De la esperanza a la insolidaridad

Araceli Hidalgo. Su nombre ya es familiar y, hasta el pasado lunes, lo asociábamos junto con su imagen a la esperanza. El comienzo de la solución frente al reto más importante al que ha tenido que hacer frente la raza humana a lo largo del presente siglo. La lucha contra una pandemia que ha condicionado la vida del ser humano a nivel global y también local. La afable anciana nonagenaria se convirtió en noticia sin quererlo, al ser la elegida para recibir la primera vacuna en nuestro país, un hecho convertido en todo un acontecimiento televisado desde su lugar de residencia en Los Olmos.

La Ministra de Sanidad, Carolina Darias, acompaña a Araceli Hidalgo en la recepción de la tercera dosis de la vacuna contra el coronavirus. / Foto: Rafa Martín.

En aquel momento, su gesto sereno y la tranquilidad con la que Araceli se mostró en todo el proceso retransmitido en riguroso directo fue una inyección de confianza a una campaña de vacunación que se iniciaba con la oposición de los más de incrédulos, incentivado por grupos antivacunas que habían fomentado un enrarecido ambiente en la opinión pública a través de las redes sociales, difundiendo mensajes de desconfianza sobre los efectos de la inmunización.

En apenas nueve meses, esta granaína de nacimiento y guadalajareña de adopción ha recibido ya tres pinchazos. El último de ellos tenía lugar el pasado lunes y, como en la primera y la segunda dosis, políticos y medios de comunicación abarrotaban el jardín de la residencia. Sin embargo, la iniciativa de inyectar un nuevo suero inmunológico a los más débiles en tan escaso espacio de tiempo no tiene ningún sustento cuando, por activa y por pasiva, científicos de todos los ámbitos sanitarios han eludido a la importancia de que la efectividad de la vacunación será mucho mayor en tanto que sea mayor la población que perciba la vacuna en sus dosis completas. En esta dirección también apuntan la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la FDA, la agencia del medicamento estadounidense. “Dada la cantidad limitada de vacunas disponibles, se salvarán más vidas si se las damos a quienes tienen un mayor riesgo de sufrir COVID, que son aquellos que aún no han recibido ni una dosis”, apuntaba la investigadora de OMS, Ana María Henao, en una publicación en El País.

El acto de Araceli sirvió también para sacar pecho. Durante el mismo, el consejero de Sanidad de Castilla La Mancha, Jesús Fernández, recordó que España ha donado a otros países 7,5 millones de dosis. Y entonces, los datos contundentes ponen en tela de juicio la decisión de vacunar por tercera vez a la población cuando en un continente como el africano apenas ha recibido la inmunidad un 3 por ciento de su población. Voces como la de Organización Médica Colegial (OMC) han reseñado como prioritaria una “inmunización a nivel mundial” que impida la circulación de nuevas cepas. Y han señalado que, sin unos índices adecuados de vacunación en un país, “el virus seguirá circulando y habrá riesgo de que surjan nuevas variantes Covid-19 que escapen a la vacuna o sean más virulentas”, decía Manuela García, vicepresidenta segunda del organismo, en la revista Redacción Médica. Y ponía como ejemplo el caso africano donde todavía no hay vacunas suficientes y el índice de inmunización es muy bajo.

Si bien la tercera dosis, en principio va destinada a grupos inmunodeprimidos, lo cierto es que está siendo ya reclamada por otros colectivos como el sanitario aludiendo a su situación de exposición al riesgo. Y no será extraño que detrás lo hagan otros con mayor o menor exposición al virus. Mientras, a los países en desarrollo siguen sin llegar las vacunas necesarias y, como ejemplo, el programa COVAX, con el que la OMS y otros organismos quieren llevar vacunas anti COVID a estos lugares, no podrá entregar este año los 2.000 millones de dosis que había proyectado y sólo dispondrá de 1.400 millones, lo que tendrán un impacto en África donde se espera que se entreguen 470 millones de dosis con las que se podría vacunar al 17 por ciento de la población, muy lejos del 40 por ciento fijado para este año..

En esta tesitura, la insolidaridad de una tercera vacuna es la imagen que queda de unos responsables públicos que vuelven a imponer los votos por encima de lo que dicta la razón a la par que da alas a los movimientos que ponen en entredicho, a pesar de las evidencias, la eficacia de las vacunas.   

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