Ecología urbana

Por Gustavo García

Varios vecinos de ‘Aguas Vivas’ dan vida y cuidan el bosque urbano.

Al margen de las evidentes variaciones del clima y sus consecuencias, en el último medio siglo venimos acostumbrándonos mayoritariamente a la vida en las ciudades. En España el éxodo rural se produjo entre los años 1960-70, de manera principal. La vida del campo dejaba paso así a la industria, con la proliferación de grandes y medianas urbes, a costa de la creciente despoblación rural, que todavía continúa a pasos agigantados. Eso, pese a los tibios intentos que se vienen anunciando en los últimos años por revitalizar los pueblos.

Por tanto, lo innegable es que el mundo hoy en día es urbano –sin olvidar lo rural, ni mucho menos–. La mayor parte de la población actual vive en ciudades y todo está así montado. El asfalto, el ladrillo, el hormigón, el humo, miles y millones de edificios, y, sobre todo, gente a raudales. Hablamos de zonas totalmente dominadas por las personas. Y, pensábamos que lo habitual es que la biodiversidad se encuentre relacionada con entornos rurales pero, las ciudades son un ecosistema más, en el que conviven distintas especies de plantas y animales. Es cierto que nuestro actual ritmo de vida, al límite, nos impide detenernos y ver lo que nos rodea.

Pues, bien, en Guadalajara hay iniciativas que quieren evitar estos contrapuntos y unirse a lo que otras ciudades del mundo llevan ya años desarrollando para crear entornos más agradables y menos enfrentados con el medio ambiente. Una población con una favorable biodiversidad es más sostenible –como se dice ahora–. En este tipo de urbes se lucha contra el cambio climático, por la mayor cantidad de masa arbolada y vegetación. Hablamos de lo que se ha dado en llamar bosques urbanos.

En ‘Aguas Vivas’

Por el propio nombre, uno de los lugares ideales para contar con un complejo de estas características es la zona de ‘Aguas Vivas’. Algunos vecinos de esta parte del extra radio de Guadalajara capital se han empeñado –por propia iniciativa– en los últimos años en no quedarse fuera de lograr sacar adelante este tipo de bosques urbanos. Y, se preguntan para explicarlo que “¿qué sentido tiene un bosque urbano, si ya existen numerosos parques y jardines en Guadalajara, de cuyo mantenimiento se encargan los servicios municipales?”.

Las razones son variadas. Desde innumerables beneficios de su presencia (sombra, regulación de temperatura, purificación del aire, etc.), hasta la mejora paisajística de los barrios, contacto de las personas con la Naturaleza en un medio artificial y hostil, etc. “Todo  esto es importante en los tiempos que corren, donde nos preocupa, sobre todo, el cambio climático a nivel planetario”, señalan desde ‘Aguas Vivas’.

Desde luego, los bosques urbanos, en este aspecto, representan una pequeñísima gota de agua en un inmenso mar. Pero, la dificultad es añadida para una iniciativa popular de este tipo, que precisa de ayuda para crear comunidad. “Algo sumamente necesario en la época de individualismo feroz en que vivimos”, apuntan también estos vecinos. Y, algunos añaden que “los organismos públicos, en este caso municipales, no deberían verlo como un desafío de la ciudadanía a su labor. La mejora de Guadalajara la hacemos entre todos y, no sólo, con impuestos. Todo suma si es para el bien común”.

En este sentido, se quejan de que se nos pide a menudo ahorrar agua, pero, “de todos es sabido que el consumo de este líquido elemento, como recurso cada día más preciado, es infinitamente menor en el sostenimiento de una misma extensión de árboles, que en el de las praderas de césped. Estas últimas requieren mucho más gasto de mantenimiento y generan mayor contaminación por la acción de las propias máquinas corta césped”.

