Concursos-oposiciones, ¿un sistema justo?

Por Ramón Alario-Sánchez (*).

El pasado 12 de febrero se convocaron en Castilla-La Mancha oposiciones para cubrir plazas del profesorado de Enseñanza Secundaria “por el turno libre”. (Resolución de 12/02/2021, de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes). Un elemental análisis del procedimiento utilizado nos permite cuestionar la justicia y aun la validez del mismo.

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Foto: Las Provincias

Una vez más se ha repetido, sin reformas de calado, una situación compleja, que afecta profundamente a muchas personas: nada menos que en sus posibilidades reales de encontrar un trabajo en la función pública. Situación complicada de explicar y, a mi entender, difícil de justificar en dos de sus vertientes: tanto en lo que se refiere a unas condiciones igualitarias para las personas opositoras (¿oposiciones de turno libre?), cuanto al mismo tiempo en lo que afecta a su eficacia para seleccionar a las se encuentran mejor preparadas (¿se selecciona a quienes tienen mejor preparación?).

No afirmo ni insinúo que haya habido fraudes o favoritismos personales. He participado en varios tribunales en mi vida profesional en activo, bien es verdad que hace años, y no tengo ni derecho ni datos para dudar de la imparcialidad de los mismos. Quede esto rotundamente claro desde el principio.

Lo que intento cuestionar es algo más injusto en su desarrollo y en sus resultados; y, a la vez, perjudicial para el sistema educativo. Una injusticia provocada, a mi entender, por el método de selección elegido: concurso-oposición “de turno libre”. Se trata de un sistema de elección con dos fases.

Una primera fase Oposición. En ella se evalúa la preparación específica en la especialidad docente elegida, junto a la aptitud pedagógica y al dominio de las técnicas necesarias para el ejercicio de la docencia. Son dos pruebas a superar.

Primera. Tendrá por objeto la demostración de los conocimientos de la especialidad docente a la que se opta, con dos partes que serán valoradas conjuntamente: a) Parte práctica. Permitirá comprobar que los candidatos poseen la formación científica y el dominio de las habilidades técnicas correspondientes. b) Desarrollo de un tema. Ejercicio escrito, durante un tiempo de dos horas, sobre un tema elegido por el aspirante entre los extraídos al azar por el tribunal en función del número de temas que integran el temario de la correspondiente especialidad.

Cada una de estas pruebas tendrá carácter eliminatorio. En ellas será necesario haber obtenido una puntuación igual o superior a 5 puntos para acceder a la prueba siguiente o, en el caso de la última prueba, para proceder a la valoración de la fase de concurso.

Segunda prueba. En ella se intenta valorar la aptitud pedagógica de cada aspirante y su dominio de las técnicas necesarias para el ejercicio docente. Consta también de dos partes: a) Presentación de una programación didáctica. Será entregada al tribunal por cada aspirante que supere la primera prueba de la fase. La programación didáctica será defendida oralmente ante el tribunal y hará referencia al currículo de un área, materia o módulo incluidos en la especialidad elegida. b) Preparación y exposición de una unidad didáctica. Podrá estar relacionada con la programación didáctica presentada por el aspirante o elaborada a partir del temario oficial.

Y una segunda fase, Concurso donde se efectúa unavaloración de los méritos con arreglo al baremo del anexo (Anexo IA) correspondiente: experiencia docente (antigüedad), expediente académico…

¿Es un método justo y válido? El aspecto más conflictivo, que sugiere dudas razonables sobre la categoría de “turno libre” para estas oposiciones, surge al asignar qué valor tendrá cada una de las dos fases en la calificación global de  aspirantes.

“La calificación global correspondiente a la fase de oposición será la media aritmética de las puntuaciones obtenidas en las dos pruebas integrantes de esta fase (primera prueba y segunda prueba), cuando ambas hayan sido superadas. La ponderación de las puntuaciones de las fases de oposición y concurso para formar la puntuación global del proceso selectivo será del 60% para la fase de oposición y del 40% para la fase de concurso” (38).

En este instrumento elegido para seleccionar al profesorado de los centros públicos en Castilla-La Mancha, con el que por principio se busca al grupo de profesionales mejor preparados, quienes consiguen las mejores puntuaciones en la fase oposición (examen teórico-práctico, programación y desarrollo didáctico), no tienen asegurado un puesto acorde con su calificación. Esto debería ser lo correcto en una oposición (“de turno libre”)digna de tal nombre. Quienes en esa fase hayan conseguido las mejores calificaciones, pueden incluso quedarse fuera en la selección final: pues la antigüedad, el currículo y, explícitamente, los años ya trabajados como interinos (concurso), resulta determinante en un 40 % de la nota final. En consecuencia,  personas con un sobresaliente en esos exámenes aludidos, quedan excluidas y por detrás de quienes apenas han conseguido un aprobado.

Una oposición de turno libre, como la convocada termina lastrada por algo tan ambiguo como la antigüedad, los años ya trabajados. Como muestra un botón: este año, en alguna de las especialidades, todas las plazas ofertadas han sido conseguidas por interinos; las mejores notas de la oposición se han quedado fuera de la selección final para ocupar las plazas ofertadas. Incluso en las listas posteriores para cubrir interinidades ocuparán puestos por detrás de quienes han obtenido peores notas.

El concurso-oposición termina convirtiéndose en un concurso de méritos, donde prima la antigüedad como interinos. ¿Cómo es posible este desaguisado? ¿Con qué argumentos de equidad, justicia y eficacia se puede justificar este resultado?

Es verdad que la bolsa de interinos, que se ha ido generando en España desde hace varias décadas, supone un serio problema social, que la misma UE exige sea resuelto cuanto antes. Y es igualmente cierto que la estabilidad en el puesto de trabajo y la experiencia conseguida deben ser tenidas en cuenta. Pero ese problema social no debería ser abordado con un sistema de selección que socava los derechos de igualdad e imparcialidad de quienes se presentan. Sistema que, por los resultados, no consigue la finalidad ineludible que debería buscarse: la selección de quienes están mejor preparados para desarrollar la docencia en los centros públicos.

A modo de sugerencia. ¿No sería ya el momento de plantear dos sistemas de selección del profesorado: un concurso-oposición restringido para solucionar la situación de quienes sufren o disfrutan la interinidad, y otra oposición libre para quienes no han tenido aún la oportunidad de acumular antigüedad como interinos pero quieren demostrar su preparación? De esta segunda convocatoria de oposiciones libres debería salir con la suficiente antelación la lista del profesorado que debería irse incorporando según las necesidades a la carrera docente. No se crearía una bolsa de interinos sino una lista de aspirantes a ocupar puestos docentes tras haber sido seleccionados en una oposiciones no discriminatorias.

Esta decisión facilitaría solucionar un problema social enquistado (bolsa de interinidad) sin generar un nuevo problema: discriminación e injusticia para quienes están mejor preparados y así lo demuestran en unos exámenes.

El mayor beneficiado de separar ambas vías sería el sistema educativo.

(*) Ramón Alario-Sánchez es licenciado en Filosofía y doctor en Teología. Ha sido profesor y director del Colegio Arzobispal La Inmaculada y San Damaso, de Madrid. Y también ha ejercido la docencia como profesor de Filosofía del Colegio Rafaela Ibarra, de Madrid. Desde 1984 y hasta su jubilación en 2004, ha ejercido como catedrático de Geografía e Historia en Educación Secundaria.

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