Y nunca regresaron

Por Gloria Magro.

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Maribel y Ángeles Dorado han cumplido el anhelo de su abuela de encontrar el rastro de sus tíos, desaparecidos tras participar en la batalla de Sigüenza. 

En cumplimiento de la moción aprobada en pleno municipal en junio de 2017, en el cementerio de Guadalajara se inaugurará la próxima semana un monolito con los nombres de los 977 españoles sepultados allí -que no enterrados- en completo anonimato, víctimas de la represión franquista. La moción, respaldada en su día por el Foro por la Memoria de Guadalajara y la Agrupación de Familiares de las Víctimas de la Represión Franquista de la Fosa Común del Cementerio de Guadalajara, fue presentada por PSOE y Ahora Guadalajara y aprobada con los votos a favor de Ciudadanos. Los únicos votos en contra fueron los del Partido Popular, cuyo alcalde se negó a ejecutar esta resolución durante su mandato.

Guadalajara. Noviembre de 2021. Para aquellas familias que durante décadas tuvieron vedado honrar a sus muertos, el primero de noviembre es siempre una fecha significativa en el cementerio de Guadalajara. El único día del año en que se abría la puerta del recinto civil donde se depositaban los cuerpos de los fusilados a partir de 1939, condenados por el delito de adhesión al régimen legal y democrático vigente hasta el levantamiento militar. Estos últimos días los operarios del Ayuntamiento de Guadalajara se afanan en adecentar y dignificar ese espacio donde se siguen recuperando e identificando restos. Y también en terminar el monolito que un poco más abajo, sobre la antigua fosa común del Patio 4, constituirá el monumento institucional que en nombre de la ciudad de Guadalajara recuerde y dignifique a los españoles que allí yacen, cuyos restos no son recuperables.

Sigüenza, julio de 2021. Basta con alzar un poco la vista y los agujeros de bala son perfectamente visibles en las paredes exteriores de la catedral de Sigüenza, aunque a los turistas les pasen inadvertidos. También ignoran que frente al pórtico hay un balcón al que le falta un barrote porque durante el asedio que siguió a la toma de la ciudad en octubre de 1936 se instaló allí una ametralladora. Lo sucedido en la Ciudad del Doncel después de la rendición de los civiles y militares pertrechados en la catedral no parece haber sido objeto de estudios históricos rigurosos pese a las cifras de muertos y desaparecidos que se manejan. Nadie le cuenta a los visitantes aquellos sucesos pese a que junto con la Batalla de Guadalajara en los altos de la Alcarria, en Sigüenza se vivió el otro gran capítulo significativo de la Guerra Civil en Guadalajara, comparable tal vez al asedio del Alcázar de Toledo aunque el Régimen anterior no le dio tanta promoción. De hecho, no hay apenas documentación o libros al respecto y aunque Sigüenza cuenta con cronistas prolíficos, lo único que ha habido hasta la fecha es un espeso manto de silencio que dura ya más de ocho décadas. Las mismas que llevan los Marín Martínez buscando a sus familiares, combatientes en esta población alcarreña, en defensa del Gobierno legítimo de la República, y que permanecen desaparecidos desde entonces. El Foro por la Memoria de Guadalajara cree que fueron hechos prisioneros en Sigüenza. Con su apoyo, sus sobrinas han podido seguir sus huellas hasta aquel largo verano de 1936.

Se podría decir, sin faltar a la verdad, que en Sigüenza la Guerra Civil empezó un poco antes que en el resto de España, el 13 de julio. Ese día, ante su casa en Las ocho esquinas, conocidos prohombres locales le descerrajaron cinco tiros a Francisco Gonzalo, El Carterillo, fundador de la agrupación socialista y presidente de la Casa del Pueblo. Unos días después se produciría el levantamiento militar y los milicianos cometerían todo tipo de desmanes en la localidad segontina de los que la Historia da cumplida cuenta; muertos reconocidos, reivindicados en su momento por los vencedores de la contienda y enterrados debidamente con los honores y oropeles debidos. Mientras, en Madrid, tres hermanos acudían a escuchar a Dolores Ibárruri en el Cine Olimpia de Lavapiés. La arenga de la periodista, oradora y diputada por Oviedo y su grito ¡El fascismo no pasara, no pasarán los verdugos de octubre! hizo mella en estos jóvenes poco mas que adolescentes, los mayores de once hermanos, hijos de un artesano del cobre que fabricaba camas. Tras la arenga se unieron como voluntarios al denominado Batallón de La Pasionaria. Nunca regresaron del frente.

Incluso en Siguenza hace calor a finales de julio, un calor bochornoso pese a la sombra que proyectan las casonas que jalonan la pronunciada bajada empedrada desde el Castillo-Parador hasta la plaza del Ayuntamiento y la Catedral. Ni el tiempo, ni la pandemia que repunta esos días han disuadido a Angeles y Maribel Dorado Marín de acudir a la cita con el Foro por la Memoria de Guadalajara. No es la primera vez que visitan la localidad alcarreña, en su familia siempre han creído saber que la pista de los hermanos de su madre, combatientes en los albores de la Guerra Civil, se pierde aquí. Carmelo, Agustín y Francisco Marín Martínez, las fotografías de la época dan fe de su juventud perdida. El menor de ellos, Carmelo, escribió a Hollywood, empujado por su físico, muy parecido a Leslie Howard, protagonista de Lo que el viento se llevó. Su madre, recuerdan hoy sus sobrinas, no le permitió emprender aquel viaje, así que el joven optó por partir a la guerra. El investigador y documentalista Xulio García Bilbao, encontró su nombre, junto con el de su hermano Agustín, en el listado del Archivo Militar de Ávila, situando a ambos primero como prisioneros de guerra en Sigüenza y después en un campo de concentración en Soria, donde se pierde su pista.