El modesto e interesante bosque urbano en la zona de ‘Aguas Vivas’, junto a la ‘Ciudad de la Raqueta’ y en la linde con el camino que desciende a través del barranco hacia el río Henares, seguro que dará muchas satisfacciones. Los promotores de la idea creen que no será solamente para ellos mismos, como participantes, sino para todos los paseantes de Guadalajara. Hasta estos momentos se han plantado en ese lugar más de 300 árboles, de 25 especies diferentes, obtenidas la mayoría de manera particular por los vecinos. Eso sí, tienen claro que sólo será una realidad, si tanto la Administración Municipal, como los voluntarios, reman en la misma dirección. La colaboración de todos es, por tanto, fundamental. “Parece fácil, ¿verdad? Lo único que nos falta es que la autoridad competente acuerde objetivos comunes con los voluntarios del bosque urbano y, sin molestarse los unos a los otros, conseguir el embellecimiento de un barrio periférico de Guadalajara y que cunda el ejemplo para otros barrios”. Desgraciadamente, hoy en día estas premisas no se cumplen.

Quieren dar a conocer la idea para que haya más gente involucrada y todo vaya con fuerza hacia arriba en el logro de objetivos, que empiezan por reivindicar más medios para su proyecto. La presencia de especies autóctonas muy cerca de la urbe pueden hacer que las conexiones entre ciudad y campo no supongan un choque. Lo cual en Guadalajara no es nada complicado, por sus propias peculiaridades y el entorno que le rodea a un paso.

Estos espacios conllevan una función social y comunitaria, donde pueden participar  todo tipo de personas, creando vínculos.  Además de la ambiental, que potencia los valores de la conservación del entorno, el conocimiento de las funciones ecológicas, los ciclos naturales de la vida en torno al bosque o  la creación de espacios naturalizados en la ciudad. Y es que, el proyecto BUG (Bosque Urbano de Guadalajara) trata de crear una ciudad sostenible y provocar en los ciudadanos una reacción ante el problema medioambiental. Y, en la idea general se quiere eliminar contaminantes nocivos, reducir el ruido y la temperatura en hasta 5ºC, mejorar la temperatura, prevenir así la erosión del suelo, crear biodiversidad (con la presencia añadida de toda una comunidad de insectos, pájaros, mamíferos, etc.), mejorar la calidad de vida –se ha visto una correlación entre entornos con abundantes plantas y menores niveles de estrés para los ciudadanos–… Tampoco sería justo olvidarse de la gran labor educativa que puede llevarse a cabo, empleándose el bosque como herramienta de aprendizaje en escuelas, institutos y universidades.

Ejemplos sostenibles

Comprobados estos beneficios, son cada vez más las ciudades que realizan ya medidas para transformar las urbes en bosques urbanos. Ejemplos significativos son los de Londres –con el proyecto Bankside Urban Forest, Pennsylvania –con la iniciativa Tree Pittsburgh o París –a través del reciente Plan Biodiversidad 20182024. Y, otras grandes ciudades del mundo han emprendido programas masivos de expansión y renovación de árboles urbanos. Son las llamadas Million Tree de Melbourne, Los Ángeles, Nueva York y Shanghai. Se trata de plantar más árboles, aunque igualmente se centran en manejar la resiliencia del bosque urbano, aumentando la diversidad de especies. Fomentan la participación ciudadana, al involucrar a la gente en la elección de lugares y tipos de árboles, y establecen una interesante simbiosis entre las administraciones locales y los vecinos, con la adopción y el cuidado de las especies arbóreas. Sin irnos más lejos, Portugal también presume de programas similares en Lisboa, con el de Monsanto (PFM), que fue en 2016 el primer parque forestal urbano de Europa, o la apuesta igualmente por la certificación forestal –la más importante en cuanto a exigencias ambientales–, de los parques de Sintra-Monte da Lua.

