Que no somos manchegos

Por Gustavo García

Celebramos ayer la fiesta de Castilla-La Mancha. Esa comunidad autónoma que tan difícil de pergeñar fue en su momento. Los pensadores de la época posterior a la Constitución de 1978 se devanaron los sesos para encajar las provincias.

Toledo, Ciudad Real y Cuenca no tenían muchas dudas de que irían juntas con quien fuese. Dejar a las dos castillas juntas era demasiado, por la cantidad –de hecho, ya estaban divididas en la Vieja y la Nueva–. Meter a Madrid tampoco acababa de convencer, aunque ya era de la segunda de ellas, pero también era excesivamente voluminosa, en comparación con las otras que podrían entrar. Había que completar y, por la zona de Ciudad Real, se podía buscar un buen acompañante y Albacete apareció para separarlo de Murcia.

El lío venía con Guadalajara. Si se separaba de Madrid su similitud con Toledo y Ciudad Real venía dada más por su pertenencia a la misma región, con rasgos comunes evidentes también debido a ello, que por otras características. Con Cuenca sí que encajaba a la perfección, incluso compartiendo la comarca de La Alcarria, su escasa población y su tamaño en general. La gran duda era meterla junto a la capital nacional, siendo cola de ratón. Al final, salió algo churrigueresco. Pero, ahí está. Cuando hablas de que eres de la misma comunidad autónoma que Albacete puede ocurrir lo que a veces pasa por esos mundos de Dios. Si una matrícula de un coche –en los tiempos en que se podía averiguar de dónde eras con sólo mirarla– marcaba que dos personas eran de la misma región, ¿sabía cada uno algo de la provincia contraria? Pues, pocas veces. Y la experiencia nos lo ha demostrado, supongo que a casi todos.

Y, hasta aquí lo que sabíamos, aunque no viene mal recordarlo de vez en cuando, sobre todo, para las nuevas generaciones, que no vivieron ese proceso de creación y transformación del Estado de la Autonomías, o ‘Reinos de Taifas’, como muchos les vienen llamando desde hace tiempo. No voy a ser original no. Sin embargo, abordar de nuevo este asunto el día después del de Castilla-La Mancha es algo que por actualidad, por insistencia y por decencia es preciso sacar a colación cuantas veces sea menester. Y es que, la incultura vaga por doquier.

En Guadalajara se han creado grupos en las redes sociales con denominaciones del tipo Guadalajara no es Mancha, se dice por activa y por pasiva, pero nada. Siempre hay alguien que aparece y nos incluye a todos los castellano-manchegos en la segunda adopción del término compuesto, olvidando por completo que hay otra palabra delante –Castilla– que está ahí por algo. Que uno de Albacete te llame paisano. Pues, bien. Si los manchegos no nos caen mal, en contra de lo que se pueda pensar por ese afán que tenemos por que no nos incluyan en esa comarca que sí comparten otras provincias de la autonomía. Lo que nos molesta sobremanera es que la gente no sepa eso mismo: que La Mancha no es una región, sino una comarca de una región. Y que Guadalajara no tiene nada, pero nada, de manchega. Bueno, sí. La segunda parte de la denominación de la autonomía en la que entró de aquella manera.

Que te digan “paisano”, claro, de región. Pero, no ‘paisano manchego’. Eso no. Está claro que tenemos más lazos con otras provincias limítrofes de otra autonomía o similares en características físicas del terreno, por ejemplo. Sin ir más lejos, podemos hablar de Soria, Segovia o Teruel. Y, qué decir de la relación con Madrid, en este caso, en toda la provincia, por proximidad, lazos familiares, negocios…

Este post surgió ayer mismo cuando en la redes nos hacían llegar una bella jota manchega para felicitarnos la jornada, la cual aparece acompañando a estas líneas. Bella muestra musical, sí. Incluso, pegadiza. Lo que ocurre es que cuando llega el estribillo acaban encajándolo para definir a los manchegos, aunque se quería incluir ahí a todas las provincias. No en vano, se dice “soy de Castilla-La Mancha…”. Sí, podemos decir que no hay que ser tan estrictos ni llevar a límite estos detalles. Quizás sea cierto. Lo que no lo es menos es que por La Alcarria, La Sierra, La Campiña o el Señorío de Molina estamos hasta el cogote de que nos llamen manchegos. Es que, no lo somos. Y, quienes no lo sepan, aquí tienen un nuevo recordatorio para ver si conseguimos acabar con más incultos poco a poco. Ahí incluimos a los compañeros de la información, que en este caso tienen mayor delito, por la función de enseñanza que realizan y porque se les supone que han estudiado una carrera y lo de la Geografía Española era una asignatura de EGB y de Bachillerato. Al menos, cuando uno iba al colegio o al instituto. Igual ahora sólo conocen las comarcas, los ríos y las montañas de su autonomía. Así vamos.

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