¿Dónde está Afganistán, alguien lo sabe?

Por Albertina Oria de Rueda (*)

De pequeña mi padre me explicaba que no le gustaba viajar, pero que si le preguntasen a qué país le gustaría ir, ese sería Afganistán, por las agrestes montañas con sus profundos valles y la gente afable y tradicional. ¿Y eso está muy lejos? Bastante, contestaba soñador.

Con ese mismo romanticismo, cuando de adolescente estudiaba historia del arte me enamoré del imperio persa, de los hititas, los medas, los pueblos que se situaban en Mesopotamia, vamos el medio oriente. A lo que añadir el arte islámico que también me deslumbraba.

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Más tarde, gracias a esa propensión hacía la cultura islámica me hice asidua de casa árabe en Madrid y empecé a estudiar persa en la consejería cultural de Irán, esa lengua indoeuropea tan fascinante como desconocida. En Afganistán se habla el dialecto persa, el darí.

Entre mis compañeros de persa conocí a Luis Herruzo, el que fuera agregado militar en la embajada de Kabul con el que analizábamos la historia reciente de Afganistán y la manera en la que se estructuraba la sociedad afgana.

Supongo que habrán leído tres libros necesarios y recomendables para conocer algo de este país.

El librero de Kabul, de Asne Seierstad, periodista, que tras la retirada de los talibanes en dos mil dos, se fue a vivir a casa de Sultán Khan, para acercarse a la sociedad afgana desde dentro.  Observó la camaradería de los hombres y ese mundo íntimo y del hogar de las mujeres. Una sociedad muy tradicional, pero con ganas de modernidad.

Khaled Hosseini, escritor estadounidense de origen afgano, narra dos historias conmovedoras como son, Cometas en el cielo y Mil soles espléndidos, donde cuenta cómo es la vida de los niños y de las mujeres. En ambos la solidaridad es el marchamo, si bien las vidas de necesidades básicas y  libertades encogen el corazón desde nuestra visión y cultura.

He conocido a pocos afganos pues en Madrid apenas se cuentan con los dedos de las manos, cosa diferente sucede con los iraníes que son un buen grupo que comenzaron a llegar cuando tomó el poder el ayatola Jomeini. En la Universidad Autónoma hay una profesora iraní que promueve becas, en colaboración con las universidades de Irán, para mujeres jóvenes estudiantes de literatura española que vienen a realizar el doctorado a Madrid.

Mi asistencia a un curso en la escuela diplomática, sobre relaciones internacionales con los países islámicos, donde el grueso del curso trataba de geoestrategia y de las incursiones de los países europeos y de EEUU en la política de Oriente próximo y medio, me abrieron los ojos y el conocimiento a los resultados nada alentadores de estas influencias.

En resumen, a la Unión Europea le interesan estos países por sus riquezas y notable posición geoestratégica. Queremos, por nuestro propio interés, que sean estables y que tengan nuestros mismos valores. Eso sin tener en cuenta las fuertes tensiones que hay entre los países sunníes, con Arabia Saudí a la cabeza, y chiíes, con Irán a la cabeza, así como la intifada palestina con la diáspora de miles de palestinos recluidos en Líbano o a las afueras de Damasco, en condiciones infrahumanas. Tampoco vamos hoy a hablar de lo que se ha hecho con Irak que para quitar a un salvaje como era Sadam Hussein se promovió un país donde el terrorismo es su forma de vida. Recomiendo leer Frankenstein en Bagdad de Ahmed Saadawi para que vean en qué se ha convertido ese país. ¿Ya no nos importa?. La literatura abre nuestros ojos a otras realidades desconocidas y terribles.

O, como se sigue haciendo la ablación a millares de mujeres por parte de musulmanes sunníes wahabitas, auspiciados por Arabia Saudí y que apenas se denuncia pues nos conceden contratos como el del tren de alta velocidad a la Meca.

Tras esta breve introducción, debería contarles qué sucede con Afganistán. Desde hace cuánto tiempo, desde que la Unión Soviética apoyó una república socialista y Estados Unidos apoyó a los muyahidines, en su contra, a los que armó e ilustró en todo tipo de estrategia militar. Entre ellos se encontraba Osama Bin Laden, el que provocó  el terrible atentado del 11 S contra las torres gemelas, después de haber aprendido las técnicas de la propia CIA.