Mientras, en España destacan el Anillo Verde de Vitoria-Gasteiz, un exitoso resultado de un proyecto iniciado a comienzos de los años 90, que se afana por restaurar la periferia de la capital vasca, tanto desde el punto de vista ambiental como social, y ello para crear una gran área natural de uso recreativo. O bien, el Arco Verde de Madrid, que aspira a convertirse en el gran bosque metropolitano de la capital en la próxima década. Conectará el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y los tres grandes parques regionales –Cuenca Alta del Manzanares, curso medio del río Guadarrama y Sureste– por medio de un gran corredor verde de 200 kilómetros que rodeará Madrid y los 25 municipios de su área metropolitana. Alrededor de la gran ciudad, dicho anillo, incluirá la construcción de 20 puentes o túneles verdes, encargados de comunicar las piezas desconectadas de un territorio aislado por kilómetros de autovías y vías de ferrocarril. Se extenderá por cerca de 14.200 hectáreas, que incluyen casi 6.000 nuevas arboladas, o lo que es lo mismo, el equivalente a 51 veces El Retiro.

El exitoso proyecto en biodiversidad de Vitoria anima a otras ciudades a ello. – Foto: httpswww.vitoria-gasteiz.org

 Y es que, al igual que detallan algunos expertos en este asunto, “nuestras ciudades no son sólo nuestras, nunca lo han sido, como saben palomas, gorriones, murciélagos, tortugas o ardillas. Son un entorno vivo y debemos utilizar lo bueno que puede darnos”. Los árboles siempre han sido valorados por la ciudadanía, pero la forma en que han justificado su valor cambia constantemente. Hoy en día, su plantación, bajo argumentos de “belleza» de la ciudad, son válidas, pero insuficientes. Más bien, ya se valoran también sus beneficios en términos monetarios. De hecho, este pensamiento ha llevado a iniciativas recientes, como el etiquetado de precios de los árboles.

Si quieren tomar nota en Guadalajara, para implementar esta iniciativa, sus responsables serán los funcionarios municipales, quienes asignarán los números de ID de los árboles y las direcciones de correo electrónico como parte de un programa diseñado y que, de esta manera, sea más sencillo para los ciudadanos informar de problemas como las ramas peligrosas, los árboles secos, las necesidades o potencialidades de sustitución.  La propuesta incluye el desarrollo de una app y la visualización de los datos referidos al monitoreo y a las actuaciones como mecanismo de cogestión y de rendición de cuentas. Seguro que a los vecinos de ‘Aguas Vivas’ se les está poniendo brillo en los ojos al leer estas líneas.

Y, como dice en su blog Signus.es el periodistas ambiental, geógrafo, naturalista, educador y escritor, César-Javier Palacios, “el bosque más extenso, diverso y curioso del mundo es al mismo tiempo el más desconocido. Agrupa la superficie arbolada de todas las ciudades y los pueblos del planeta, tanto la que ocupa parques y jardines como aquella que hermosea sus calles”. En este sentido, el bloguero alude a las palabras de Susana Domínguez, presidenta de Bosques sin Frontera e ingeniera forestal, en las que confirma que ”estos bosques urbanos son también los más amenazados del planeta porque, al no reconocerlos la sociedad y las administraciones locales como tales, los ignoramos y maltratamos en su individualidad, sin darles la protección y cuidados que se merecen. Nos preocupa el Amazonas, pero no el árbol de nuestra calle”.

En la misma publicación, el catedrático de Psicología Ambiental de la Universidad Autónoma de Madrid, José Antonio Corraliza, sentencia que “lo verde no es un mero ornato de la ciudad, es una necesidad del ser humano”.

Pero, sin duda, uno de los mejores espejos que tienen estos entusiastas alcarreños de ‘Aguas Vivas’ es otro de esos espacios madrileños que formarán parte del ‘Arco Verde’. Se trata del prácticamente desconocido entorno Meaques Retamares, un corredor ecológico formado por dos arroyos y un humedal situado entre los barrios madrileños de Campamento, Colonia Ciudad Jardín y el municipio de Pozuelo de Alarcón. Para sus vecinos es una isla de biodiversidad, olvidada y degradada. Aunque, ya desde hace siete años un reducido grupo de personas –como en el caso de Guadalajara– se ha empeñado en su recuperación. Han venido plantado y cuidando más de 10.000 nuevos árboles (olmos, pinos, alisos, encinas, almendros, almeces, arces) a lo largo de unas 200 hectáreas de bosque mediterráneo. ¡No va más!

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