Coherencia, por favor

Por Gustavo García

Siempre existe el debate de si es más conveniente que para el beneficio de la ciudadanía los gestores y los políticos con cargos sean especialistas y buenos conocedores de las materias que se les encomiendan en su trabajo, o bien, que simplemente, aun sin saber mucho del mundillo en el que se meten, se trate de gente con coherencia a la hora de tomar las decisiones. En cualquiera de los casos, para ello es preciso apoyarse en la experiencia de los técnicos, que son quienes de verdad conocen los pros y los contras de los diferentes aspectos a los que se cotidianamente tienen que enfrentarse.

Viene a cuento este preámbulo por las vueltas que, con motivo de la pandemia, están dando los responsables de la sanidad de Castilla-La Mancha al asunto de las citas con los médicos más cercanos al personal, es decir, los de Familia. Si bien es cierto que en el estado previo a toda esta triste vorágine de confinamientos, distancia social, protecciones individuales, desescaladas y demás, ya era complicado que un médico atendiera por teléfono a un paciente, como vuelve a ocurrir actualmente, no lo es menos que la Covid nos facilitó esa posibilidad. Algo que, aunque agilice muchas consultas, no fue bien recibido del todo por una buena parte de los ciudadanos. Y es que, muchos se sentían desprotegidos si no veían cara a cara a su médico de Familia, cuya cercanía a los pacientes hace honor a su nombre. Pero, no cabe tampoco ninguna duda de que una buena parte de quienes se acercan a esas consultas no es necesario que lo hagan para ser atendidos con la misma prestancia y resultados que cuando lo hacen de manera presencial. Eso sí, salvando siempre el aspecto psicológico que conlleva el ver a tu médico y hablar con él directamente.

Los centros de salud están saturados y ahora se vuelve a las consultas presenciales obligatorias.

Las reiteradas quejas de muchos de ellos en los últimos meses para ser vistos en persona por su doctor, que antes era de cabecera, han supuesto que los políticos y los gestores públicos hayan claudicado. El resultado es que ahora hay que ir al médico para cualquier cosa. Sí, sí, incluso para pedir una simple receta o que te la carguen en el ordenador con la llamada “receta electrónica”. Me cuentan que hay casos en que se atiende también por teléfono. Sin embargo, hemos comprobado en persona que, al menos en determinados centros de salud, no te atienden ninguna demanda si no pides cita previa –como ocurre ya en casi toda la Administración, que eso sí que se ha quedado con la pandemia– y tienes que acudir allí sin más remedio. ¿Qué supone eso? Pues, desplazamientos innecesarios, contacto con otros ‘enfermos’ en plena quinta ola, nuevos retrasos a las consultas de los sufridos médicos de Atención Primaria –ya saturados de antemano y de manera endémica– y pérdida de tiempo en la espera de los propios pacientes a quienes se les obliga a acudir al centro sin más remedio. Hasta hora y media en mi caso concreto hace unos días, sólo para pedir que me renovasen los medicamentos en la receta electrónica.

¿De verdad es que no hay término medio? ¿No hay nadie con un poco de cordura en la propia Administración regional que se atreva a decir a los responsables del SESCAM que lo que están haciendo con esto es un flaco servicio a la sociedad y a los propios facultativos con este tipo de medidas? Quizás la clave sea esa, la falta de atrevimiento de quienes en realidad saben del día a día que sus subordinados padecen. No hay que olvidar que muchos cargos intermedios, encargados de gestionar este tipo de servicios, se nombran a dedo y, creo no equivocarme en demasía, si afirmo que la mayoría y como pago a otro tipo de méritos alcanzados, que no suelen tener que ver precisamente con la valía profesional, por desgracia y tristemente.

¿Tan difícil es contar parcialmente con atención presencial y con la telefónica? Bien, a veces puede ser complicado de discernir si es necesaria una u otra. Y, no tienen por qué ser los administrativos, encargados de recibir directamente las citas, quienes tengan que discernir entre un tipo u otro de consulta. Pero, por favor, ¡para cargar unas recetas! ¿Qué mentes pensantes nos gobiernan o toman ese tipo de decisiones? Es algo irrisorio, surrealista y patético. O, es que, todos tenemos que liarnos a poner reclamaciones en los centros de salud para que la coherencia reine y, como resulta que ha funcionado perfectamente esta clase de estrategia para quienes no podían pasar sin ver la cara a su médico, aunque la mayor parte de las consultas fuesen atendidas más rápidamente y mejor por los sanitarios por teléfono, hacer ahora todos lo mismo. Es decir, los que pensamos que no es imprescindible, ni mucho menos, ir para cualquier cosa al centro de salud, sino que te atiendan telefónicamente y te resuelvan el problema, ¿también tenemos que levantar la voz a la Administración, un día sí y otro también a fin de conseguir el objetivo? ¿En qué charlotada se está convirtiendo el sistema?

Cada vez soy más de la opinión de que los mejores gestores son los que aplican la coherencia, después de consultar con los expertos en la materia, en su toma de decisiones. Algo que luego, evidentemente, nos afecta a todos y, no sólo a unos cuantos, que pueden dar más voces en un momento dado, aunque no por ello tengan más razón.

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