Los muertos a los que nadie pudo llevarles flores

Por Sonia Jodra

Cuando en el día de los difuntos Julián López del Campo y sus familiares trataban de acceder al cementerio para llevar unas flores a su hermano, grupos de falangistas se ponían en la puerta del cementerio de Guadalajara para impedirles el acceso, insultarles y humillarles por ser rojos. Ochenta y un años después y por primera vez, este año en el día de los difuntos Julián y su hermano Gregorio, de 92 y 94 años, podrán depositar los claveles rojos en el lugar donde por fin saben que están los restos de su hermano.

Es uno de los 26 cuerpos que contenía la fosa número 4 del cementerio de Guadalajara. El equipo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) formado por numerosos voluntarios y familiares ha llevado a cabo los trabajos de exhumación este mismo mes, entre el 1 y el 12 de octubre. Se sabe que estas 26 personas fueron asesinadas entre el 26 de abril y el 3 de mayo de 1940. Los asesinatos de estas personas fueron cometidos por las autoridades golpistas tras sentenciarlos a un consejo de guerra y condenarlos por delito de «adhesión a la rebelión».

Un monedero con alguna moneda republicana, una cartera sin documentación con restos de un billete, un lápiz, botones, casquillos de mauser, hebillas… Son algunos de los objetos que han sido encontrados junto a los restos óseos. Constituyen la memoria silenciosa de las últimas horas de los asesinados y serán útiles a la hora de identificar los restos junto a los que han aparecido. De los 26 cuerpos exhumados, han conseguido localizar a la familia de 10, y creen que podrán identificar hasta 14 gracias a algunas otras peculiaridades, como el hecho de que a uno de ellos le falta un brazo, y otros dos son hermanos y existirá coincidencia en las muestras.

El proyecto de exhumación de la fosa número 4 da continuidad al que se inició en los años 2016, 2017 y 2020 con las fosas 2, 1 y 3 respectivamente, situadas en el mismo patio. Son las primeras que se abrieron por exhorto de los tribunales argentinos, amparados en el principio de justicia universal e impulsados por el activismo de Ascensión Mendieta, quien acudió a la justicia de aquel país hasta que logró recuperar los restos de su padre, Timoteo Mendieta. Pero aún quedan muchos cuerpos en el cementerio de Guadalajara a quienes sus familiares no han podido llevar flores en los últimos 80 años. Se calcula que quedan hasta 300 enterrados más distribuidos en 12 fosas. Según datos del Foro por la Memoria de Guadalajara, se estima que solo en Guadalajara el número de víctimas del franquismo asciende a un total de 822.

En los trabajos de exhumación llevados a cabo en las pasadas semanas han participado dos forenses voluntarios que viajaron desde la localidad portuguesa de Coimbra. Tal como informan desde la ARMH, según iban sacando los restos los iban limpiando, analizando y realizando las tomas de muestras genéticas para una futura identificación científica mediante pruebas del ADN. La ARMH buscaba en esta ocasión a 26 personas distinguidas por su activismo en el sindicato UGT y afiliados, en su mayoría, al Partido Comunista. Muchos de estos hombres habían formado parte del Ejército Popular de la República (EPR) durante la Guerra Civil.

Mariano López del Campo era natural de Mandayona (Guadalajara), soltero y trabajaba como chófer. Pertenecía al Partido Comunista. Se presentó en el cuartel de la Guardia Civil tras escuchar el decreto de Franco de que no les pasaría nada a quienes no tuvieran las manos manchadas de sangre. Terminó siendo una trampa y fue asesinado por los franquistas. Fue detenido el 6 de mayo de 1939 y juzgado en el sumario militar de urgencia número 1220 de 1939. Finalmente fue condenado a muerte, fusilado y arrojado a una fosa común, la número 4, en el Cementerio Municipal de Guadalajara el 3 de mayo de 1940.

Es una de las historias enterradas y silenciadas a cuatro metros de profundidad en el cementerio de Guadalajara. Sus familias nunca pudieron llevarles flores en el día de los difuntos y a quienes osaban atreverse a hacerlo repartiendo claveles rojos entre todas las fosas en cuyo interior suponían que yacían sus seres queridos recibían los insultos, las humillaciones e increpaciones de falangistas para quienes el asesinato no había sido condena suficiente para estas personas.

Ojalá que cada año en el día de los difuntos sean más las familias que han conseguido la justicia y reparación que merece la memoria de los suyos.

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