Desde 2013 el Foro por la Memoria ha entregado 65 diplomas conmemorativos que recogen la propuesta de concesión de la Medalla de La Libertad, condecoración creada por el régimen legal y democrático vigente hasta 1939, la República Española. Asistir a uno de estos actos en presencia de los descendientes del homenajeado, junto a una fosa común o en un entorno significativo para aquellos a quienes se reivindica, resulta siempre emocionante. Es la intrahistoria, como decía Miguel Delibes, que se recoge pormenorizadamente en las entradas del blog del Foro: esos pequeños acontecimientos que escriben los márgenes del relato oficial y sin los cuales el discurrir de los hechos históricos carecería de profundidad y realismo. A estos actos informales pero revestidos de una gran dignidad y reivindicación histórica, han acudido en esos últimos años representantes de asociaciones internacionales de brigadistas, diplomáticos de los países de procedencia de los combatientes, televisiones europeas, medios de comunicación extranjeros… y habitualmente ningún medio de Guadalajara. Tampoco medios regionales ni representantes políticos, si acaso algún alcalde local, como el de Torija, Rubén García Ortega. A los caídos por la democracia en España, los primeros luchadores antifascistas en Europa, solo se les reconoce fuera de nuestras fronteras, donde se les rinde desde hace décadas el homenaje oficial que se les niega en España.

Uno de los diplomas más curiosos e improbables de los entregados por el Foro de Guadalajara se concedió en su día a un cosaco que participó como brigadista internacional en la Batalla de Sigüenza. Pedro García Bilbao narra el episodio con precisión y una moraleja más que evidente. Mas de siete décadas después de que aquel ruso republicano perdiera la vida como tanquista en Sigüenza, su nieta, una norteamericana entrada en años procedente de Carolina del Norte, apareció con dos amigas también estadounidenses en la Ciudad del Doncel y junto a los representantes del Foro por la Memoria recuperó aquel episodio perdido de su historia familiar. Y recibió su diploma ¿Cómo explicar a aquellas señoras evidentemente conservadoras de la América profunda quien era el abuelo ruso y porqué causa dio la vida en un país extranjero? “No fue difícil –explica García Bilbao– lo entendieron enseguida. Todas tenían familiares que habían combatido el fascismo en Europa durante la II Guerra Mundial. La causa del abuelo ruso que combatió junto a la República era la misma, la lucha antifascistas. Aquí en España hay líderes políticos que harían bien en tomar nota”.

Soria, octubre de 2021. La búsqueda de los hermanos Marín Martínez conduce a sus familiares desde Sigüenza al cementerio del barrio de Las Casas, en Soria. La asociación Recuerdo y Dignidad ubica allí los restos de muchos de los prisioneros de guerra provenientes de la batalla en la catedral, fusilados extrajudicialmente ante sus tapias a lo largo de 1937. La historia oficial dice que después de ser trasladados al campo de concentración del convento soriano de Las Clarisas volvieron a Sigüenza para trabajar en la reconstrucción, pero en las listas faltan 157 presos. Llegados a este punto, Maribel Dorado, la sobrina de los desaparecidos, explica que la familia ha decidido judicializar la búsqueda como único cauce legal para identificar sus restos si acaso estos aparecieran. Su historia, junto con otras muchas, se contará en un documenta. La familia está dispuesta a llegar hasta a donde haga falta, -cuentan por teléfono desde el tren que les lleva de vuelta a Madrid-, no en vano han esperado más de ochenta años para recuperarlos. Sentirse ahora arropados y con el apoyo de las asociaciones que trabajan para rescatar a sus tíos del olvido es un sentimiento nuevo que no dejan de apreciar y agradecer. Aún así, el próximo lunes 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, ellos serán una de las miles de familias que no podrán acudir a rezar a sus muertos al no saber a ciencia cierta en que fosa común, cementerio o cuneta permanecen, ochenta años después de terminada aquella contienda; meros restos arqueológicos a ojos de la Ley de Memoria Histórica y no víctimas de un crimen sin resolver como reclaman las familias y las asociaciones y partidos políticos que siguen pidiendo al Estado verdad, justicia y reparación.

Posdata. La Guerra Civil empezó en Sigüenza antes de la fecha oficial con cinco tiros a un cartero socialista y sindicalista. Sus asesinos no fueron anónimos, tienen nombre y apellidos y de hecho aún hoy en 2021 aparecen en el callejero de la localidad. Sus descendientes pertenecen a partidos que se rasgan las vestiduras cuando se homenajea a asesinos y terroristas y defienden que esas causas no prescriban en la memoria colectiva española. Las familias de los asesinados y desaparecidos durante la Guerra Civil española y la represión posterior piden exactamente lo mismo.

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