Hacia un nuevo despertar

Por Ana Belén Gutiérrez (*).

Diciembre nos invade con el calendario llegando a su fin, con luces de colores inundando los rostros que con alegría se reflejan en los árboles iluminados que ocupan nuestras calles. En estos días, donde las sonrisas son más necesarias que nunca, donde el encuentro es lo primordial, donde el alma se prepara después del adviento, a recibir un momento sagrado, seas creyente o no, tengas una religión u otra. Estos días donde mucha gente que no reside en la capital alcarreña, prepara sus maletas de buenas intenciones y deseos para llegar a la ciudad que les vió nacer. Estos días en los que nace un nuevo proyecto, un nuevo buen objetivo que cumplir, al igual que comienza la etapa invernal que nos invita a ser más introspectivos y refugiarnos en nuestra alma ante el frío tiempo. 

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Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Guadalajara se viste de gala y este año cuenta con su tradicional mercado, una pista de hielo y muchas actividades que por fin, nos permiten salir a sus calles y visualizar los seis árboles navideños que decoran nuestros mejores momentos. Porque hasta las personas que menos aman este tiempo, ya sea porque poseen recuerdos de anhelo y tristes, ya sea porque es vinculado a un periodo de compras innecesarias, en algún momento, se alegran de salir del cotidiano, romper con los decorados de siempre y ver algún rostro que hacía mucho tiempo que no encontraban. Nuestra ciudad este año cuenta con Navilandia para seguir celebrando, a parte de nuestra NaviGuad que estará presente a principio de año. La cabalgata de reyes magos, tiene un tinte literario y especial, ya que estará inspirada en un cuento de Estrella Ortiz, que hará que los de Oriente lleguen en barco. Esta historia narraba la realidad del año 1939, en el que la guerra impedía celebrar esta época con regalos para los más pequeños por lo que decidieron contarles que el barco en el que traían los juguetes estaba hundido. Por lo tanto, después del naufragio de los malos momentos causados, de las bajas médicas, de los ertes económicos, existe un despegar viento «en popa a toda vela», hacia uno de los años más especiales que nos toca vivir, el 2022, el año del loco en el tarot, el año de la niña bonita, el periodo donde nos preparamos para un nuevo despertar.

Navidad significa en latín nativita, que quiere decir nacimiento. Un nacer después de un cierre de etapa, nuevo ciclo, a continuación de una etapa de balance, en la que toca agradecer por todo lo aprendido. Para algunas personas, existen dos tipos de familia, la de sangre y la elegida y por ello, la amistad es también la que nos ayuda en estas semanas, tan importante para renovar creencias y compromisos. Dejando de lado los gastos y dando importancia a esas sonrisas necesarias, que nos hacen sentir el verdadero hogar en los corazones de los seres que amamos. Es cierto que la última época no ha sido como esperábamos en cuanto a reuniones se refieren, ni como soñábamos celebrar, pero la vida nos da una nueva oportunidad para compartir con un frío sol de invierno que nos llama a la puerta. Por tanto, es un renacer 

Estos que vienen, serán unos festejos diferentes al diciembre pasado, como parte del cambio, adaptadas a nuestra realidad contemporánea, pero esta vez sí que podremos disfrutar del festivo vermut de nochebuena que tanto ansiamos y del que nos privamos las pasadas fiestas. Un momento en el que se congelan las prisas, se valora lo que realmente sirve, donde nos reunimos en la mesa con seres que hacía mucho que no abrazábamos. Es hermoso seguir vivos, celebrando la existencia, después de los tiempos pandémicos que nos han tocado vivir. Y llega la última página del calendario, y llegan los últimos días donde todo parece muy diferente de como lo entendíamos en el pasado. Es curioso que una de las cosas en común que tienen todas las familias, es que donde existen niños, la magia aumenta y el silencio se agota. Y aunque en esta época todavía tendremos que estar algo pendiente de pruebas de antígenos y con especiales cuidados con amor para los mayores, serán unas navidades en las que la salud por fin será el verdadero regalo y no la lotería de un premio económico. Así que este año la celebración es doble, por la pasada, que no se pudo hacer como siempre y cómo se merecía, porque la valorización del presente es más esencial que nunca. Este AHORA que poseemos nos hace realmente ser quien somos y dejar las preocupaciones venideras y las tristezas del pasado a un lado. En este diciembre, donde se congelan las prisas, se ralentiza el tiempo que se busca en el disfrute del comer y el beber, una falta de rutina.

