Cortar & pegar vs. cúter y celo

Por Gustavo García

En plena era digital. Móviles inteligentes que sirven casi para todo, y que muchos ya los llevan encima excepto para llamar por teléfono; desde pagar la compra, conectar, desconectar y ver actividad con las alarmas de los domicilios desde cualquier lugar en el que tengamos cobertura; programar riegos, electrodomésticos a distancia; domótica; robot de limpieza o de cocina, videoconferencias de todo tipo, teletrabajo, clases on line, teletrabajo, comunicaciones profesores-padres-alumnos a través de plataformas, citas médicas, de ITV, del Catastro, de Hacienda, … y, ya no hablamos de consultar correos electrónicos, las cuentas bancarias, las previsiones meteorológicas, navegar por la red en general –que eso casi se ha quedado ya obsoleto­– .

Sí, estamos rodeados y vivimos dentro de la realidad virtual. Incluso, a veces, según las edades de cada uno, se tiene la sensación de que se va demasiado deprisa. Sobre todo, cuando te dicen que necesitas un D.N.I. electrónico, un certificado o una firma digital, o bien, te llega una notificación administrativa para la que tienes que estar preparado y con las opciones disponibles. Al final, hay cosas que se van dejando y que no parecen ser tan necesarias en estos tiempos, pero la burocracia te puede pasar por encima si nos descuidamos demasiado. La burocracia, las distintas administraciones y el propio día a día en las compras en comercios o en cualquiera de las utilidades mencionadas con anterioridad. Todavía se nos facilita el pago en metálico –si bien es cierto que cada vez está más en desuso–, el uso de nuestro carnet de identidad físico, aunque con chip incorporado y demás, los dispositivos manuales o las firmas a pluma (bolígrafo ya) o las transferencias bancarias que nos hacen en ventanilla.

La convivencia entre los hábitos del siglo XX y los del XXI existe sin aparentes problemas. Si bien, eso sí, hay que ir adaptándose a los nuevos tiempos que marca el progreso. Además, para eso está, para avanzar, evolucionar, no estancarse y aprovechar las ventajas, en forma de agilidad y de ahorro de tiempo, que nos ofrecen ahora mismo las nuevas tecnologías. 

Hábitos precarios

Con todo este preámbulo, en el que creo que estaremos todos más o menos de acuerdo, con los lógicos matices de cada cual, queremos traer aquí lo extraño que resulta contemplar en establecimientos, supermercados, bancos, oficinas o la propia Administración, esos antiguos usos que los cajeros de tiendas, los funcionarios de las distintas administraciones públicas, los empleados de banca, etc., esas ya casi olvidadas prácticas.

Y, es en el sector sanitario en el que, con la importancia que tiene en lo personal para todos, donde viene costando más esfuerzo y tiempo el desarrollo. No sabemos las causas, pero sí las consecuencias. Los profesionales se han tenido que ir adaptando al uso de la informática –lo que para muchos era un tormento porque no lo incluían en su vocación ni en su tarea diaria–. Y, bueno, poco a poco vamos acostumbrándonos a usar las recetas electrónicas, las citas previas, etc. Eso sí, no sin las quejas de una buena parte de la sociedad, que no entiende de tanta distancia entre, por ejemplo, médico y paciente, cuando las circunstancias y la fuerza de los nuevos tiempos así lo aconsejan, exigen y justifican.

Por tanto, todas las partes tienen su compromiso con el futuro. Y conseguir el mejor para el progreso social no debería enfrentarnos, sino que cada parte ponga de su lado lo ideal para ese fin. Las administraciones, para agilizar y hacer más fácil la vida de los ciudadanos, que no al contario; los profesionales, para atender a los usuarios con garantías y agilidad eficientes; y la gente de a pie, para facilitar esa labor a los anteriores y así, en definitiva, beneficiarse de todas esas ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías.

Imagen habitual en una farmacia, cortando el código de barras de las cajas de los medicamentos para colocarlo en un papel de control a mano.
Foto: Rodrigo García

Ese sector, el de la salud, es ciertamente muy peculiar, también en estos aspectos. Olvidando ya la parte personal o profesional de los involucrados en conseguir la tarea propuesta de avance y desarrollo social con el uso de las mejores herramientas que en ese momento se dispongan, es, cuanto menos, curioso pararse a contemplar a los empleados de las farmacias cuando te dispensan un medicamento. ¿No lo han hecho nunca?  Hay ocasiones en que uno no puede evitar preguntar algo así como: “¿Pero, todavía se utilizan el cúter, el papel y el celo?¿Esto no se hacía antes, en los años 70-80-90 ó los primeros de 2000?”.

Y, otra interpelación que elevamos aquí: ¿Qué ocurre?

La verdad es que es difícil de explicar. Indagando un poco, no parece que sea cuestión exclusiva de una comunidad autónoma determinada –pues todas tienen transferidas por completo las competencias en ese aspecto desde hace años–, en este caso, la castellano-manchega, que es la que nos incumbe. En estos establecimientos afirman que es una norma general en el país, aunque pueda existir alguna diferencia en la gestión.

Entonces, nos viene a la mente otra pregunta: ¿Por qué las administraciones autonómicas se gastan tanto dinero en remodelar páginas web y servicios, sobre todo si el poder cambia de un partido a otro, aun sir ser necesario en la mayoría de las ocasiones, incluso, a veces con cambios a peor, y no acaban de invertir en medios o ideas que digitalicen el corta y pega del cúter y del celo? En informática conocemos ya ese corta y pega de palabras, textos o imágenes. Sin embargo, hay sectores o mentes que no acaban de dar con la tecla del progreso.

No es que sea algo grave ni que haya que rasgarse las vestiduras por ello. Además, la agilidad de los empleados de las farmacias en el desarrollo de ese proceso digital es elocuente y digno de admirar. En cambio, asoma como una cutrez  en los tiempos que vivimos. Y, una contradicción más de este país: entregas una tarjeta, tienes ahí cargados todos tus medicamentos con fechas exactas y, luego, llegas a la ventanilla y aparece el papel con sus huequecitos para trasladar ahí (con el cúter y el celofán) el código de barras correspondiente de la caja de tus fármacos que te llevas a casa. Una incongruencia que alguien tendrá que resolver. ¿o es que, de verdad, no hay quién sepa ponerle el cascabel al gato? Cutre, cutre, sin duda.  

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