El modelo de Ferias del futuro

Por Sonsoles Fernández Day

El año pasado las Ferias y Fiestas de Guadalajara se cancelaron. Este año, se ha programado algo híbrido y light, adaptando a la situación sanitaria la necesidad de trabajo de muchos y las ganas de jarana que tiene el público en general, limitando cada evento con sillas contadas, distancia y mascarilla. Y, el año que viene, si el bicho por fin es historia, anuncian desde el Ayuntamiento de Guadalajara que se celebrará por fin ‘su nuevo modelo de ferias en el corazón de la ciudad’. Si echaban de menos las Ferias y viven en el centro, tranquilos, el próximo año se van a hartar de olores y decibelios, pero, como dice Sara Simón, concejala de Festejos, ‘partiendo de la base de que las fiestas generan molestias, es solo una semana’.

El Ayuntamiento realizó una encuesta a los ciudadanos y ha habido reuniones con las peñas y los hosteleros. No he visto publicados los resultados de la encuesta, pero dicen desde el cabildo que ha sido ‘aplastante’ y ‘todo el mundo, vecinos, peñas y hostelería, quieren que las ferias vuelvan al centro’. Esto huele a lo que pasa siempre que se pide opinión general. Han votado cuatro, los cuatros interesados, y los otros miles, por quedarse callados, se van a tragar la noria, el Baby Paco, la churrería y una peña a diez metros de su portal y su ventana. Pero solo es una semana, tranquilos. Cuesta mucho creer que todo el mundo quiera las ferias en la ciudad. ¿Todo el mundo? Yo conozco a muchísimos que no lo quieren, y también a muchos peñistas que prefieren las carpas donde están. Será que no votaron en su día.

El argumento del equipo de Gobierno para defender este que llaman ‘su modelo de ferias’ es que se hacía insostenible tener las ferias divididas, parte en la ciudad y parte al otro lado de la A-2. Ni que estuvieran en Chiloeches, o en Horche, por ejemplo. A ese otro lado de la A-2 se llega caminando en unos minutos por un túnel o un puente. Y tampoco, según dicen, era posible juntarlo todo al otro lado de la carretera nacional, porque costaba unos 6 millones de euros adquirir parcelas y urbanizarlas. Ya sé que no es lo mismo que gobernar una ciudad, pero, como ama de casa y administradora de mi sueldo, yo a eso lo llamo mejorar, evolucionar, crecer o invertir. Además, llevan dos años sin celebrarse fiestas, algo habrán ahorrado. Pasarían a la historia como el equipo que construyó un recinto ferial en condiciones, pero parece que lo que les mola es dejar sin dormir a media Guadalajara. Eso sí, tan solo una semana. Del gasto que supondrá recuperar los parques, calles y, tiene pinta que otra vez las pistas de atletismo, no dicen nada.

Una vez que está la decisión tomada viene lo que ellos han llamado ‘un reto’, ubicar las peñas, las casetas y las atracciones en las calles y plazas de Guadalajara, más que nada porque no tenemos un recinto ferial para ello. Es decir, que proponen, deciden y anuncian que van a meter todo en la ciudad, pero, aún no saben dónde. A este paso sí que van a pasar a la historia. Por chapuceros.

La información hasta el momento es que los técnicos municipales están estudiando los espacios desde el Palacio del Infantado hasta la Fuente de la Niña, ‘pasando por la plaza del Ayuntamiento, el Jardinillo, Santo Domingo, el antiguo Ferial y San Roque’. Es decir, que no dejan nada del cogollo de Guadalajara sin música ni chiringuito. Estudiar querrá decir medir dónde cabe cada cosa, y luego ver por dónde pasa la gente. No es tarea fácil en la zona más estrecha de la ciudad. Las peñas irían entre el parque de la Concordia y la Fuente de la Niña. Aún no han resuelto dónde ubicar los cacharritos y los puestos de comida. A ver quién se lleva el premio gordo de pestazo, humo y ruido.

Aunque Sara Simón tuvo el detalle de reconocer que “esto afectará al descanso de los vecinos’, acabó diciendo lo siguiente: “Vivir en el centro tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Al final es una semana al año. Que Guadalajara durante una semana tenga vida y venga gente a disfrutar de la ciudad por la noche y por el día, pues también está bien’. En otras palabras, si vive usted en el centro, se tiene que aguantar con lo que le caiga. Haber elegido las afueras.

Ha dicho usted una verdad, señora Simón, que el centro de la ciudad necesita vida, pero no solo una semana, y no la clase de vida que unas fiestas conllevan, esa que a última hora apesta a alcohol y a pis por los rincones. Si opina que vivir en el centro de la ciudad tiene cosas malas, su deber es solucionarlas, en lugar de poner a prueba la paciencia y la salud mental de los habitantes.  

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