Por cierto, para seguir con la secuencia, Osama Bin Laden era saudí, hijo de un rico constructor, para más señas wahabita. Creía en la guerra santa contra el infiel, aunque cayesen civiles. Cuando como héroe nacional discute con los propios saudíes porque permiten bases americanas en Arabia Saudí, en la guerra contra Irak, es cuando decide  refugiarse en Afganistán y crea Al Qaeda con sus antiguos amigos los muyahidines, desde allí comienza la guerra santa con atentados contra intereses occidentales.

Entre tanto, la sociedad afgana sigue su curso, en su cultura destaca la forma en que se visten los hombres y las mujeres. La ropa tradicional para el hombre consta del sombrero pakol, turbante lungee y abrigo chapan. El de la mujer está formado por un vestido y una tela que cubre la cara.

Los días festivos religiosos se celebran según el calendario lunar, por lógica, al ser musulmanes y el resto de las fiestas se celebran según el calendario solar, como la independencia y el noruz -año nuevo- en los que los afganos visitan a sus familiares y amigos, preparan comidas lujosas y rezan sus oraciones juntos. Esta última festividad es igual a la de los iraníes ya que proviene de los zoroastrianos.

Los idiomas oficiales de Afganistán son el Pashto y el persa Darí.

Afganistán remonta sus orígenes al paleolítico medio pues se han encontrado fragmentos del hombre de Neanderthal. Siempre fue lugar de paso entre la meseta persa y el valle del indo, cuando la cultura shortugai levanta las primeras ciudades. Llegó a formar parte del imperio persa con Ciro el grande y comenzaron a seguir la religión zoroastrianos, hasta que Alejandro Magno fundó Kandahar y se da un cruce cultural persa y helénico.

En el siglo séptimo el islam penetró en la comunidad afgana, gracias a la victoria de los musulmanes sobre los sasánidas persas en Nahavand.

Tras varias invasiones las tribus locales eligieron jefe a Ahmad Shad Durrani, que proclamó la independencia de Afganistán a mediados del siglo dieciocho. Hubo alianzas con el zar ruso y guerras con Inglaterra hasta que Amanullah Khan impulsó una serie de reformas con el objetivo de modernizar la sociedad de la época. Se instauró una Constitución eminentemente liberal y Afganistán se convirtió en el primer país del mundo en forjar una alianza diplomática con la Unión Soviética. Cierto que mantenían disputas internas entre distintos gobiernos locales.

Cuando empezó la guerra fría, Afganistán se movió entre ambos bandos y proclamó su neutralidad, aunque las disputas con el Pakistán vecino hizo que se decantaran por los soviéticos.

Cuando tras la guerra civil entre la republica socialista y los muyahidines  se retira el último escuadrón soviético, los grupos de guerrilleros procedieron a atacar Kabul. El caos interno continúa aumentando y en mil novecientos noventa y dos se reestablecen las leyes islámicas. La economía de Afganistán era un desastre y se convirtió en un país sostenido económicamente por el tráfico de opio.

Los años de gobierno talibán supusieron una vuelta de tuerca de las libertades civiles donde las mujeres se llevaban la peor parte. Para el año dos mil el ejército controlaba casi la totalidad del país, pero los atentados del 11-S provocaron que Estados Unidos bombardeara nuevamente Afganistán a finales de dos mil uno.

Es como un volver a suceder en el que la OTAN apoya el despliegue de tropas en el país afgano, y las fuerzas internacionales intentan imponer un gobierno bajo las constantes respuestas por parte del ejército talibán.

Tras veinte años no se ha conseguido nada de nada así que los talibanes han vuelto a tomar el poder en todo el país.

Conclusión, me parece muy bien acoger a los afganos que quieran salir de su país por miedo a los talibanes, que apoyemos a las mujeres para que obtengan la libertad de acceso a la educación, al trabajo, pero desde el conocimiento de la realidad de lo que sucede y por qué sucede.

Para terminar, les diría que se fijen en las mujeres que llegaban como refugiadas en los aviones, todas cubiertas con niqab que es una prenda integrista, eso las avanzadas.

Por cierto, como la literatura nos salva, lean cualquier libro de la icónica escritora egipcia, Nadal El Saadawi, activista en defensa de los derechos de la mujer en el mundo musulman. Prolífica autora que destaca por su profunda crítica al patriarcado, el capitalismo y la religión y su activismo político. Entonces seguiremos hablando sobre las mujeres afganas y su vestimenta.

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(*) Albertina Oria de Rueda es farmacéutica, abogada y escritora. También es una excelente articulista y relatora de lugares y paisajes urbanos a través de su página de Facebook.

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