La isla bonita

Por Emilio Sanz Álvarez (*).

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El Teneguía en erupción, 1971. Foto: La Razón.

El tema de los volcanes ha despertado interés, curiosidad e incluso temor reverencial desde la antigüedad. La fragua de Vulcano, el Dios griego del fuego y de los volcanes, hijo de Júpiter y Juno ya fue tratada por Góngora en su fábula Polifemo y Galatea e inmortalizada pocos años después por Velázquez.

Hablar del vulcanismo en España nos lleva a referirnos indefectiblemente a las Islas Canarias, especialmente ahora que la erupción en La Palma ocupa exhaustivamente todos los noticiarios. Aunque posteriormente me referiré a ella con más detalle, es interesante recordar que en la España peninsular ha habido también una amplia actividad volcánica, localizada en varias zonas: una en Cataluña, que incluye la comarca de La Garrocha, centralizada sobre todo en Olot con edificios muy bien conservados debido, especialmente, a que son de época muy reciente, entre hace 10.000 y 15.000 años. Otra, al sureste, en el Parque Natural de Gata-Níjar, en Almería, donde es difícil reconocer la forma de los volcanes, en primer lugar, porque son bastante más antiguos que los anteriores, entre 10 y 15 millones de años, y en segundo lugar, porque muchos de ellos son de origen submarino, surgidos en las proximidades de la antigua isla de Alborán, e incorporados posteriormente al continente con la consiguiente destrucción de la mayor parte de sus estructuras, aunque sí son bien reconocibles las rocas que los forman.

Algo más al norte hay una pequeña zona volcánica en la región de Murcia, con algún edificio pequeño en el Mar Menor, el cono de El Carmolí, y un conjunto formado por el volcán de Salmerón (en Moratalla), el de Cabezo Negro (en Calasparra), el de Cancarix, único que está en la provincia de Albacete, que es el mayor de ellos y fue declarado monumento nacional por el Decreto 103/1998 de 3 de noviembre y el de La Celia localizado a doce kilómetros de Jumilla. Los cuatro están asociados a las fallas de Socovos y Cenajo y son de Edad Miocena, unos siete millones de años de antigüedad. Finalmente, está la zona volcánica del Campo de Calatrava, en Ciudad Real, entre los montes de Toledo y Sierra Morena, con cerca de trescientos volcanes localizados. La mayor actividad en esta zona tuvo lugar durante el Plioceno y el Pleistoceno aunque hay volcanes anteriores, como el Morrón de Villamayor, cuya antigüedad se remonta al mioceno, hace unos 8,5 millones de años y algunos mucho más recientes, como el volcán Columba, junto a la presa del Jabalón que, según estudios llevados a cabo por el equipo de la Universidad de Castilla la Mancha formado por Elena González Cárdenas, Rafael Ubaldo González Rey y Rafael Becerra, se le atribuye una antigüedad de 3600 años AC.

Actualmente la actividad geodinámica de la península se limita a frecuentes seísmos de magnitud baja o media, exceptuando el que sufrió Lorca hace unos años, localizados, principalmente En Murcia y Granada, cuyo origen se debe a unas fallas de desgarre causadas por la fricción del borde sur de la placa euroasiática con el borde norte de la placa africana. Con respecto al vulcanismo, en Guadalajara podemos estar tranquilos pues estamos en un Área Volcánica Pasiva, qué significa que, en ella, la especie humana jamás ha podido presenciar una erupción y no parece posible que seamos nosotros los primeros en presenciarla.

Una vez hechas estas consideraciones, voy a referirme, como he dicho al principio, al vulcanismo canario  y en especial, al de la isla de La Palma.

Quiero decir, en primer lugar, que cuando se me propuso escribir sobre este tema, me produjo una doble satisfacción: por una parte, porque para un geólogo, aunque ya esté jubilado y no sea especialista en vulcanología, hablar de volcanes es muy gratificante; por otra, porque no hace mucho tiempo estuve recorriendo con todo detalle durante bastantes días, la isla de la Palma y todos los lugares que están a todas horas en el candelero como Todoque, El Paso, Llanos de Aridane, Las Manchas, Jedey, Cumbre Vieja, la playa de Los Guirres, La Bombilla, etc. me son familiares y me sobrecoge ver lo que está ocurriendo, aunque en ningún caso me puede sorprender.

En relación con la erupción actual, me gustaría comentar que se habla constantemente del Volcán Cumbre Vieja de forma indebida, ya que Cumbre Vieja es un Parque Natural de unos veinte kilómetros de longitud, que se extiende desde el refugio de El Pilar cerca de El Paso hasta el extremo sur de la isla, formando una cresta sobre la que se levantan, de norte a sur, los conos volcánicos de Hoyo Negro, San Juan, Duraznero, Llano de Banca, La Deseada I,  La Deseada II (punto culminante del Parque Natural con 1949 metros), volcán El Charco, volcán Martín y, sobrepasando la localidad de Fuencaliente, el volcán San Antonio, en el que se ofrecen visitas guiadas y finalmente el Teneguía, cuya última erupción, en octubre de 1971, expulsó por sus 5 bocas unas coladas que llegaron al mar, ganándole terreno y hasta las proximidades de las Salinas de Fuencaliente, inutilizando el faro que existía y que ha quedado en el medio de la colada de lava, como un barco varado, junto al que hoy se yergue otro, de nueva construcción.

