de viento durante tanto tiempo. No hablamos de buscar la independencia, sino de la autonomía que genera el disponer de recursos propios y ser capaces de administrarlos, siendo compatibles con esas formas administrativas presentes. Si los de arriba también colaboran y entienden esa nueva manera de gestionar los pueblos –como se empieza a ver también en determinados casos–, parece que vamos por el camino más recto.

El libro y sus ferias

Por Ana Belén Guitiérrez (*).

Foto: Tu otro diario.

El libro y sus ferias. Un libro, un tesoro. Una extensión de tu mano que traduce, cuenta,
traspasa, sostiene y abrasa. Te hace viajar a su lado, sostiene un silencio no camuflable entre páginas. Fiel compañero, maestro e inventor de todo lo sagrado. Una vigilia entre capítulos, como memoria contada. Una ciclogénesis cinematográfica, una fábula de tu vida, un desconocido que aguanta. No tiene edad ni traiciones. Él siempre te acompaña. Es necesario compartirlo como líneas incondicionales que no tienen escrúpulos al lector. Araña, entusiasma.

Sigue leyendo

Un jardín encantador

Por Gloria Magro.

En lo alto de la antigua carretera de Zaragoza, unas alcorques vacíos y unas desvencijadas verjas de hierro ancladas a un antiguo murete de ladrillos resguardan de las miradas lo que en su día fue un encantador jardín público cuya presencia parece haber desaparecido de la memoria colectiva de la ciudad. El pequeño y decadente recinto es el Parque del Depósito de las Aguas, oficialmente hoy Parque de las Cuatro Estaciones y si prospera un proyecto que lleva ya algunos años rondando por los despachos, el futuro Parque de AVICU, lo que podría llegar a ser un aula de naturaleza de carácter didáctico y conservacionista al servicio de la ciudad. Su nombre rendiría homenaje a los trabajadores de la antigua empresa colindante, hoy desaparecida.

Sigue leyendo

La revolución social del 15M en Guadalajara, cuando la gente se indignaba en la calle por algo más que unas cañas

Por Sonia Jodra

Concentración en la Plaza Mayor de Guadalajara en 2011 (acampadaguada.blogspot).

El 15 de mayo de 2011 las plazas de España se llenaron de gente indignada. Los estragos de la crisis económica del ladrillo se dejaban notar en los cierres de empresas, despidos, ceses de negocios, EREs y la burbuja inmobiliaria pinchada dejaba a familias ahogadas sin poder pagar al banco lo que su vivienda no valía. En Guadalajara la revolución social también llegó a la Plaza Mayor y durante varios días personas de edades diferentes, pensamientos diversos y situaciones divergentes hablaron, sumaron y comenzaron a construir otro mundo posible. Diez años después resulta inverosímil ver el perfil de los nuevos “indignados”. La pandemia ha generado una fatiga social tan severa que hemos confundido vida con libertad.

Sigue leyendo

Salud también para la prensa

Por Gustavo García

El pasado 3 de mayo se celebraba el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Unos tiempos estos en los que cada vez más se ataca a dicha profesión por parte de diferentes sectores. Hasta tal punto es así que la Federación de Asociaciones de la Prensa en España (FAPE) y la propia organización del sector en la provincia de Guadalajara hicieron públicos sendos comunicados –además de otras asociaciones– en los que se denunciaban estas prácticas y se defendían los derechos y bondades del periodismo.

La apuesta es por el valor esencial del “periodismo independiente y veraz” y “liberarse de las noticias falsas gracias al papel de los medios de comunicación de calidad”.

Sigue leyendo

15M, un aniversario con la vista puesta en el futuro

Por Ramón Núñez Piñán (*)

178750_dd6d57fe1e1d9cb4f5c0437456f07d72_thumb_722

Plaza Mayor de Madrid, cuarto aniversario del 15M.Foto: Madridiario.

El próximo sábado es 15 de mayo, una fecha con mucho significado para quienes hace diez años participamos en las asambleas de la plaza Mayor. Como durante aquellas semanas en las que vivimos lo mismo que en las siguientes diez primaveras, seguramente estos días personas que participaron publicarán todo tipo de análisis e interpretaciones. Pero también podemos esperar que se publiquen artículos escritos por quienes ya en su momento nos miraron con una mezcla de desprecio y de burla.

Sigue leyendo