La generación que vivirá peor que sus padres

Por Sonia Jodra

Esta semana se ha presentado un nuevo Plan de Garantía Juvenil, destinado a paliar los terribles efectos que la pandemia ha tenido en el desempleo juvenil. Según la EPA, España tiene un 36,43 por ciento de desempleo entre las personas de 16 a 29 años (cuarto trimestre de 2020). El Consejo de la Juventud de España y el Instituto de la Juventud alertan de que ésta puede ser la generación perdida por la pandemia. Y comienza a acuñarse la creencia de que ellos sí vivirán peor que sus padres.

El Gobierno invertirá 4.950 millones de euros en los próximos años para conseguir que España deje de ser uno de los países de la Unión Europea con mayor tasa de desempleo juvenil. Echar la culpa de este hecho a la pandemia sería engañarnos, porque la COVID solo ha venido a acentuar un problema que arrastramos desde hace años.

Pero el Plan de Garantía Juvenil no es la única medida con la que se pretende rebajar el paro juvenil hasta el 7,5 por ciento. La nueva Ley de FP pretende impulsar las enseñanzas de Formación Profesional, tras erigirse como la que ofrece mayores oportunidades de empleo a quienes la cursan. Según un estudio de Infoempleo y Spring Professional, cuatro de cada diez ofertas de trabajo ya piden títulos de FP. El 41 por ciento de las ofertas buscan titulados con FP, mientras que solo el 33 por ciento precisa títulos universitarios y apenas un 2 por ciento buscan titulados con Máster.

Así las cosas, es momento de invertir términos, de replantear conceptos y entender que para conseguir resultados distintos hay que hacer cosas diferentes. Hemos considerado que esa generación de jóvenes que rondando la treintena aún no se ha comprado un piso, no tiene hijos ni proyecto de tenerlos y no tiene un puesto de trabajo fijo vive peor que sus padres a su edad. Parece una generalización que se deja muchos matices por el camino. No en vano, tal vez es que sus prioridades son otras. Ellos han disfrutado de becas Erasmus, han visitado el doble de países que sus padres a su misma edad y pagan elevados alquileres que sus padres ni se planteaban para poder vivir dónde quieren.

Por tanto, planteo la necesidad de dividir esta cuestión en dos ámbitos muy distintos. Por una parte, existe una tasa de paro juvenil insoportable en nuestro país, que precisa de medidas contundentes para evitar que las y los jóvenes de este país sean el colectivo más castigado por el paro. El Plan de Garantía Juvenil ofrece incentivos a las empresas para que contraten jóvenes, mejorará su formación y les ayudará en el emprendimiento. Sabiendo como sabemos que el papel lo aguanta todo, nos toca hacer un acto de fe y pensar que todo ese dinero que nos enviarán desde Europa para que corrijamos las elevadas tasas de desempleo juvenil llegará dónde tienen que llegar y no se quedará en el plan, el proyecto, la planificación y la proyección.

Tiene que existir también un compromiso por parte del sector empresarial, que asuman la necesidad de eliminar el trabajo precario que tan nefastas consecuencias tiene en nuestra economía. El anuncio de esta semana del Banco de España en el que asegura que la subida del Salario Mínimo (SMI) en 2019 supuso la pérdida de 100.000 empleos me parece un sesgo interesado que “no cuela” entre la clase trabajadora de este país.

Por último, insistir en las bondades de la Formación Profesional y aplaudir algunos avances que se han dado a conocer esta semana sobre la nueva Ley en la que trabaja el Gobierno; una mayor conexión entre los Grados Superiores de la FP y la Universidad, un paso más hacia la necesaria transversalidad que precisan estas enseñanzas. Lo que sin duda permitirá además dignificar estas enseñanzas y ayudarles a quitarse el estigma impuesto por el sistema educativo desde hace más de 40 años.

Esta es la realidad de la cifra, que nada tiene que ver con los nuevos hábitos de la juventud española que, por mucho que insistamos, no viven peor que sus padres como colectivo -habrá casos-. Ellos y ellas viven diferente a cómo vivieron sus padres. Tal vez su mayor reticencia a atarse a una hipoteca y a un trabajo fijo no son indicadores tan negativos.

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