Lecciones de vida y periodismo

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Foto: Nacho Izquierdo.

Por Gloria Magro.

Pocos actos institucionales en Guadalajara acaban teniendo el carácter, la autenticidad y la honestidad del Premio de Periodismo Cátedra Manu Leguineche que cada año se entrega en Brihuega. En esta novena edición, celebrada el pasado martes, tanto el galardonado, el reconocido reportero Gervasio Sánchez, como la presencia del maestro de la comunicación, Iñaki Gabilondo, hicieron de la ceremonia de entrega una cita imprescindible. Y una gran lección de vida y de periodismo.

El castillo de la Peña Bermeja de Brihuega ofrece un entorno único y evocador con la tenue luz del crepúsculo al atardecer. Y no solo por su acceso empedrado, que asciende junto a la muralla sobre la vega del Tajuña, sino sobre todo por la sorprendente ubicación del salón de homenajes. Para llegar al único espacio que queda en pie en ese recinto palaciego de origen musulmán hoy restaurado hay que atravesar un cementerio romántico de encanto decadente. Ese fue el lugar y la hora escogidos para la entrega de la IX edición de los Premios de Periodismo que llevan el nombre de Manu Leguineche (1941-2014) , el reportero que a partir de la de Vietnam narró todas las guerras del último tercio del s.XX y que eligió esta localidad de La Alcarria como lugar de retiro y escritura en sus últimos años. Al igual que ya ocurriera en la anterior edición, debido a las restricciones de aforo por la pandemia la ceremonia se pudo seguir en streaming.

Periodistas, amigos y devotos de su recuerdo se dieron cita un año más para homenajear al maestro de periodistas cuya personalidad y trayectoria profesional han inspirado a varias generaciones de reporteros de guerra. En presencia de Rosa, hermana y guardiana de su memoria, en esta ocasión, el invitado de honor era el fotoperiodista y escritor Gervasio Sánchez, que recibió el galardón «por su dedicación al periodismo, en cuyo ejercicio destaca de forma sobresaliente un fuerte componente vocacional, que se manifiesta en su continua e inquebrantable defensa de los periodistas, de la libertad de información y de expresión y de los derechos humanos, en particular, de las violaciones de los mismos desde el punto de vista de las víctimas de los conflictos armados de cualquier naturaleza y localización geográfica», según el acta del jurado, compuesto por periodistas y autoridades académicas.

Las imágenes de Gervasio son un puñetazo en el estómago del espectador, sus reportajes desde distintos conflictos en América Latina en los años 1980, desde la Guerra del Golfo y la de los Balcanes, así como sus numerosos libros en los que vuelve una y otra vez sobre sus protagonistas, le han convertido en un referente del reporterismo. Y no solo por la calidad de sus imágenes, brutales en muchos casos, sino por ese compromiso duradero en el tiempo con los protagonistas de sus crónicas. El documental de TVE Imprescindibles. Gervasio Sánchez, Testigo de Guerra, nos acerca a un modo de hacer periodismo de una honestidad demoledora.

El Laudatio o elogio al premiado recayó en Iñaki Gabilondo, quien además de hacer un recorrido vital y profesional por la figura de Gervasio Sánchez, diseccionó el estado actual del periodismo desde un punto de vista descarnado e hipnótico. Pocas veces se tiene la ocasión de escuchar una lección magistral de un gigante de la comunicación de tal magnitud y lucidez. No defraudó Gabilondo, al hacer un ejercicio consciente de análisis de la profesión, una «meditación sobre el periodismo«, como denominó su discurso sobre «el periodismo total»: «El periodismo tiene un problema muy gordo -explicó- y es que es un término polisémico. Periodista es algo que muchos dicen ser. Detrás de ese nombre se encierran cien actividades diferentes que no tienen nada que ver las unas con las otras; y muchas de las cuales no tienen nada que ver con eso que denominamos periodismo. (…) El periodismo como consecuencia de muchas cosas entre las cuales no hay que descartar que los medios de comunicación y sus empresas viven en estado de pánico financiero y se han lanzado de una manera desenfrenada en ocasiones por los atajos de la banalidad, la superficialidad y la baratija, ha incorporado también a su oficio un sinnúmero de actividades que deberían pasar a denominarse paraperiodismo para evitar confusiones. El periodismo debería algún día hacer una raya para denominar que es periodismo y que es una actividad indirecta llamada paraperiodismo».

Este año han perdido la vida dos reporteros españoles, David Beriain y Roberto Fraile y se han cumplido veinte años del asesinato en Afganistán del corresponsal de El Mundo Julio Fuentes, fecha que coincidía, según recordó el mismo Gervasio Sánchez en su discurso de aceptación del galardón, con la llegada a España de los restos del cámara Miguel Gil, sobre cuya muerte firmó a dos manos con Leguineche el libro, Los ojos de la guerra. El presidente de la Diputación de Guadalajara, José Luis Vega, tuvo un especial recuerdo en su intervención para los periodistas muertos mientras cubrían conflictos armados, un total de doce profesionales de la información en los últimos cuarenta años, “asesinados, torturados, secuestrados y amenazados en cualquier parte del mundo por no renunciar a esa búsqueda de la verdad», la razón de ser del premio, según el responsable de la Institución Provincial. Junto con las víctimas: «La piedra angular de ese periodismo total es el factor humano. No es posible narrar y explicar en toda su dimensión las atrocidades de una guerra, ni una crisis de refugiados o una tragedia humanitaria de cualquier tipo, sin estar del lado de las víctimas. Sin mirar a los ojos de las víctimas, como nos dijo hace dos años el entonces ganador, José Antonio Guardiola«.