Fue para mí una gran ilusión subir a su cima y contemplar desde allí todas las consecuencias de su erupción. En cuanto a la que ahora nos mantiene a todos en vilo, hay que decir que es una erupción “de libro” prácticamente igual que la del Teneguía de 1971, de la que se conservan documentos audiovisuales que lo demuestran y también a la del volcán San Juan, Duraznero y Llano de Banca, que en su erupción de 1949, en una zona muy próxima a la del volcán actual emitieron lavas cuyas coladas debieron seguir un camino muy similar a las actuales, ya que en la carretera que va de Puerto Naos a Llanos de Aridane, podían observarse zonas cubiertas por malpaís (término con que se conoce en Canarias a las lavas escoriáceas de superficie caótica), así como en la playa de Los Guirres,  Playa Nueva y La Bombilla, donde según algunas versiones podrían llegar las coladas actuales. (Cuando terminó de escribir estas líneas ya han llegado al mar, justamente en esa zona).

En todos estos casos las erupciones son fisurales y estrombolianas. Fisurales significa que el magma asciende a lo largo de una grieta del terreno, lo que facilita que pueda llegar a la superficie a través de varias bocas o cráteres; en la erupción actual se habla de hasta diez bocas; en el Teneguía, como he dicho antes, fueron 5 y no sólo a través de un punto de efusión (erupción central); en cuanto al término erupción estromboliana significa que, al ser las lavas basálticas relativamente viscosas y con un contenido en gases del 5% aproximadamente, a medida que ascienden ejercen una gran presión sobre la superficie originando pequeños abombamientos del terreno, así como pequeñas fracturas causantes de terremotos de magnitud raramente superior a 4 grados Richter (enjambre de seísmos).

Estos signos precursores, perfectamente detectados en La Palma, hicieron saber que la erupción era inminente, lo que facilitó que algunas personas fueran evacuadas antes de que surgiese la erupción. Finalmente, esta se produce cuando la presión ejercida por los gases del magma supera la resistencia de las capas superficiales y el magma llega al exterior de forma moderadamente explosiva, lanzando lava, piroclastos y gases: empleando un ejemplo doméstico, que los castellano manchegos entenderemos bien, la erupción recuerda a un recipiente de gachas espesas, que al cocer lanzan pequeñas salpicaduras.

Estas salpicaduras en el volcán real serían los piroclastos, fragmentos de lava lanzados al espacio y que en contacto con el aire se enfrían y solidifican antes de caer a la superficie, a mayor o menor distancia según sea su tamaño. Estos materiales, al acumularse son los que forman el cono volcánico, que por eso, en este tipo de erupciones estrombolianas, se llama cono piroclástico, que es lo que nosotros llamamos genéricamente volcán y que no suelen ser de mucha altura. En cuanto a las consecuencias directas de la erupción, el enfriamiento y viscosidad de la lava, junto a la topografía del terreno, ha impedido que la colada principal llegará al mar antes, lo que hubiera evitado que la lava se expandiera lateralmente, cubriendo e inutilizando una extensión de terreno fértil mucho mayor. Estas últimas coladas, al deslizarse sobre la anterior, han avanzado con más rapidez.

El devenir de la erupción es bastante imprevisible, ya que este tipo de volcanes se comporta de forma irregular, alternando fases más explosivas con otras de relativa calma. Hasta ahora la erupción se ha desarrollado de forma muy previsible, pero algunos indicios, como la rotura parcial del cono el pasado sábado día 25, o la posibilidad sugerida por algunos vulcanólogos, de un posible colapso de la estructura, añaden un grado de imprevisibilidad sobre el futuro del volcán: Incluso he oído a algunos especialistas, que la reciente presencia de numerosos microsismos al sur de la isla, en la zona de Fuencaliente, podría sugerir otra erupción cercana al Teneguía, aunque esto, con los datos geodinámicos actuales, no pasa de ser una utopía y dadas las características de la isla si eso ocurriese parece una posibilidad muy remota, aunque en ningún caso imposible.

Volviendo a la erupción actual, tras la calma registrada hace un par de días, el volcán recuperó su actividad con renovados bríos, lanzando una mayor cantidad de lava, más fluida que la anterior y por lo tanto, más rápida, que recuerda a las erupciones de tipo hawaiano y que hacía suponer, como así ha ocurrido finalmente, una rápida llegada al mar. Probablemente las coladas superpuestas originarán en su interior tubos de lava, frecuentes en otras islas, como el de Garachico en Tenerife, o la Cueva de los Verdes en Lanzarote. Estos tubos son consecuencia del avance de la lava, todavía fluida, bajo la superficie de la colada solidificada antes al enfriarse al contacto con el aire. A veces, estos tubos, convertidos en auténticos túneles, se abren a la superficie por erosión del techo, originando lo que en Canarias se llaman jameos.

Esperemos que todo transcurra con la relativa normalidad a la que ya nos estamos acostumbrando, que el volcán se apague definitivamente y que tantas personas afectadas, para las que esto es una terrible tragedia, con el tiempo y con la ayuda de todos puedan recuperar sus vidas. No olvidemos, en todo caso que, una vez recuperada la calma, la isla seguirá teniendo sobre ella la espada de Damocles de nuevas erupciones pero, sobre todo, no olvidemos que, por encima de todos los avatares, La Palma seguirá siendo para todos y para siempre la Isla Bonita.

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(*) Emilio Sanz Álvarez, natural de Guadalajara, estudió en Soria y se licenció en Ciencias Geológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Ha dedicado toda su vida profesional a la docencia, ejerciendo durante 46 años, la mayor parte de ellos como Catedrático de Ciencias Naturales en institutos de enseñanza media, como el Instituto Español de Tánger, Instituto Hermanos D’Elhuyar de Logroño y Liceo Caracense en Guadalajara, en el que ejerció durante 28 años, desde la inauguración del centro hasta su jubilación en 2014.

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