Cuarenta años de la Ley del Divorcio

Por Sonia Jodra

Este año celebra su 40 aniversario otra de esas leyes que transformaron la sociedad, proporcionando derechos y libertades a los colectivos que más los necesitaban. Desde hace 40 años, las mujeres son un poco más libres y están un poco más protegidas. En Castilla-La Mancha durante el segundo trimestre de 2021 se han registrado 1.147 demandas de disolución matrimonial, un 77,6 por ciento más que en el mismo período de 2020 en el que hubo 646 demandas. Con una tasa de 1,78 divorcios por cada 1.000 habitantes en los últimos 16 años, Castilla-La Mancha es de las comunidades españolas con menor tendencia a la separación.

Desde que hace 40 años se aprobara la primera ley del divorcio en España, los órganos judiciales han tramitado un total de 3.663.284 procesos de disolución matrimonial, entre separaciones, divorcios y procedimientos de nulidad matrimonial, lo que supone una tasa de 86,8 disoluciones por cada 1.000 habitantes. En Castilla-La Mancha los procesos de disolución matrimonial en estas cuatro décadas han sido 117.613.

Desde el final de la Guerra Civil en 1939 y hasta 1981, sólo la muerte o la nulidad decretada por la Iglesia podían permitir la separación de los cónyuges. El 7 de julio de 1981 el divorcio volvió a ser legal en España. Hoy España es uno de los países europeos que más tolerancia presenta al divorcio. Al mismo nivel e incluso superior que países del centro o del norte de Europa como Suecia, según un estudio publicado en 2019 por el ‘think tank’ Funcas.

La Ley no contó con el apoyo de los democristianos de la UCD, que votaron en contra y calificaron la ley de «un fraude al electorado centrista», exigiendo incluso la dimisión del ministro de Justicia, Fernández Ordóñez.

Fueron muchas las manifestaciones que en aquellos días se celebraron en la región como en el resto de España. A favor y en contra. La Ley del Divorcio suponía un cambio en la estructura social de nuestro país.

Sin duda fueron las mujeres las que más se beneficiaron de la norma. Después de los años de Dictadura que habían reducido sus derechos, la Ley del Divorcio era una respuesta a una de sus aspiraciones; la libertad. Antes de 1981, la mujer debía tener autorización para absolutamente todo: desde sacarse cualquier documento, hasta comprarse un coche. Por supuesto, el abandono del hogar era castigado duramente en la sociedad franquista.

El pasado junio se conocía que el número de enlaces celebrado en 2020 se redujo hasta su nivel más bajo en más de 40 años debido a los efectos de la pandemia. Además, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), durante el primer año pandémico, se disolvieron 80.015 matrimonios, un 16,1% menos que el año anterior y menos que en cualquier año desde 2005, cuando se aprobó la reforma conocida como Ley del Divorcio Exprés.

Castilla-La Mancha ha registrado durante el segundo trimestre de 2021 un total de 1.147 demandas de disolución matrimonial, lo que supone un 77,6 por ciento más que en el mismo período de 2020 en el que hubo 646 demandas.

Según datos del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha (TSJCM), las demandas han experimentado un «importantísimo incremento» respecto al año pasado, en el que el efecto de la crisis sanitaria de la covid-19 supuso unas cifras históricamente más bajas.

Las cifras del servicio de Estadística del Consejo General del Poder Judicial indican que las 652 demandas de divorcio consensuado presentadas en el segundo trimestre de 2021 en la región son un 82,6 % más que las presentadas en el mismo trimestre de 2020, así como las 449 demandas de divorcio no consensuado representan un 70,1 % más.

Si nos comparamos con el resto del país, los castellanomanchegos no somos los más proclives a la separación. Por territorios, la Comunidad Valenciana, con 1,94 divorcios por cada 1.000 habitantes en 2020, es la autonomía con la tasa más elevada, un lugar que ha ocupado los tres últimos años que se han publicado datos. Tras los valencianos aparecen los habitantes de Baleares, con 1,85 divorcios por cada 1.000 habitantes, y los riojanos, con una tasa de 1,83.

Entre los que menos se separan están los aragoneses, cuya tasa de divorcios ascendió el año pasado a 1,25 por cada 1.000 habitantes, un 55% menos que la registrada en la Comunidad Valenciana, y los extremeños, que con una tasa de 1,45 divorcios por millar de población ocupan el segundo puesto.

La tendencia estadística pone a Castilla-La Mancha entre los territorios con menor tasa de separaciones. Si analizamos los datos desde que se reformó la Ley del Divorcio en 2005, Canarias, con 2,62 divorcios por cada 1.000 habitantes de promedio en ese periodo, ha sido la comunidad que tradicionalmente ha tenido una mayor tasa de divorcio del país. Tras ellas aparecen Cataluña (2,5) y la Comunidad Valenciana (2,43), mientras que Madrid o Andalucía (2,17 cada una), quedan algo más rezagadas. Por contra, los matrimonios con más aguante se encontrarían en Castilla y León (con una tasa de 1,65), Extremadura (1,66) y Castilla-La Mancha (1,78).

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