El fútbol como vía de desahogo de la gente

Por Mario del Amo

Un grupo de aficionados vocea desde las gradas durante un partido de la Bundesliga alemana. Foto: Dean Mouhtaropoulos

«La pelota es un juguete mágico. Todos los demás juguetes traen un manual de instrucciones. La pelota no. Cuando un niño recibe la pelota tiene un mundo de posibilidades a su disposición”, indicaba José Gomes, entrenador de fútbol portugués.

La pelota y los sentimientos que ella provoca permite una elevada distracción de la vida cotidiana, tanto para los que lo practican como los que observan el juego desde las gradas. Durante la hora y media de duración del encuentro la gente se evade y olvida, por un momento, la cotidianidad de sus vidas, pero esta distracción que produce el fútbol incluye un desahogo para las masas.

A unos les basta con ver, analizar y dar algunas indicaciones desde su butaca pero otros elevan el pie a un peldaño más. Gritar e insultar, tanto a colegiados como a jugadores o técnicos del equipo contrario les produce un alivio único que pocas cosas o actividades les puedan aportar.

Si cuando nos referimos a la Antigua Roma mencionamos lo de “pan y circo”, corren varios años ya en la actualidad desde que se acuñó la expresión “pan y fútbol”, algo que me incomodaba en mis primeros años de afición a la práctica futbolística por el sentido negativo que acompañaba a esta manifestación. Hoy en día estas tres palabras cobran alta importancia para muchos, que han hecho del fútbol un ‘pasatiempo’ en el que desahogarse en vez de un hobby del que disfrutar.

Aficionados del Valencia, durante el partido de Copa contra el Barça / MIGUEL LORENZO

Este fútbol de grada, por denominarlo de alguna manera, puede alimentar a futuras generaciones de futbolistas, espectadores o aficionados al fútbol, que reproducen el comportamiento y las palabras de sus familiares o conocidos y, a corto plazo, les puede afectar en su forma de ser, analizar y actuar ante lo que no consideren correcto, como los insultos que arrojan las bocas de sus padres, en muchos casos, ante una decisión arbitral que ellos consideran errónea.

El fútbol no solo se juega en el campo sino también en la grada, donde da la casualidad que los que más conocimientos poseen sobre la materia futbolística son los que menos palabras pronuncian. Les basta con analizar visualmente el juego, informar sobre el talento o la procedencia (futbolística) de un determinado jugador, en muchos casos y, en ocasiones, realizar protestas hacia el juego o decisiones arbitrales en un reducido tono que prácticamente pronuncian para sí mismos. Pero en la actualidad se puede observar a un muy escaso número de aficionados de este tipo y las actitudes de la gran mayoría demuestran el poco o escaso fútbol que reside en las gradas.

¿Se puede disfrutar del fútbol sin pronunciar improperios mientras se observa y se comenta exclusivamente el juego? Sí. Pero la correcta pregunta, a la que yo, personalmente, no puedo responder es: ¿Se puede disfrutar de un partido insultando al árbitro o a jugadores de otros equipos?

La ausencia de placer provocado por la mera visualización del juego sea posiblemente la causa y respuesta a la segunda pregunta. Estas actitudes exponen una clara ignorancia deportiva pero, sobre todo, una grave inexistencia de valores, respeto y educación.

Estos malos comportamientos y hábitos no sólo se muestran en competiciones como Segunda o Tercera RFEF, en los campos del CD. Azuqueca, CD. Guadalajara, CD. Marchamalo u Hogar Alcarreño S.A.D. Cada día más se exponen en partidos de categorías juveniles, cadetes, infantiles, alevines e, incluso, benjamines. Cabe recordar que en estas dos últimas categorías juegan niños y niñas de ocho a once años de edad.

Toda práctica deportiva tiene el objetivo de proporcionar un correcto desarrollo psicomotriz y, en principio, diversión, sobre todo en edades tempranas, lo que puede influir positivamente en la conducta, en los hábitos y en los valores del joven deportista.

Pero dados los comportamientos expuestos e improperios pronunciados en los estadios de fútbol, difícilmente se puedan considerar a estos lugares en los que el joven aficionado pueda obtener o aprender algo positivo.

«La pelota no se mancha»

Diego Armando Maradona

También, es comprensible que en el fútbol de alta competición existan encontronazos, ya sea entre jugadores o entrenadores, debido a la euforia y a la necesidad de obtener la victoria, unos para mantener su cargo y otros para garantizar un buen futuro ya que en el fútbol resultadista actual la victoria es un elemento esencial.

Como alta competición podemos nombrar a categorías de fútbol profesional o semiprofesional, como Segunda o Tercera RFEF y Juvenil División de Honor. Pero a niveles provinciales o regionales también se pueden apreciar, desde dentro, una gran cantidad de lances entre jugadores debido a la exigencia, de entrenadores o de padres, en muchos casos, de ser superior al rival.

Una gran parte del fútbol actual carece de educación y valores y se ve oscurecido por la ignorancia y el desahogo de la mayoría de sus aficionados. Más respeto para jugadores, entrenadores, árbitros (que podrían escribir miles de páginas de insultos recibidos en campos de fútbol), pero, sobre todo, para el fútbol.

Que ruede el esférico y la afición disfrute, pero de forma limpia. La pelota no se mancha.

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