Marta Corella, la transmisora de emociones

Por Sonia Jodra

Una mujer de mundo orgullosa de ser una mujer de aldea. Así es la alcaldesa de Orea, que ayer presentó en la Biblioteca Pública Provincial de Guadalajara un libro de recetas tradicionales que le sirve para transmitir emociones, experiencias y el vínculo con el territorio que tanto defiende en su activismo contra el despoblamiento de las zonas rurales. Ni se considera escritora, ni pintora, ni escultora, pero es capaz de escribir, pintar y esculpir para transmitir lo que le preocupa, lo que la atormenta, lo que le hace feliz, lo que la indigna. El libro ha sido editado por el Ministerio de Agricultura y ayer fue presentado por Alimentos de Guadalajara. No es un libro de recetas. Es un libro que alimenta el alma, porque en cada guiso Marta Corella cuenta una historia, una historia que es la suya y la de todas las mujeres que en la zona de Molina, como en tantas zonas rurales de nuestro país, han tenido que luchar el doble para llegar la mitad de lejos que merecían.

“Cada comida es una historia, cada historia tiene su comida, y cada una de ellas está llena de vidas trenzadas alrededor de un fuego”. La autora hizo ayer la presentación del libro como a ella le gusta, expresando lo que piensa, lo que siente, defendiendo en lo que cree y rodeada de amigos, de gente de su pueblo, de personas que la aprecian. Por donde va grita en defensa de los pueblos, proclama lo importante que es que las niñas y los niños crezcan con el vínculo que a ella le da energía cada día para emprender e intentar transformar la realidad. El recuerdo de su tía, que nació a la luz de un candil, se fue a Francia, regresó al pueblo, conduce y ahora tiene Whatsapp y Facebook es un ejemplo de la gran revolución llevada a cabo por las mujeres que hace años constituían la base fundamental de la vida en las zonas rurales. A ellas ahora se les niegan las oportunidades, esas que Marta Corella busca sin descanso para que la generación de su hija Lola, la de las mujeres jóvenes, no encuentren tantas dificultades para desarrollar su proyecto vital allá donde quieran.

El libro fue la terapia que Andrés le buscó durante su periodo de recuperación de una convalecencia. Terapia para ella, pero sobre todo para ellos, los que la rodean y tienen que gestionar el torrente de energía que fluye a borbotones de una personalidad tan carismática como la de Marta Corella. “He tenido la inmensa suerte de ser la tercera de tres hermanas y que me criaran como una persona libre, como a un varón”, aseguraba. Ese espíritu le ha acompañado siempre para luchar contra la invisibilidad de las mujeres en los núcleos rurales, eligió la Ingeniería Forestal como profesión, y nunca ha dejado de derribar barreras. “Si no hubiera incluido en este libro lo que pienso sobre la política de pastos y las dificultades que la gestión forestal encuentra en nuestros territorios no hubiera sido honesta, aún a riesgo de ser políticamente incorrecta”, explicó en su intervención.

Con este libro, Marta Corella se considera transmisora de su contenido, “no soy propietaria de lo que ahí se dice”, y ejerce esta función con responsabilidad, convencida de que la memoria hay que cuidarla, conservarla, pero sobre todo difundirla. Su familia paterna desciende de una aldea que ya no existe, pero eso no significa que ella no siga sintiéndose “chaparrilla” y ejerza con orgullo como mujer de aldea.

El de Marta es un espíritu creativo, pero ante todo reivindicativo, evitando quedarse en el lamento y apostando por la acción siempre que la causa lo merece. Ella ha luchado por poner a su pueblo en el mapa y, también, para evitar que otros lo borraran del mapa. Porque a veces los espíritus indomables molestan. “Siempre he sido leal, pero nunca sumisa”, manifestaba ayer en su intervención. Leal con su pueblo, con su gente y con sus principios. Así es ella, una voz autorizada en temas vinculados con la gestión forestal, el despoblamiento, la bioeconomía y la sostenibilidad. En breve recibirá el Premio Orgullo Rural que le concedieron el año pasado desde la Fundación Estudios Rurales, quienes la conocemos y compartimos la vida con ella nos sentimos orgullosos cada día de su capacidad para transmitirnos que la vida se vive, que los sueños se persiguen, que las batallas se luchan y que la felicidad se siente.

Gracias, Marta. Por hacer, por hacernos hacer, por no dejar de hacer.

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