La que se avecina

Por Gustavo García

Incertidumbre-especulación-inflación-preocupación. Ésta es la complicada ‘serie-secuencia’ que sigue la economía global en la actualidad. A las galopantes subidas de precios que vienen experimentando en los últimos meses la electricidad, el gas o los carburantes, hay que añadir otras como las de materiales, tipo el hierro, o las propias materias primas del sector primario. La ‘serie’ se explica por el aprovechamiento que los especuladores realizan de una situación incierta de los diferentes mercados, lo que provoca una inflación generalizada y, en consecuencia, la preocupación por quien más quien menos vislumbra graves consecuencias para todos.

Del asunto de la luz y del gas, casi que no nos vamos a detener mucho tiempo en analizar los porqués de su escalada de precios. Ya lo hacen a menudo los diferentes medios de comunicación. Si bien, no sé si nos acabamos de enterar de lo que ocurre en realidad. Lo único que vamos a saber es que en los meses del frío mucha gente no podrá poner la calefacción y además tratará de ahorrar, más aún, en la factura de la electricidad. Y, ‘a más a más, como dicen por otros lares, los bolsillos no están como para darse alegrías. Si para el gasto en ocio y tiempo libre cada uno se puede programar a su antojo, en el caso de las necesidades más perentorias en estos tiempos, va a ser lamentable observar lo mal que, en general, lo vamos a pasar. De la crisis que venimos, no parece que el reino de la inflación que nos asola sea un remedio eficaz para lograr el bienestar del pueblo. Más bien, se atisban dudas, nubarrones y más dudas. En los ciclos económicos nunca han sido buenos consejeros estos brotes de subidas de precios para nada. Los gobiernos se han tenido que poner el mono de trabajo y tratar de contener la inflación como sea. En el mundo global en el que nos encontramos el problema implica a muchos países.

Los analistas culpan a los elevados precios del gas en el panorama internacional de la actual inflación galopante en nuestro país.

Respecto a las materias primas generadas por la agricultura, la escalada de precios viene siendo constante desde que comenzase este 2021. Si bien, la curva ascendente o con algún diente de sierra se ha empinado desde la cosecha. Todavía existe mucho cereal almacenado, pero la incertidumbre también asola al sector. En esta línea ha habido semanas que, ante las primeras bajadas de precios, los agricultores se lanzaron a vender en mayor grado, aunque luego no había capacidad para sacar el grano en cuanto el mercado se saturaba. Además, en el sector ya conocen desde hace décadas que una elevación en el precio de su producto supone, de inmediato, un doble o triple gasto en abonos, maquinaria o mecánica. De hecho, la campaña ha comenzado este año con un incremento espectacular del precio de los abonos. Nada nuevo, como decimos, en estos casos. Los expertos agrarios viven asimismo inmersos en la incertidumbre. Hay temor a no saber cuál es el final de la escalada de precios. “Algunos productores se han puesto un techo para vender. Otros no saben qué hacer”, comentaba un almacenista de la zona centro de España hace unos días. Y, en línea similar, el técnico de la Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos de Guadalajara (APAG) y su cooperativa COAGRAL, Vicente Marqueta, afirmaba el pasado viernes en su cuenta de facebook: “¡Sálvese quien pueda! El mercado ha entrado en pánico. No importa la materia prima que se analice… hoy quien quiera producir lo paga caro, no importa que sea trigo, cerdo, fertilizantes… La energía, sea cual sea su origen, está fuera de control: aceites vegetales, gas natural, petróleo… La inflación campa a sus anchas y la fiesta la pagaremos entre todos”.

Déficit nacional

Sobre el otro aspecto expuesto, Marqueta asegura que “el mercado consume y consume…la oferta es ajustada y es difícil de encontrar una noticia bajista. Todo es especulación sobre el siguiente máximo al que estará dispuesto a soportar el mercado”. Y, por depender la industria alimentaria española de la importación de materias primas, –“y están todas por llegar”–, se pregunta este experto miembro de COAGRAL, lo que ocurrirá “cuando agotemos el producto nacional”. Muestra de lo que no sabemos nada del futuro en este aspecto es su sentencia: “A lo mejor para entonces el mercado nos sorprende con noticias bajistas… o la mejor, no… pánico”.

 Con estos parámetros la situación es delicada. Casi nadie se va a sorprender de que nuestros bolsillos se resentirán en los próximos meses. Ni la subida del Salario Mínimo Interprofesional, ni la de las pensiones más bajas, ni la atrasada de los funcionarios, ni…de poco va a servir todo esto a la sociedad española. Nos aprestamos –una vez más– a pasar tiempos difíciles. Sólo cabe esperar que los encargados de tomar las medidas que mitiguen la que se avecina, sean capaces de hacerlo cuanto antes. El aviso a navegantes ya está hecho. Todo apunta en el mismo sentido. Quien no quiera verlo que mire para otro lado, pero no por eso se va a solucionar nada. Como dice Marqueta, ¡sálvese quien pueda!

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