La Navidad reinventada

Por Sonsoles Fernández Day

Reinventar y renovarse es una manera de avanzar y superar dificultades. La situación que nos ha tocado vivir en estos últimos casi dos años ha demostrado la importancia de reinventarse. El teletrabajo, los bares ocupando la calle, todo tipo de restaurantes sirviendo a domicilio y la posibilidad de comprar cualquier cosa online, forman parte de esta nueva realidad. En la familia, en las rutinas y en las costumbres también ha habido muchos cambios. La pasada Navidad, por ejemplo, obligados a limitar los comensales, tuvimos que reinventar las cenas y las reuniones. Se mandaron besos y abrazos desde una pantalla y algunos regalos de Reyes llegaron por bizum.

Aunque falta más de un mes, ya estamos irremediablemente pensando en la Navidad de este año y esperamos volver a nuestras celebraciones de siempre. Puede que comedidos al principio, tal vez algo relajados después de un rato y, seguramente, muy relajados al final. Ya veremos, ojalá que la odiosa cifra de la incidencia acumulada se quede quietecita y no nos amargue las fiestas. Sin embargo, nada parecen temer en el Ayuntamiento de Guadalajara, pues nos han prometido que esta Navidad va a ser ‘espectacular’.

Este año, Guadalajara va a ser la capital de la Navidad de toda Castilla-La Mancha’, decía la segunda teniente de alcalde y concejala de Festejos, Sara Simón, cuando presentaba ‘Navilandia’ entre dos renos a los que llamaban Mielito y Mielita, las mascotas del evento. El reno alcarreño, pura fantasía navideña. Por si aún no se han enterado, desde el 26 de noviembre hasta el 9 de enero el centro de la ciudad se va a convertir en un gran parque temático de luces y atracciones. Ocupará un kilómetro y medio, desde el Palacio del Infantado hasta el parque de Adoratrices, pasando por el parque de La Concordia y el paseo de San Roque.

Una pista de hielo de 600 metros cuadrados, un enorme árbol parlante, un mercado navideño de 30 puestos de dulces y comida, un tren turístico, una jaima para los Reyes Magos, un túnel de luz, una noria, atracciones de ‘cacharritos’ variadas, un bosque mágico de deseos, un carrusel, food trucks y, como no, una churrería. El centro entero reinventado, iluminado y ambientado por una empresa privada, Wonderland Producciones. Y como en cualquier parque temático, la fantasía tiene un precio, las atracciones costarán entre 2,5 y 3,5 euros a los usuarios.

El Ayuntamiento insiste en que todo van a ser beneficios para la ciudad. ‘Vamos a ser, sin dudarlo, una de las ciudades de toda España que merecerá la pena visitar para disfrutar de la Navidad’. Dicen que Navilandia tendrá capacidad para recibir a unas 200.000 personas. ¡Válgame el Señor!, que dirían los Chunguitos. ¿Se quejaban de una semana de Ferias en el centro? Pues ya tienen mes y medio de jolgorio para hacerse a la idea. A riesgo de que me llamen amargada o cascarrabias, as usual, imagino que, además de la luz y el color, habrá también muchas molestias para los vecinos durante todo ese tiempo. Así lo quieren en el Ayuntamiento. ‘Es lo malo de vivir en el centro’, ya lo dijo la concejala. La vida es una tómbola.

No contentos con reinventar la ciudad, aunque lo del árbol parlante y el reno mielero es más invento que reinvento, han reinventado la cabalgata de Reyes. Este año los Reyes Magos llegarán a Guadalajara en barco, rodeados de peces de colores, medusas gigantes, una gran ballena, una tortuga enorme y un ballet de sirenas.

Intentando entender esta innovación tan extrema, por llamarlo de alguna manera, todo empieza por la voluntad de que no hubiera animales vivos en la cabalgata. Hasta ahí, apoyo la moción, pobres animales. No habrá ocas, ni bueyes cántabros, ni caballos, ni camellos, ni elefantes vivos. Lo que se me escapa es en qué momento pasan a convertirse en medusas, peces, ballenas y sirenas. El reinvento elevado a la máxima potencia. Lo más sorprendente es que el Ayuntamiento planteó como tema central para la cabalgata un episodio de la Navidad tradicional de Guadalajara. Que se sepa, a Guadalajara no se ha llegado en barco en la vida, el río Henares no da para tanto, menos aún para ballenas. Se han basado en un cuento de una escritora de Guadalajara, dicen, Estrella Ortiz, que narra que en 1939 los ancianos tuvieron que decir a los niños que no había juguetes porque el barco de los Reyes había naufragado. No sé ustedes, pero yo sigo sin entender la evolución de tradición local guadalajareña, a sirenas y medusas, pasando por un cuento de la Guerra Civil.

Me he acordado de mi abuela, Pepa Bonis, nacida en Guadalajara en 1902. Ella tenía una expresión que seguramente hubiera utilizado viendo esta versión de cabalgata reinventada: ¡Qué esperpentos!

No tengo más que añadir.

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