Charles Bukowski afirmaba: ”yo quiero un diciembre con las luces apagadas y con las personas encendidas”. Y es cierto, es mejor brillar por dentro, con fe, con esfuerzo sincero, y dejar de lado el innecesario gasto, el demasiado apogeo del dinero. Porque tenemos motivos por los que socializar, y necesarios, porque estar en unión es lo más importante para afrontar estos momentos de cambio. 

La ciudad alcarreña se viste de gala, y a parte de descansar hay varias propuestas interesantes con las que celebrar, como con la presentación de un libro en la Biblioteca Pública de Dávalos, el día del solsticio, 21 de diciembre, para dar la bienvenida en una fiesta de las palabras, a la nueva estación. Porque a parte de que la poesía y la literatura son necesarias y deben de estar presentes en nuestro día a día, también son un motivo de celebración cultural y el mejor regalo para ofrecer a cualquier tipo de público. Intercambio de regalos de libros, porque la vida literaria no puede permanecer ajena. Los clásicos que en esta época inspiran a los escritores, se basan en el espíritu festivo, la nieve, los dilemas atemporales, y relatos que encierran el espíritu de una época tan esencial. A propósito, podemos hablar del peculiar Charles Dickens, que publicó su obra original en 1843,  Cuento de Navidad, en el que critica la codicia, la caridad, las desigualdades sociales en letras inspiradas en el motivo singular navideño. 

Resulta paradójico la trivialización del comienzo de las verdaderas navidades humildes, que comenzaban con un cariz más espiritual que materialista, por lo que estamos a tiempo de volver al origen para realizar una defensa decidida de nuestra cultura de celebración, que debería tal vez valorar más la época de la primavera y el calor, el florecimiento y el resplandecer, cuando la sociedad se encuentra más extrovertida.  Que debería pensar en los que no tienen alimento, en aquellos en los que su vida se desmorona por momentos, en aquellos que no desean estar solos y necesitan consuelo. Por todos aquellos, deberíamos elevar una oración, para que la rememoración de la infancia y las maravillosas memorias, no se dejen de lado, para que la vida interna, al igual que los paisajes, se transforme en un sentimiento heredado de esperanza y no solo de cortesía. Por ello, no se nos puede olvidar la música, la naturaleza, los abetos y los villancicos, la ingenua imaginación de un niño que ama poder ver a todos los adultos felices.  Y a pesar, de que para algunos es una fiesta alegre y para otros, nostálgica, es una fiesta universal, donde el sol comienza a elevarse, a la que algunos escritores han dedicado al menos un relato.

 Al fin y al cabo, son unas vacaciones que nos brinda el transcurso del tiempo, repleto de encuentros hogareños, que no podemos ignorar. Un periodo que nos da la ventaja para poder aproximarse con más cariño a los compañeros y compañeras del trabajo, al vecino con el que nunca se intercambian palabras, un perdón que cura y libera de lo que no puede permanecer por más tiempo. Es momento de crecer con fuerza y con mucha fe, hacia el mundo que queremos construir y necesitamos dejar para las futuras generaciones.

Porque si pensamos en Diciembre, pensamos en reunión. Reunión para el reclamo del disfrute, del amor con intensa ilusión repleta de frío, luces, melodías y libros. Y aunque el dolor no es ausente y algunas personas amadas no están ahora físicamente a nuestro lado, lo mejor que podemos hacer por ellos y ellas, por los y las que no están ya más entre nosotros, es hacerles un homenaje y celebrar haciéndolo de la mejor manera, como ellos quisieran que lo hiciéramos. Bailando al ritmo de los colores diferentes, de los brindis preciosos y precisos, reuniéndonos para recordarlos. Amando la vida a cada paso y más en este último mes del año.

Ilusiones que podemos imaginar para cumplir próximos sueños y lo que es más necesario: compartir. Que la luz mágica de esta época, llene Guadalajara de amor y prosperidad!

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(*) Ana Belén Gutiérrez (Guadalajara, 1985), es una alcarreña nómada y viajera. Poeta, periodista y filóloga, es licenciada en Periodismo por al Universidad Complutense de Madrid y en Literatura Comparada por la Universidad de Granada. Ha residido en Brasil y en el Caribe colombiano y actualmente realiza un máster sobre Literatura y Cultura en la Universidad de Santiago de Compostela. Sus estudios hoy se centran en la lírica femenina en tiempos postvanguardistas y ha publicado varios libros sobre poesía y prosa poética. Ana Belén se define como defensora del verso libre.

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