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Foto: Nacho Izquierdo.

Hay algo en el ambiente cada vez que se celebran los premios que honran la memoria de Manu Leguineche que conjura la magia del periodismo en su acepción más pura, entendiendo por ello la honestidad y el ejercicio de esta profesión como servicio público, con un halo de verdad y de reivindicación de la noticia donde quiera que esté. Y también de los que la hacen posible, tanto en conflictos alrededor del mundo como en prensa local. No hay historias pequeñas para los periodistas. ”El gran periodista es el que detecta buenas historias, tanto si lo hace en conflictos en el extranjero, como al lado de casa”, en palabras de Gervasio Sánchez. Y esto es así desde aquella primera edición en 2010 del Premio Manu Leguineche, la única a la que él pudo asistir.

La cita fue en el Parador de Sigüenza una gélida noche de noviembre. Allí se reunieron para homenajear al Jefe de la Tribu -al primero de todos, el guía y faro de todos los reporteros de guerra españoles- el quien es quien del periodismo español, desde Pedro Erquicia, al presentador histórico del mítico programa de TVE, En Portada, con su característica chaqueta de cuero y ese rostro inconfundible; columnistas renombrados de ABC, actores como José Sacristán… La lista era apabullante y la presencia en los salones del Parador de tantos rostros conocidos, de tanta gente que se había batido el cobre en conflictos en todo el mundo, en mil y una guerras reales o ficticias aquí y allá, abrumaba a los periodistas locales que compartimos por una vez espacio con ellos. No faltó nadie. La premiada en esa primera edición era la periodista mejicana Lydia Cacho, perseguida en aquel momento y también ahora por su forma de apuntar al narcotráfico y a las autoridades corruptas de su país. Lydia que vive en España desde entonces y aún hoy, más de diez años después, sigue amenazada, acaba de obtener la nacionalidad española por su situación de vulnerabilidad.

Aquella noche inolvidable el otro gran protagonista junto a Manu, fue Enrique Meneses, el primer reportero gráfico que en 1959 subió a la Sierra Maestra, en Cuba, a entrevistar a un grupo de barbudos comandado por un tal Fidel Castro. Esas imágenes salieron en la portada de Paris Match e hicieron historia. Él también era Historia con mayúscula en la primera cita del Premio Cátedra Manu Leguineche, pese a la bombona de oxígeno a la que iba atado y a la silla de ruedas de la que ya no se levantaría. Nadie más lúcido que él en aquella ocasión excepcional, sumido ya Manu en las tinieblas de la enfermedad. Y sin embargo, al anfitrión le brillaban los ojos y parecía percibir cuanto sucedía a su alrededor. Si aquello fue su despedida consciente de la vida pública, lo fue por todo lo alto. Aún tardaría unos años en irse pero visto con la perspectiva del tiempo, no pudo haber mejor homenaje. Ni mejor velada. Después de aquello el premio dejó de convocarse varios años coincidiendo con el cambio de gobierno en la Diputacion de Guadalajara.

Cuando se recuperó la convocatoria, la categoría de los premiados siguió dotando de brillantez al galardón. Javier Espinosa, Roger Jiménez, Fidel Raso, Mikel Ayestarán y Pilar Bonet completan la lista de profesionales de la información que lo han merecido. Las dos últimas ediciones han recobrado el espíritu original con el que se concibió el premio desde la Catedra Manu Leguineche, y también Brihuega como sede de la de entrega, «la capital espiritual del periodismo», en palabras de Iñaki Gabilondo.

El periodista José Antonio Guardiola recogió el galardón en 2019 en la recién rehabilitada Fábrica de Paños de Brihuega y la actual directora del diario El País, Pepa Bueno, lo recibió en 2020 en una ceremonia restringida pero que se pudo seguir a traves de las redes sociales. En esta ocasión, coincidiendo con el premio, Brihuega acoge la exposición itinerante “Manu Leguineche, corresponsal de paz en La Alcarria” de los periodistas Raúl Conde y Pedro Aguilar, que repasa no solo su trayectoria, sino también la vinculación del reportero y escritor con esta tierra a partir de imágenes y documentos de su propio archivo personal.

El Premio de Periodismo Cátedra Manu Leguineche tiene carácter anual y es convocado desde 2010 con algunas variaciones por la Diputación Provincial de Guadalajara, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, la Universidad de Alcalá, la Fundación General de la Universidad de Alcalá, el Ayuntamiento de Brihuega y la Asociación de la Prensa de Guadalajara. El galardonado además recibe el diploma que le acredita como Profesor Honorífico de la Universidad de Alcalá. La ceremonia de entrega tiene lugar tradicionalmente en Brihuega (Guadalajara), donde el periodista, reportero y escritor vivió sus últimos años.

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